Escribe: Michael Machacuay
Jueves, 17 de Setiembre del 2020
Carolina Lizárraga, José Núñez, Angélica Palomino y Miguel Gonzales quieren un Partido Morado de centro izquierda; Guzmán, Costa, Olivares, Belaúnde (la casta de San Isidro), un ujier de Vizcarra (vt).

Las cosas no marchan bien al interior de la bancada Morada. La reciente votación por la devolución de los aportes de la ONP ha evidenciado algo que era un secreto a voces: existen marcadas diferencias políticas entre sus integrantes. El Foco ha conocido que la posición del líder del Partido Morado, Julio Guzmán, era votar en contra de la propuesta, pero solo tres congresistas le siguieron la línea: Gino Costa, Alberto de Belaunde y Daniel Olivares. A favor de la ayuda económica para los pensionistas estuvieron Zenaida Solís, Carolina Lizárraga, Miguel Gonzales y Angélica Palomino; mientras que Francisco Sagasti y José Núñez decidieron marcar en abstención.

“Es inconstitucional” y “no podemos apoyar eso” fueron las directrices que Guzmán dio a su bancada horas antes de la votación. Las indicaciones cayeron en saco roto. La mayoría de los congresistas morados no le hizo caso y optó por votar según su conciencia. Angélica Palomino, incluso, hizo pública su postura a favor antes de que el vocero Francisco Sagasti lea el recuento de los votos. Lo puso en un tuit, que luego borró. “La liviandad del líder se ha contagiado a su partido y a la bancada. Las votaciones que son pragmáticas, como las vinculas a las AFP u ONP, no revela una liberalidad moderna, sino una inconsistencia”, sostiene el periodista y analista político Juan Carlos Tafur.

El Foco ha conversado con congresistas, asesores y militantes del Partido Morado para saber qué está pasando al interior del movimiento político de Guzmán. Y la respuesta es que hay dos bandos enfrentados. De un lado están Lizárraga y los congresistas provincianos (Gonzales, Palomino y Núñez), y, del otro, el trío conformado por Costa, Olivares y De Belaunde. “Los invitados” y “los oficialistas” son los adjetivos que en el grupo de Lizárraga utilizan para referirse a los del otro bando. Del lado de Costa, Olivares y De Belaunde, por su parte, llaman “los populistas” al grupo que encabeza la exzarina anticorrupción.

¿Y Zenaida Solís? ¿Y el vocero Francisco Sagasti? Ambos congresistas, por el momento, han optado por mantenerse al margen de la pelea interna. Solís y Sagasti a veces votan con uno u otro grupo. “Julio Guzmán dice que el Partido Morado es de centro. ¿Existe, realmente, el centro? Nosotros creemos que no. El Partido Morado debe ser de centro izquierda. Olivares, Costa y De Belaunde quieren lo contrario: un movimiento de derecha, alineado con las grandes empresas y con el Gobierno. Ellos le han vendido la idea a Julio Guzmán que puede capitalizar las cosas buenas que ha hecho la gestión de Martín Vizcarra”, dijo un congresista provinciano a El Foco.

La rivalidad al interior de la bancada Morada ha saltado también a las redes sociales. Y, como no faltaba más, con trolls incluidos. El miércoles 26 de agosto, un día después de la votación de la ONP, la cuenta anónima @smartbeteta revivió en Twitter una vieja denuncia contra Carolina Lizárraga: la adquisición de un departamento que hizo en el 2000 mediante una empresa offshore. El troll, que se caracteriza en Twitter por defender casi siempre a Julio Guzmán, estuvo todo el día –con buena acogida, ciertamente– atacando a Lizárraga. En uno de sus tuits, incluso, colocó: “Desde que ingresó al Partido Morado se ha dedicado a elaborar toda clase de conspiraciones con tal de erigirse como la candidata presidencial”.

La respuesta de Lizárraga al inesperado ataque también se dio vía Twitter. “Si por defender la vida y la dignidad de los que aportaron años sin recibir nada dicen que soy ignorante, populista e irresponsable, pues a mucha honra lo seguiré siendo, aunque les duela”, escribió Lizárraga. Desde el entorno de la exzarina anticorrupción sospechan que los ataques contra ella vienen del bando de los “invitados”, el grupo con el que Guzmán hoy se siente más cercano y coordina casi todo.

Lizárraga es fundadora del Partido Morado, integra el Comité Ejecutivo Nacional (CEN) y es la secretaria nacional de Asuntos Legales del movimiento político. En el 2016, además, fue la candidata a la segunda vicepresidencia de Guzmán. ¿Lizárraga de verdad quiere ser la propuesta presidencial de los morados? Desde el entorno de ella niegan esa intención. Y, sostienen, que su postura díscola se debe únicamente a que busca que el partido gire un poco a la izquierda y se distancie del Gobierno de Martín Vizcarra.

Las riñas al interior de los morados no son recientes. Los primeros desencuentros se produjeron en noviembre del año pasado, cuando Guzmán decidió incluir a media docena de invitados –con números preferentes– en la lista de candidatos al Congreso. De ellos, solo Gino Costa y Alberto De Belaunde consiguieron una curul. También Olivares, quien, pese a frecuentar el partido desde su fundación, todavía no se ha inscrito ante el Jurado Nacional de Elecciones. El descontento con Guzmán por la imposición de invitados se acrecentó cuando, una semana antes de los comicios del 26 de enero pasado, se reveló lo del incendio del departamento de Miraflores. Un sector del Partido Morado exigió que Guzmán pida licencia, lo cual no se concretó por decisión mayoritaria del Comité Político.

Las peleas partidarias no demoraron mucho en trasladarse a la novel bancada Morada. Y es que, una vez instalada la legislatura, la orden que vino desde la cúpula del partido fue que cada parlamentario tenga, al menos, un asesor que sea militante. La indicación incomodó a algunos, como Lizárraga y Sagasti. Si bien la imposición no se concretó del todo, Guzmán sí pudo colocar a dos de sus incondicionales como asesores principales de la bancada: Rodolfo Pérez y Carlo Magno Salcedo.

Pérez es el secretario general del Partido Morado y es el principal consejero de Guzmán. Salcedo es el secretario de Doctrina del movimiento. Entre Pérez y Salcedo deciden qué proyecto va y cuál no. En los últimos meses las iniciativas legislativas del sector de “los independientes” son las que más fácil han tenido luz verde. Además de la presencia de Pérez y Salcedo, otra molestia en el grupo provinciano de los morados es la decisión de Guzmán de mantener como personero legal del partido a Marco Zevallos, quien es investigado por la Fiscalía en el caso de la exalcaldesa de Lima Susana Villarán.

El primer desencuentro en una votación de la bancada Morada se dio en abril, cuando por insistencia el Congreso promulgó el retiro del 25% de fondos de las AFP. Los morados se fraccionaron y cuatro votaron en contra (De Belaunde, Olivares, Sagasti y Solís), tres a favor (Gonzales, Lizárraga y Palomino) y dos no asistieron (Costa y Núñez). Esa conducta se ha repetido en los últimos plenos. En la reciente admisión de las mociones de interpelación contra la ministra de Economía, María Antonieta Alva, nuevamente un grupo votó a favor y otro en contra. Lo mismo sucedió cuando se aprobó la nueva norma que regula la presentación de declaraciones juradas de intereses de funcionarios públicos.

“Cuando hay posiciones de emoción social dejamos que cada miembro vote de acuerdo con su criterio”, dijo a El Foco el portavoz, Francisco Sagasti, quien acotó que su “ideología republicana” les permite tener espacios “ligeramente distintos” en temas económicos y sociales. Sin embargo, hay que recordar que otro fue el mensaje que dio Julio Guzmán cuando se conoció los resultados a boca de urna de las elecciones de enero: “Vamos a ser una bancada unida”.

“Nosotros prometemos eso, trabajar como un equipo de verdad. Además, el Partido Morado va a ser una bancada constructiva con el Ejecutivo, el Partido Morado va a apoyar todas las iniciativas constructivas que tenga el presidente Martín Vizcarra. Los peruanos ya están hartos de que los políticos se peleen y no se pongan de acuerdo. El Partido Morado va a ser una bancada que se va a presentar de una forma propositiva y de la mano con las iniciativas que sean buenas”, dijo Guzmán en ese entonces.

A nivel de bases, la división morada también está presente. Una parte de la militancia de Lima Metropolitana se siente identificada con la facción cercana al Gobierno de Martín Vizcarra, que enarbolan Costa, De Belaunde y Olivares. En la interna morada son conocidos como “las bases pitucas” y están ubicadas en Miraflores, Surco, Barranco, Jesús María, San Isidro, San Miguel y Lince, las cuales llamativamente en el Partido Morado son designadas como “Lima Centro”.

Empero, los que sí manifiestan su desacuerdo con una agenda gobiernista están replegados en las zonas periféricas del Partido Morado, como algunos distritos de Lima Norte y Sur. En las regiones de Junín, Ayacucho, Áncash, Cusco y Huancavelica también se han visto reflejadas las discrepancias. “Las bases entendieron que la votación de la ONP fue muy complicada. Lo ideal hubiera sido que voten unidos como bancada, sabiendo que este proyecto lo van a observar. Esto no será un buen precedente”, dijo a El Foco el secretario general de las bases de Comas, Max Peralta.

Los líos internos que vive el Partido Morado es un capítulo en la política peruana que, para el analista político y periodista Juan Carlos Tafur, “se veía venir”. Tafur sostiene que lo que viene sucediendo en este partido muestra que “no existe la consistencia ideológica” que tanto pregona el líder de la organización, Julio Guzmán.

El analista político afirma que las votaciones por razones de conciencia se justifican en un partido cuando lo que se somete a debate colisiona con asuntos de raigambre moral y, en consecuencia, resulta válido para el parlamentario no someterse al mandato político ideológico. “De cara a las elecciones del próximo año, la falta de unidad en la bancada morada es un hecho que sin duda le costará caro al que postule con los colores del partido de Guzmán”, dice Tafur.

El periodista agrega que, si la postura del bloque continúa a la deriva, ese descrédito se hundirá con el desprestigio que acumula Congreso por el desempeño del resto de bancadas. “Yo creo que el Partido Morado no parte en buen pie. Quienes creían que su desempeño parlamentario podía compensar el descrédito de su candidato, yo creo que se van a dar de bruces porque no está ocurriendo eso”, apunta Tafur.

Julio Guzmán ingresó a la política, según él, para “acabar con los dinosaurios” y “enseñar una nueva forma de hacer política”. Las riñas internas, las imposiciones de candidatos y asesores y los golpes bajos no están, ciertamente, en esas líneas. El reloj electoral ha empezado a correr y quedan tres meses para que los partidos definan a sus candidatos. El desempeño de una bancada puede ser, para la ciudadanía, el reflejo de lo que ponga en marcha un partido en un eventual gobierno. ¿Guzmán se echará a andar y pondrá orden en casa?

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Extraído de El Foco, 1 de setiembre 2020-

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