MONTREAL 1976: EL 10 PERFECTO DE NADIA COMANECI

Rumanía, como todo el campo socialista, había desarrollado los deportes (en especial la gimnasia) a altos vuelos.

Han pasado 44 años de aquello que resultó siendo un hito en la gimnasia olímpica: A sus cortos 14 años, la rumana Nadia Comaneci asoció para siempre su nombre a Montreal 1976, y a la primera calificación de 10, puntuación para una performance considerada perfecta.

Dos imágenes han quedado para la historia del deporte: Por un lado, la que enlaza su rostro satisfecho y tranquilo con el panel que marca su puntaje. Y, por otro, su cuerpo estilizado que, habiendo salido de manera explosiva de las barras asimétricas, alzó un vuelo majestuoso y descendió después como entre algodones. Nadia Comaneci fue la monarca de aquellos Juegos Olímpicos.

Ella recordó así ―en el 2016― los 40 años de su hazaña de aquel 18 de julio de 1976:

“No siento que haya pasado tanto tiempo. Sí, me acuerdo bien. Recuerdo la Villa Olímpica, los entrenamientos… No recuerdo aquella jornada en concreto porque entonces todos los días eran iguales”.

Con nueve medallas olímpicas en su haber y a sus 58 años, este año Nadia ha querido adelantarse a una nueva celebración. Ha reeditado una de sus acrobacias en piso, la ha grabado y la ha echado a andar en las redes sociales. El aterrizaje es, otra vez, inobjetable.

El año pasado, exactamente el 18 de julio, replicó una de sus acrobacias conocida como la rueda o medialuna en una playa.

Oriunda de Onești, Nadia Comaneci tuvo en Montreal su olimpiada. En ella cosechó tres medallas de oro, una de plata y una de bronce.

En 1981 se retiró de las competiciones, siendo su última participación en el Campeonato Mundial Universitario que se celebró en Bucarest. Ahí se despidió con cinco preseas doradas.

La puntuación perfecta por la que se convirtió en una celebridad―de las de antes― fue algo inédito. Los jurados de la exigente disciplina gimnástica, solían calificar con 8.50, 8.70, las buenas actuaciones; y con 9.75, 9.80, 9.85, etc., las actuaciones excelentes. El humano error asomaría en algún resquicio, leve e inadvertido. La distancia entre una y otra gimnasta se dirimía por fracciones.

Pero cuando la rumana voló desde las barras y luego aterrizó, concluyendo su presentación, el jurado unánime no tuvo sino que rendirse ante la magistral pureza de su performance. Luego vinieron cuatro actuaciones de ese nivel y calificación. Había llegado un portento a la gimnasia, quien marcaría ese deporte para siempre.

El criterio de calificación que se aplicó en Montreal por causas especialísimas para la gimnasia artística, fue eliminado por el 2006. En ese interín, hubo algunas notas 10 para gimnastas destacadas, que buscaban acercarse al ideal trazado por la Comaneci. Pero el fulgor y la gloria del origen ―de lo original―, quedó en manos de la joven rumana. Rumania socialista tuvo en ella un grande orgullo nacional.

La leyenda quedaría incompleta sin este detalle que Nadia misma compartió:

“No estaba segura de lo que estaba pasando porque el marcador solo tenía tres dígitos y lo que mostraba era 1.00".

La tecnología aún no estaba preparada para puntuar sus actuaciones, desplegadas desde un insondable estado de gracia.