LÓPEZ OBRADOR Y EMPRESARIOS. LA CONCORDIA INCREÍBLE

Manuel López Obrador, ahora en buenas migas con el empresariado. Electo con un 53% de votos, salió de las comunidades indígenas. En 18 años y con un programa de izquierdas, participó en tres elecciones. Le robaron dos. Habia prometido cambios profundos para México. (vt).

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Habían pasado menos de 36 horas desde que el conteo rápido reconociera su triunfo, cuando Andrés Manuel López Obrador precipitó su agenda para cerrar el frente abierto desde hace más de 12 años con la cúpula empresarial y reunirse con el presidente Enrique Peña Nieto.

Atrás quedaron los tiempos de denunciar a la “mafia del poder”, de calificar a la cúpula empresarial como “una minoría rapaz” o “traficantes de influencias” y de señalarla como la instigadora de las negociaciones para que uno de sus adversarios declinará por otro y le hiciera frente, y luego, de la campaña negra en su contra, que solía llamar “guerra sucia”.

Los magnates, por su parte, respondieron con gestos de confianza, respeto, saludo a sus propuestas y muestras de apoyo.

López Obrador había atenuado su talante en las últimas semanas al ofrecer para después de las elecciones un periodo de reconciliación que se concretó en la reunión del miércoles 4, acordada entre el perfilado jefe de la Oficina de la Presidencia, Alfonso Romo Garza, y el Consejo Coordinador Empresarial, pero al que asistió también la cúpula del Consejo Mexicano de Negocios (CMN), entre ellos Claudio X. González.

Una fotografía se difundió ampliamente: López Obrador y González enlazados en un abrazo. La estampa fue tan inesperada como la forma tan abierta en que los magnates mexicanos irrumpieron por primera vez en un proceso electoral con el desplegado del 3 de mayo, y como la campaña que a principios de junio lanzaron en videos, comunicados, charlas, proyecciones del documental El populismo en América Latina y grupos de WhatsApp destinados a convencer a sus accionistas, empleados, clientes y proveedores de que López Obrador era “un peligro para México”.

“Fue una reunión caracterizada por la confianza y sabremos responder a dicha confianza de millones de mexicanos y de los empresarios de México”, dijo López Obrador al concluir el encuentro.

Ahí se comprometió a concederles un privilegio: reunirse cada tres meses con ellos para tener retroalimentación. Con eso, más la promesa de respetar inversiones y la autonomía del Banco de México así como un programa de 110 mil millones de pesos anuales del gobierno para pagar la nómina de jóvenes que deseen ser aprendices en sus empresas, el viraje se patentó:

“Creo que salimos muy entusiasmados, con energía, para hacer lo que tenemos que hacer. (…) Todos tenemos que hacer nuestra parte para hacer de México un país más incluyente, más próspero y que realmente le saquemos todo su potencial”, dijo González Laporte.

Fragmento del reportaje especial publicado en Proceso.