UNA MEMORIA POST CONFLICTO INTERNO

La reciente publicación de Manuel Marcazzolo, un insurgente de los 80, ficciona facetas del rudo proceso de reincorporación a la vida social

La determinación de un puñado de hombres en una cárcel del Perú a fines del siglo pasado promovió una actividad creativa inusual en las letras y que se extendió a otras artes y aspectos del aprendizaje en un recinto donde las condiciones del encierro se confabulaban para hundir voluntades y aspiraciones. César Vallejo había versado El momento más grave de mi vida fue mi prisión en una cárcel del Perú, José María Arguedas, por su parte, nos había retratado la iniquidad de un presidio —la confrontación partidaria y la solidaridad también posibles— en El Sexto.

El libro de narraciones «Desde la persistencia» (2005) fue la primera obra de tal colectivo denominado Agrupación Cultural Ave Fénix, que expresaba de modo pionero una versión literaria de los insurgentes. Poco después ofreció la antología poética «La ceniza de lo vivo» y el libro personal «Historias de Rotonda» de Manuel Marcazzolo.

En los primeros años del siglo XXI, conforme cada integrante lograba su libertad se le presentaba, entre diversas opciones, volver al seno familiar —o lo que quedaba de él—, proveerse de un trabajo para subsistir y redefinir sus proyectos. Lo último comprendía, inevitablemente, decidir si continuaba o no con la labor de escritura.

No es difícil deducir que en esta segunda etapa también quedamos un puñado. Y Marcazzolo se cuenta entre ellos. Acaba de publicar su segundo libro titulado «Desde la memoria» que sugiere una exploración de las vivencias cinceladas en el cerebro, ya no con el ánimo fundamental de recrear circunstancias de prisión o de la guerra interna, sino de manifestar además el retorno del ex presidiario —del «vencido»— a la sociedad peruana post guerra.

Las calles de una sociedad que ahora parece extraña, hostil, con elementos de «modernidad» avasallante, debe ser recorrida aun con pasos retraídos.

El antiguo amigo de barrio con quien se compartió tertulias, rock, bebidas, trozos de poemas, ahora parece un mal remedo de sí mismo. El haber obtenido la estabilidad económica no supone necesariamente un crecimiento en otros aspectos del ser.

El amante que visita a su compañera todavía presa en el establecimiento de Chorrillos para construir una relación aparentemente inadmisible en un ambiente prohibitivo que veta el acercamiento íntimo, constituye un viaje cotidiano hacía la Ítaca, aquel lugar de arribo de las pretensiones así como la talega de escollos en el espíritu.

El vehículo recio parecido a un rinoceronte que un jovenzuelo admira y cuyo conductor provoca interrogantes por su soltería avanzada, su efusividad, determinación y cierta actitud esquiva que luego se ha de despejar con su participación en la insurgencia, nos muestra dos generaciones que, sin saberlo, convergen en un mismo proceloso camino.

Un hombre enamorado que duda si es que debe manifestar sus pretensiones a la mujer de sus ojos y, en seguida, si además debe compartirle su historia resumida en una lucha y una consiguiente represión y carcelería.

El aislamiento en la celda de castigo, para hundir al sublevado no es impedimento para intentar una inesperada vuelta a las circunstancias, asumir la limpieza del sórdido espacio infestado de roedores y alimañas, posiblemente denotando una catarsis de diversos males.

Un niño sobreviviente de una masacre militar pasa de la mano ladina de un colaborador de los perpetradores a los dedos acogedores de una madre que padece esterilidad y añora una nueva familia.

Siete relatos en los que prima el espíritu de sobreponerse al estigma de haber participado en las filas subversivas, a los impedimentos laborales por la edad avanzada, al amor después de los cuarenta, a la desaparición de la familia o los amigos. Siete reflexiones todavía iniciales que aportan elementos de balance para una mirada retrospectiva de lo que ha sido una confrontación cuyos rescoldos hasta hoy nos compulsan.

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