ROTUNDO RECHAZO A "LIGHTYEAR" DE DISNEY

Insistir en introducir en sus películas contenidos de ideología de género le está resultando un completo fracaso.

El estreno, respaldado por un gran aparato de marketing internacional y precedido por una polémica encendida, esperaba recaudar en su debut en EE.UU. y Canadá unos 100 millones de dólares. Apenas sobrepasó la mitad.

Es que Disney, alineado con los contenidos de una ideología que se pretende imponer a la humanidad por una elite mundial, intentó sorprender a los simpatizantes de la celebrada zaga Toy Story con un bodrio de 100 minutos donde el recordado guerrero espacial, Buzz Lightyear, cede protagonismo a su acompañante de color (para ser más “inclusivos”), que además de ser lesbiana, debía besarse con su “pareja” ante la mirada de los niños.

Cineplanet, la cadena de cines Perú y Chile, propiedad de Intercorp, había colocado en las salas de Perú el día del estreno una advertencia —como debería corresponder ante un público infantil— en la sinopsis de “Lightyear” donde indicaba que la película “contiene escenas con ideología de género”. Esto causó un revuelo en el lobby gay. Voceros y cibernautas, pagados y comprometidos, arremetieron contra Cineplanet obligándolo a ceder y borrar lo que había suscrito.

La cinta había sido censurada en Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait y otros países del Medio Oriente. En otros países se debatía difundirla suprimiendo la escena del beso lésbico, bajo el razonamiento fundado de que a un niño de tres o cuatro años no hay por qué exponerlo a escenas o situaciones que no corresponden a su edad y a su capacidad de tomar decisiones en cuanto a sexualidad.

En EE.UU., precisamente, en el Estado de Florida se debate una legislación de iniciativa republicana que resguarda a los alumnos de primaria ante tales contenidos y que a la letra dice: “Un distrito escolar no puede fomentar la discusión en el aula acerca de la orientación sexual o la identidad de género en los grados de escuela primaria o de una manera que no sea apropiada para la edad o el desarrollo de los estudiantes”. Este proyecto de ley 1834 del Senado, denominado “Parental Rights in Education” [Derechos de los padres en la educación] fue motejada rápidamente por sus detractores con el apodo “Don’t Say Gay” [No digan gay], con la intención de presentarla como un atentado contra la comunidad gay.

Disney se había comprado el pleito y movía sus piezas. Un grupo de sus empleados LGTB, en aparente iniciativa propia, había emprendido huelgas escalonadas desde marzo en protesta contra dicha ley y exigía a los directivos de Disney sumarse al rechazo. Junio es el mes del orgullo LGTB y había que salir con todo.

Y se fueron de cara.

Lo mismo le viene sucediendo a Netflix, tal como lo habíamos reseñado en un artículo anterior, con la perdida de cientos de miles de suscriptores.

Aumentan los padres que no están dispuestos a pagar para que otros manipulen la formación de sus hijos.