Escribe: Sandro Westphalen
Martes, 12 de Octubre del 2021
Un 13 de marzo de 1999 Jorge Montoya, actual miembro de la bancada de Renovación Popular, firmó un Acta de Sujeción a Montesinos. Él dice que no. El Congreso debiera investigarlo

El también vicealmirante de la Marina de Guerra del Perú en situación de retiro, Jorge Montoya, cabeza visible del plan desestabilizador de la extrema derecha en el Congreso, debiera ser objeto de una investigación en el Congreso.

En ella debería quedar determinado si fue o no uno de los mandos militares que, coludido con la dictadura fujimorista, firmó la tristemente célebre Acta de Sujeción.

Tal investigación y esclarecimiento —que debiera ser pública—, será de mucha utilidad porque permitirá saber si su pertinaz acción golpista y desestabilizadora contra el nuevo gobierno, tiene sus raíces en esa experiencia, cuyas cuentas aún no ha saldado.

En el evento referido decenas de generales, algunos de los cuales están presos, se sometieron a la dictadura corrupta y criminal, que regentaron al alimón los siameses Fujimori-Montesinos.

Tiene trascendencia para la vida política nacional, sin duda. Porque bajo este punto de partida —que los hechos señalan de manera rotunda— resultará imposible que una bienintencionada política de “tender puentes con el Congreso”, planteada por la PCM Mirtha Vásquez tenga algún efecto. Los golpistas son golpistas, del mismo modo que los corruptos son corruptos.

En 1999 el régimen dictatorial fujimorista, que había disuelto el parlamento con un autogolpe de Estado en 1992, necesitaba del respaldo en pleno de las FFAA, porque se venía cuestionando la amnistía unilateral que había dado. Con ella pretendía proteger a los Colina y demás generales involucrados en crímenes de guerra o genocidios.

Es ahí donde se convocó a un ágape —surtido con mariscos, champán y música criolla—, para redondear la faena de la impunidad. Tal evento remataba con la firma, por los asistentes, en un libro que contenía el compromiso y sus acuerdos. ¿Quién presidía la reunión? Quien en ese entonces era el todopoderoso Vladimiro Montesinos. Las cámaras guardaron el malhadado suceso para la posteridad.

Jorge Montoya, amenazante siempre; feroz y marcial para detener toda réplica o cuestionamiento, resulta que se había arrodillado a la dictadura. O, peor, hizo ahí su pacto de sangre. Pero en el colmo del cinismo, dice que querellará a quienes lo sigan “difamando”.

El ex vicealmirante, luego de que se desvelaran los vídeos, quiso desmarcarse diciendo que todo era una infamia de los terrucos. Dice que él sólo firmó la asistencia de una reunión de amigotes generales para ver temas de seguridad nacional. Que ahí en el Congreso están las actas que corroboran su afirmación.

Pero en el 2012, en una denuncia de Fernando Rospigliosi —que hace poco ha hecho noticia por otras razones— más bien se corrobora que Montoya o el Almirante Sujeción, se arrodilló ante la dictadura; y fue una pieza más en su sostenimiento. La pregunta es ¿Por qué Montoya no ha sido hasta hoy encausado? ¿Ser miembro de la Marina le otorga corona?

El general César Saucedo Sánchez, jefe del Ejército y del CCFFAA, según Rospigliosi, presentó ahí los “Acuerdos, motivos de esta reunión”. Más claro, ni el agua.

Rospigliosi da lectura a algunos de ellos: “Acuerdo número 1 (en relación al golpe del 5 de abril), El respaldo y apoyo a la expresión de la voluntad institucional unánime. (…) Acuerdo 7, la amnistía general (dada por Fujimori a todos los violadores de DD. HH”), que establece que no le corresponde responsabilidad alguna individual e institucional, al personal militar y policial de la comunidad de inteligencia que participó en la lucha contra el terrorismo”. “Acuerdo 8, asumir el acuerdo institucional, sin límite en el tiempo de defender, proteger y solidarizarse con los responsables de las instituciones a las cuales se pretende responsabilizar, encauzar o establecer algún tipo de represalia contra ellos por su participación en la lucha contra el terrorismo”. “Y, acordar que los presentes acuerdos queden consignados en libro de actas del CCFFAA”.

Siendo así ¿Qué hace un golpista en el congreso? Pues, lo de siempre: Promoviendo y alentando golpes de Estado. El Congreso debería investigar de oficio. Pero, con lo hasta hoy conocido, es suficiente y legítimo movilizarnos y pedir que Montoya sea expulsado del Congreso.

Salvo, mejor parecer.

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