TRAS FRACASO EN SAN MARCOS, POLICIA SE REPLIEGA EN PROVINCIAS QUEMANDO SUS PROPIAS COMISARÍAS

Intervenir la principal universidad de la capital, del modo como lo hicieron, ha causado una indignación general y un mayor hundimiento del gobierno usurpador. La policía está abandonando comisarías y las quema para culpar a los manifestantes.

La intervención policial de la Universidad de San Marcos, por la forma prepotente, abusiva y desproporcionada, por hacer tabla rasa de la constitución y las leyes -no hubo presencia fiscal-, por ensañarse con los detenidos robando sus pertenencias, manifestando abuso de autoridad, expresiones de racismo insultante -propio de las élites limeñas- hacia nuestros hermanos provincianos, viene cosechando, además de un rechazo creciente, la incorporación de nuevos sectores que toman conciencia y se pronuncian en contra de esta dictadura genocida, que así continúa cavando su propia tumba.

La farsa de los vecinos supuestamente indignados o desmayados ante el "peligro" de que en la universidad se alojen "terroristas", no pasó de ser otra escenificación del grupo "terna", esta vez con personas mayores, bien entrenadas para declarar ante las cámaras de la televisión adicta a la dictadura y despotricar contra los manifestantes. Pero varios estudiantes habían grabado al tal "vecino" arrojando piedras a una ambulancia momentos antes y, al ser sorprendido, refugiarse entre la formación policial.

La libertad de la totalidad de los detenidos, excepto de uno con requisitoria por asuntos ajenos a la acusación de subversión, demuestra que el operativo fue un completo fracaso. No hallaron ninguna prueba de filiación subversiva, pero tal acción opera dentro de los lineamientos y orientaciones de este gobierno terrorista para las fuerzas armadas y policiales: infundir el terror, amedrentar a los protestantes para que desistan. Solo así se explica el trato  vejatorio que recibieron los detenidos, enmarrocados o amarrados como si fuesen ganado, impedidos de dormir o probar alimentos o acudir a los servicios higiénicos, colmados de amenazas e insultos como lo testimoniaron después de haber sido liberados: "Chola de mierda, eres una terrorista, qué haces aquí", "sigue diciendo Dina asesina para que veas", "si no regresas a tu lugar, te vamos a joder", etc.

Las masas concentradas frente a la prefectura exigiendo la libertad de los detenidos, la acción voluntaria de los abogados y la ola de solidaridad e indignación que se extendía en la propia capital coadyuvaron a la liberación de los detenidos. El poder judicial seguirá operando, agazapadamente y como suele al lado del poder de turno, contra estos peruanos, buscando abrirles expedientes fiscales y criminalizarlos.


"Reventamos San Marcos", repetía, muy orondo, un efectivo policial desde el propio campus universitario, ante el regocijo de los fujimoristas. Con el correr de las horas, lo que parecía una victoria militar del totalitarismo ante estudiantes y ciudadanos desarmados, se fue tornando en una verdadera derrota política.

Desde provincias, al ver la humillación de sus paisanos, otra ola de jóvenes y ciudadanos surgió para embarcarse hacia la capital, siendo despedidos calurosamente, en medio de la efusión y el llanto, porque es "como si los despidiésemos sabiendo que se van para la guerra". Pero esta derrota política no es aislada, el accionar de la policía destruyendo oficinas del Banco de la Nación en Juliaca o incendiando sus propias comisarías, manifiesta no solo una acción criminal de falsa bandera, sino una acción desesperada para culpar a los manifestantes y así desprestigiar la justa protesta, así como eximirse de la responsabilidad ineludible por los asesinatos. Expresa además un abandono real de territorios y un repliegue a la capital.

Un poblador en un caserío de Puno, en el Perú profundo, testimonia el repliegue de los efectivos policiales "los que han matado son los oficiales terrucos, adoctrinados y colonizados, no son lugareños, quemaron la comisaría, con los vehículos de paisanos intervenidos. Oficiales cobardes porque son los que han subido primero al helicóptero, abandonaron a los suboficiales que se fueron a Ñuñoa. de donde tambien se han retirado los policías".

En la Joya ha resultado grotesco ver desfilar durante la noche -creyendo que nadie los grababa- a los efectivos desalojando la comisaría, incluso con un camión de mudanza, para, luego, una vez a salvo sus pertenencias, provocar ellos mismos el incendio.

La farsa tiene patas cortas, y la dictadura los días contados.