Escribe: Viejo Topo
Lunes, 20 de Abril del 2020
La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha dejado de ser la otrora institución orientadora y confiable en materia de Políticas de Salud Pública Planetaria, para devenir en instrumento de laboratorios y fundaciones privadas.

Sin embargo, ante los Estados, instituciones médicas y personas naturales, todavía funge de voz autorizada frente a la pandemia del COVID 19, con el respaldo de intereses millonarios y el aparataje mediático internacional.

El acta de fundación de la OMS en 1946 concibe la salud como “un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades”. Por más de cincuenta años cumplió regularmente sus funciones, sustentada con aportes de los 194 Estados miembros, con montos calculados de acuerdo a la riqueza y la población de cada uno.

Su naturaleza comienza a variar en 1998 cuando la ex primera ministra de Noruega Harlem Brundtland asume la dirección y propicia un acelerado proceso de privatización bajo la figura de “aportes voluntarios”. Los directores que la sucedieron continuaron en la misma línea al extremo de que hoy dichos aportes privados bordean el 80 por ciento del presupuesto de la OMS, colocando en entredicho su autonomía.

Lo que llama la atención es que el principal aportante (con casi 18%) es, nada más y nada menos, que Bill Gates, el magnate de Microsoft, un convencido de la necesidad de reducir la población, potencial sospechoso en la manipulación y creación de la variedad de coronavirus que infecta el planeta. Gates utiliza dos organismos para sus aportes: la fundación de apariencia filantrópica Bill&Melinda Gates y la GAVI Alliance, una sociedad dedicada a la vacunación mundial. No perdamos de vista el asunto de las vacunas.

En segundo lugar, están los aportes de las industrias farmacéuticas, interesadas en colocar en el mundo los medicamentos que producen, y, finalmente, se suman otras contribuciones individuales de Estados. Esta información se puede corroborar con facilidad por estar disponible en la página web de la OMS y revela que el organismo que debería velar por la salud de la población en el orbe hoy vela por los intereses de Bill Gates y las corporaciones farmacéuticas.

No se trata de una afirmación gratuita. El médico colombiano Germán Velázquez trabajó en la OMS por veinte años dirigiendo el Programa Mundial de Medicamentos y conoce el entramado por dentro. Los donantes, afirma en entrevistas que circulan por youtube, no solo entregan su dinero, sino que se aseguran que sea invertido en asuntos y programas de su interés. Es decir, si Bill Gates prefiere que su dinero se emplee en vacunaciones en África, firma un contrato —como lo viene haciendo– y verifica su cumplimiento. El donante además tiene la capacidad de introducir representantes en los organismos ejecutivos correspondientes para que velen por sus intereses.

Ahora detengámonos en el tema de las pandemias (o supuestas pandemias) que nos llevará a comprender lo que hoy vivimos. En el 2009 surgió la gripe A (H1N1) causada por una variante del Influenza virus A. La OMS se reunió para decidir si se daba la alarma global de epidemia o no. Las corporaciones, ávidas de vender sus medicamentos y vacunas, presionaron para que así fuera. Y la OMS se pronunció. En consecuencia, el temor cundió y la urgencia de proteger a la población llevó a una de las mayores estafas de la historia, en particular con el medicamento Tamiflu, ofrecido como eficaz ante las complicaciones de la gripe H1N1 y recomendado por la propia OMS conjuntamente con las vacunas.

Los EE.UU. gastaron más de 1,3 mil millones de dólares en la compra de una reserva estratégica de antivirales mientras que en el Reino Unido el gobierno gastó casi 424 millones de libras para una reserva de unos 40 millones de dosis. En España el Gobierno dedicó 333 millones de euros. Y Francia compró noventa millones de vacunas. Finalmente, hubo 21 mil muertos y las corporaciones amasaron fortunas producto de negociados improvisados y con afanes comerciales desmedidos. Se demostró la ineficacia y peligrosidad del Tamiflu y que la vacuna contra la gripe H1N1 provocaba, en algunos casos, el Síndrome de Guillain-Barré.

En el 2005 había sucedido algo parecido. La OMS declaró la pandemia para la Gripe Aviar o H5N1 y algunos voceros proyectaron la muerte de 150 millones de personas. ¿Era justo definir “pandemia” y provocar una preocupación mundial y temor excesivo, afectando la salud mental en la humanidad? El resultado fue algo más de trescientas muertes, concentradas en Vietnam e Indonesia.

¿Quién está hoy interesado en vender sus vacunas y medicamentos? ¿Por qué exagerar un asunto de salud y provocar un estado de alarma, temor generalizado, control social y paralización económica?

Según cifras oficiales al 19 de abril, Martín Vizcarra anota 15,628 contagiados y 400 muertos (principalmente por complicaciones como la neumonía). Esto es una tasa de mortalidad del 2.6%, por encima de las enfermedades diarreicas (2.1%), pero muy por debajo del 7.5% señalado como referencia para considerarse una epidemia grave .

Según estadísticas del MINSA, cerca de doce mil personas mueren al año por gripe (influenza) o neumonía, esto es un promedio de mil personas por mes.

Continuará…

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