Escribe: Alberto Manzanares
Martes, 03 de Agosto del 2021
Pedro Castillo, a quien hemos elegido y dado plenos poderes, debe expectorar, urgentemente, a Vladimir Cerrón. Y debe suprimir, en el acto, toda la parafernalia de seguridad y pase libre ―como si se tratase de..

El discurso del 28 de julio delineó la política que el gobierno de Pedro Castillo habría de transitar por los próximos cinco años. La atención de las urgentes necesidades de salud y trabajo tuvo un lugar preponderante; y la convocatoria a una Asamblea Constituyente, un cariz de tarea irrevocable.

Ocasionales aliados de Castillo; de última hora unos y de un poco antes los otros, habían iniciado su campaña para presionarlo a que desista de su bandera central, la Nueva Constitución: El diario La República, a través de sus cronistas y entrevistadores, remachaba el leitmotiv de que “No es conveniente”. Y César Hildebrandt, entregaba armas a la derecha recalcitrante afirmando que plantearla en su discurso del 28 era una “Declaratoria de guerra”.

El discurso de Castillo fue sólido desde el punto de vista político y profundo desde el ángulo histórico; malgrado la academia burguesa y progre, made in USA; y de los jumentos del establishment criollo/colonial tipo Juan Sheput.

El efecto de un discurso sereno, históricamente reivindicativo y para nada lírico; al mismo tiempo que práctico y empático con un país golpeado por la pandemia y la debacle económica, fue benéfico. Cayó bien a las masas, incluso en quienes no habían votado por Castillo.

Pero algo flotaba en el ambiente cuando emprendieron el viaje a Huamanga. Esta vez el discurso, careció de la fuerza descolonial y mariateguiana, que tuvo el del 28; como si fuese otra mano, otra perspectiva, la que imprimía sus posturas.

Hoy sabemos que desde Lima ya se había decidido poner en el premierato a Guido Bellido. Quienes sostienen que la crispación por Bellido es sólo un “antojo”, nos muestran cuan superficiales son y cómo gustan de jugar a la revolución, y por consiguiente, cuánto desprecian a las masas. Si fue sólo el “antojo” de la derecha ¿Por qué se negaron a juramentar, en primera instancia, el Dr. Aníbal Torres; y, Pedro Francke, sistemáticamente atacado por el ala cerronista?

Un sector de la derecha, que se viste de republicano y democrático, anda pregonando y anda preparándose para una guerra civil. La considera inevitable. Su apariencia es el grito de "fraude"; y su esencia, la defensa sediciosa de sus privilegios. El pueblo debía y debe fortalecerse para toda eventualidad. Aun para conquistar una Asamblea Constituyente habrá dura batalla. El discurso de Castillo y la ruta que trazaba, dejaba a la derecha golpista y con sed de sangre, sin argumentos de cara a las masas.

Por tanto, el nuevo gobierno tenía consigo la iniciativa política. Y debía construir en ese período de sintonía con las masas, y desarrollándola, el escenario para la tarea mayor que se ha propuesto dentro de los cauces democráticos: La Asamblea Constituyente. ¿La selección de Bellido ayudó a impulsar o debilitó ese objetivo? ¿Aceleró los tiempos para el avance o lo viene haciendo abortar?

Algo pasó entre el discurso del 28 y el del 29, en Ayacucho. No somos de la postura de que Castillo deba “romper” con Cerrón o “romper” con Perú Libre. Somos de la postura de que Cerrón debe cesar su injerencia en el Ejecutivo y que debe ser expectorado de él, sin miramientos. Que Castillo se dejara imponer a Bellido o desistiera de luchar ante esa presión de un incondicional del cerronismo, es un error. Pudo y debió ser Dina Boluarte o Aníbal Torres, personas con estatura y madurez política; ambos propugnadores convencidos de Nueva Constitución. El grueso del equipo ministerial está bien, pero sobre algunos cabría mejorar. La presencia de Héctor Béjar, nos parece la reivindicación de un momento de la lucha del pueblo peruano, y también un desagravio histórico. Lo compartimos.

Para darnos una idea de las falencias de Guido Bellido basten dos cosas: 1) Su salto del asiento para celebrar la frase con que Cerrón amenazaba a Castillo “si se desviaba”. Y 2) Su aparente parafraseo a Fidel, en un punto donde estuvo errado el gran dirigente revolucionario cubano (El hombre nuevo no puede ser un maricón).

Lo primero indica que Bellido ya se ofrecía ante Cerrón como el expeditivo militante dispuesto a ajustar las tuercas al presidente de la República. Lo segundo, muestra a una persona de arraigado infantilismo de izquierda; y por eso mismo, predispuesto a la voltereta ―como ya ocurrió― cuando sus posturas lo llevan a un callejón sin salida. La batalla contra la llamada ideología de género ―no estamos contra de las minorías Lgtbiq+― requiere aquietar nuestras pasiones; y elevar el nivel del debate ante esa variante de la ideología burguesa.

Hasta hace unos días las diversas fuerzas de derecha dudaban. Unos, casi se reconocían deslumbrados ante la sapiencia de Cerrón que “ganaba sí o sí” con o sin voto de confianza sobre el gabinete Bellido. Sin embargo, los más astutos preparan, con prolijidad, el escenario de la vacancia (dispuestos a inventar cualquier cosa; respondiendo medida por medida). Hoy, claro está, fortalecidos por el pase de decenas de parlamentarios a una postura opositora al nuevo gobierno.

Hay que preguntarnos ¿qué piensa el ex gobernador de Junín? Diremos, de entrada, que está desvariando. El primer efecto de su desvarío fue dejar en manos de la oposición a la Mesa Directiva. No, no fue una jugada magistral. Lo atestigua que aceitara prensa de los bajos fondos para que difundiera que “el golpismo ha bloqueado que Perú Libre ocupe la Mesa Directiva”. El grumete de ese primer naufragio político, fue Guido Bellido. El Almirante fue Vladimir Cerrón.

Siento y pienso que la cabeza de Perú Libre, por una parte, está dejando escapar sus fantasmas. El hecho histórico de que Castillo ocupe la presidencia, fijando un parteaguas en la historia peruana, le causa consternación. Había que perturbar, desvirtuar, ensuciar el hecho simbólico. Había que dejar sentado, merced a una interpretación arbitraria, que el triunfo le pertenece a él, fundador de Perú Libre.

Ante la resonante victoria del dirigente cajamarquino, hondamente peruano; había que hacer lo que hace la élite limeña y también las élites provincianas: robarle sus logros, arrebatarle sus triunfos, al que está muy abajo en la estructura social, al campesino. Más de una vez he mencionado aquellas escenas de La teta asustada, cuando una pianista de la elite limeña, le roba sus melodías; los dulces cantos que le brotan en el quehacer diario a aquella trabajadora del hogar, desde su sensibilidad andina, oprimida, históricamente ninguneada.

Yo no he votado por ese señor con cuello estirado, bien trajeado y aires prepotentes de gamonal. Cerrón no me representa. Con Vladimir Cerrón postulando, Perú Libre, su Ideario y su lápiz (plano y descolorido), no llegaban al 1%. Ahí están las estadísticas. Pero un peligroso autoengaño, procedente de una narcisista envidia patológica; y una sed de poder propia del gamonalismo supérstite en las ideas; y de una burguesía provinciana en ciernes, le han hecho crear la patraña, de que más de dos millones de peruanos votamos por él, su Partido y su Ideario (donde está su efigie). Por tanto, tiene todo el derecho en zurrarse en todos nosotros y poner a su capataz, a Bellido, que muy pronto se quitó el disfraz campesino, para administrar la hacienda, la chacra, el feudo de Cerrón; y, poner en vereda a Castillo, el indio, el pongo.

¿Están interviniendo intereses geopolíticos que hacen que Cerrón se envalentone aún más? ¿Se ha ido a ofrecer a los grandes capitales del imperialismo chino? ¿Cree, realmente, que los marxistas peruanos; los revolucionarios mariateguianos, consentiremos un régimen de Partido único, sin libertades democráticas y sin libertad de prensa?

No se sabe qué pasará con el tema de la confianza en estas tres semanas que vienen. De momento, baste decir que Vladimir Cerrón es un factor nocivo en el gobierno de Castillo. Es un quiste, un chupo de pus. Está usurpándole el poder a quien hemos elegido. Está creándole un flanco de ataque muy grande y está sirviendo a su aislamiento político. ¿Quiere cumplir Cerrón un papel útil en respaldo del nuevo gobierno? Que vaya a fortalecer su partido, al cual hoy es tan fácil ingresar e infiltrarse, tan sólo inscribiéndose por internet.

Pedro Castillo, a quien hemos elegido y dado plenos poderes, debe expectorar, urgentemente, a Vladimir Cerrón. Y debe suprimir, en el acto, toda la parafernalia de seguridad y pase libre ―como si se tratase de un dignatario de alto nivel―, a este prepotente sujeto.

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