Escribe: José Carlos Ramírez
Sabado, 22 de Enero del 2022
Luego de seis meses de asumir el cargo de presidente de la República, Pedro Castillo brinda entrevista al semanario Hildebrandt en sus trece.

Que Pedro Castillo se abstuviera de dar entrevistas a los medios de comunicación puede explicarse en la medida que desde su paso a la segunda vuelta en la contienda electoral fue blanco de un constante ataque por parte de la prensa mediática. Esto no ha sido poca cosa, pues el objetivo es generar las condiciones para un accionar golpista desde el sector de la derecha del Congreso. Un primer intento bajo la figura de “vacancia” fracasó y ha dado cierta estabilidad por el momento.

En la entrevista, Castillo habla sobre las investigaciones y responde con serenidad y seguridad “voy a seguir dando todas las facilidades para la investigación… el que nada debe, nada teme”, señala. Similar disposición remarca sobre la investigación en relación a Karelim López, “tengo la conciencia tranquila, lo que ha habido es un montaje, un intento de quebrar este gobierno, pero los hechos van a demostrar lo contrario”.

En relación a la vacancia que promueve la derecha desde el congreso señala: “El objetivo no es sacarme sino volver a posicionar a una clase política para tener al pueblo olvidado”.

Un tema que genera mucha expectativa en un gran sector de la población es la Asamblea Constituyente y Nueva Constitución. Al respecto declara: “el Congreso tiene su propia agenda (cerrar posibilidades al referéndum) tenemos que ver otras experiencias como la de la hermana República de Chile. Allí, cuando el ejecutivo y legislativo actuaban como hoy se está actuando en el Perú, salió el pueblo y determinó su destino”. Tomando en cuenta el rechazo del referéndum por parte del parlamento y el paso a otra instancia como el Tribunal Constitucional, el periodista insiste ¿y si el Tribunal Constitucional —considerando que es lo más posible porque está conformado por miembros pro sistémicos— lo rechaza? Su respuesta fue “lo que tendríamos que hacer, es decirle a la gente que agotamos todas las vías para cambiar la Constitución. Si el Congreso quiere cerrarle las puertas a la voluntad de la gente, esa será su responsabilidad”.

Hildebrandt hace en tercera persona una pregunta que él mismo lleva en el interior y que se evidencia en su rechazo expresado muchas veces en su revista: Muchos se preguntan ¿qué hace un campesino en palacio?, Castillo responde: “Trabajar por el país”.

Es evidente que en algún momento tenía que romperse el hielo. Seis meses de experiencia en el gobierno son un buen momento para evaluar y reflexionar. El periodista Hildebrandt es incisivo como suele ser, pero añade a la entrevista el espíritu de ataque, de alguien que desde un comienzo despreció la candidatura de Castillo, que lo equiparó a la propia Keiko y que incluso —siguiendo el juego de la derecha— lo terruqueó con titulares que pretendían vincularlo con el Movadef.

Para un periodista acostumbrado a un círculo de elites intelectuales y políticas, es posible que las respuestas le resulten inesperadas y hasta sospechosas. El presidente absuelve las preguntas con una sencillez propia de su extracción popular y se reafirma en las banderas que enarboló en campaña. He aquí la entrevista completa.



El presidente de la república recibió en Palacio a esta revista (HILDEBRANT EN SUS TRECE) la tarde del miércoles pasado. Era la primera entrevista formal que concedía. El lector sabrá juzgar el resultado.

-Presidente, buenas tardes. Me habría gustado venir a entrevistar a quien derrotó el fujimorismo para hablar de logros, de avances, de progreso. Pero usted sabe que eso, por ahora, no es posible. ¿No se ha decepcionado de sí mismo después de estos meses?

-Bueno, he pasado muchas luchas, vengo de debajo de esas luchas, con decepciones, con tropiezos, con aciertos y acá estoy, estoy acá por el país, por el Perú. Y no estoy decepcionado. Más bien, estoy aprendiendo cada día.

-¿Quién es usted, realmente? ¿Cómo se definiría?

-Como siempre lo he dicho: soy un hombre del pueblo, soy una persona que cree que está haciendo algo importante por el país, por la familia, y me doy cuenta de que lo que haga o deje de hacer cuesta mucho, y estoy comprometido a hacer las cosas bien.

-¿Pero qué quiere hacer con el Perú? ¿Tiene usted un plan, tiene usted un horizonte claro?

-Por supuesto. Me quita el sueño llevar al Perú a un bienestar donde la gente deje de estar pensando en polarizar las cosas. Entiendo de que para obtener algo hay que tomar decisiones políticas y que todo debe ser producto del esfuerzo y del trabajo.

-Aterricemos en la hostil actualidad. La fiscal Norah Córdova va a seguir investigándolo. ¿Esta derrota judicial lo va a hacer cambiar de estrategia?

-Para nada. El que nada debe, nada teme. Estoy dispuesto a que se hagan todas las investigaciones y voy a seguir dando todas las facilidades. Creo que las personas que están en algún lugar, en algún puesto, tienen un rol que cumplir. Y no soy de las personas que entorpecen las funciones de alguien que está cumpliendo su labor.

-Algunos describen a su gobierno como el de la informalidad: las pruebas a los maestros que al final se filtraron, el apoyo al transporte urbano informal, el apoyo, con respaldo del Congreso, a la minería ilegal, la baja en la reducción de los cocales. Todo apunta a un gobierno que quisiera nutrirse del lado informal de la economía y del país. ¿Qué opina sobre eso?

-La informalidad no es novedad, es algo histórico. Como tantos otros, hemos heredado ese problema. Alguien dijo alguna vez que éramos un país ingobernable. Pero estamos acá no sólo llamando a la unidad sino buscando siempre personas idóneas. La informalidad y el desorden no son cosas que se hayan dado en estos últimos meses. Los peruanos tenemos que entender las cosas y ubicarlas en su lugar.

-Hay una crisis en el Ministerio del Interior. El ministro Guillén ha planteado que el jefe de la policía está saboteando su proyecto y, específicamente, a la DIVIAC. Es más, tengo entendido que el ministro Guillén ha planteado la remoción del jefe de la policía. ¿No es un buen momento para pensar en cambiar de gabinete, un gabinete que tiene a tantos ministros cuestionados por el Congreso?

-A los ministros y funcionarios se les evalúa permanentemente. En el caso específico del Ministerio del Interior, veo que cada quien asume su función correspondiente, estamos dándoles el tiempo y el espacio para que resuelvan los problemas. Y si estas cosas llegan a más, pues tendremos que tomar las medidas correctivas. En cuanto al gabinete, todos los ministros están haciendo lo que se les encomendó y espero en los próximos días tener un informe sobre cada gestión. Esperamos hacer correcciones después de ver resultados.

-Su gobierno parece estar representado en esta anécdota perversa del derrame de petróleo. Es decir, hay un derrame de petróleo, una empresa irresponsable que al principio minimiza el asunto, y resulta que el ministro del Ambiente no ha nombrado todavía a un jefe permanente en el OEFA.

-En la mañana hemos tenido que asumir eso y hemos dado instrucciones para que los ministerios del Ambiente y Defensa tomen las medidas correctivas. Estamos esperando sus informes y yo tengo que lamentar lo sucedido. Yo soy un defensor del medio ambiente y créame que van a tomarse medidas.

¿No cree que necesita ministros más enérgicos en Ambiente, en Transportes?

-Déjeme evaluarlo.

-Ojalá, señor presidente. Le voy a recordar algunas de sus promesas de campaña: bajarse el sueldo, reducir los precios de la energía eléctrica, reforma del sistema de pensiones, hospitales regionales, el aumento de una UIT a los maestros, el 10 % del presupuesto a Educación, la lucha contra la repartija de cargos, el acceso directo a las universidades, la elección de jueces y fiscales por mandato popular, la expulsión de extranjeros indeseables…Visto esto en perspectiva ¿cuánta diferencia hay entre prometer y gobernar, verdad?

-Sí. Si no hubiésemos tenido la pandemia, quién sabe si por lo menos parte de lo prometido ya estaría encaminado por lo menos. Pero créame, nos hemos tenido que meter con zapatos y todo en el asunto de la salud, a rescatar la vida de nuestros compatriotas. Le digo también que lo que se ha ofrecido debe cumplirse, pero lo primero es ver sano a mi pueblo. -¿Cuál ha sido el peor momento de su gestión?

-Me preocupa la inestabilidad política. Hay personas dedicadas a crear esa inestabilidad.

-Pero hay gente que piensa que a usted le gusta la inestabilidad, que cuando las cosas parecen serenas y calmadas sale usted con alguna propuesta o insinuación que pone nerviosos a muchos y vuelve entonces el acoso…

-Eso lo piensan quienes no conocen el Perú profundo, quienes no entienden dónde estamos y entonces se cogen de cualquier palabra para desestabilizar. Yo nunca lanzo propuestas en contra de mi país. Yo tengo una responsabilidad suprema, que es gobernar para todos.

-Entre sus potestades está el asunto de los nombramientos, ¿no? ¿Cuál fue peor: el de Guido Bellido o el de Bruno Pacheco?

-Bueno, a veces uno se equivoca y uno aprende de los errores.

-¿Aprendió usted?

-He tenido que asumirlo. Y en ese aprendizaje veo cuánta distancia hay entre creer y ver los resultados.

-Quizá confiar en amigos y allegados fue un exceso…

-Creo que en la política, en la medida que uno aprende, hay que saber diferenciar las amistades de las responsabilidades…

-¿Usted ha hecho esa diferencia?

-La tengo que hacer.

-No parece ser el caso de Daniel Salaverry, ¿no? ¿Qué hace manejando hidrocarburos cuando el único contacto que tiene con ellos es cuando tanquea su vehículo?

-Daniel Salaverry ha sido una de las personas más críticas a mi gobierno y a mi candidatura y hoy está dando muestras de que para gobernar se necesita no solamente gente de nuestra cantera. Hay gente que puede aportar otros puntos de vista para el buen gobierno…

-Me imagino que no está hablando de Karelim López porque ella es, notoriamente, una lobista, aparte de una amiga suya… ¿Fue un error…?

-La señora Karelim López no es mi amiga… Es una persona que, como cualquier ciudadano, ingresa a alguna entidad, ingresa a Palacio y no nos arrastra ningún vínculo amical, ningún vínculo laboral…

-¿No fue ella la que organizó la fiesta infantil de una de sus hijas aquí en Palacio?

-Para mí también fue una sorpresa eso. Nosotros nos trasladamos a Tacna y en la tarde llegamos a despachar y siempre los cumpleaños de la familia se han hecho tomándonos un café, de una forma sencilla y familiar. Después yo me enteré que fulano y zutano habían organizado una fiesta. Pero yo no planifiqué nada de eso…

-Y si no es su amiga Karelim López, ¿qué hacía yendo tantas veces al pasaje Sarratea, donde usted despachaba? Yo no digo que se hayan visto allí, lo que digo es que ella era una concurrente recurrente…

-Yo nunca la cité...

-¿Se citaba sola?

-Nunca la cité, no sé por qué fue y nunca nos encontramos. Hoy está en un proceso de investigación y estoy llano para que estas cosas se vean con transparencia…

-Está usted dispuesto a que lo investiguen…

-Por supuesto.

-Hay una imagen del gobierno moralmente deteriorada a partir de casos como el de Karelim López. ¿Se da cuenta de eso? ¿Se da cuenta de que su gobierno ha perdido la virginidad?

-No, para nada. Tengo la conciencia tranquila. En relación a todo esto, lo que tengo claro es que ha habido todo un montaje, un intento de quebrar este gobierno, pero los hechos van a demostrar lo contrario.

-¿Qué aprendió de estas lecciones?

-Yo no tenía por qué asumir ninguna responsabilidad, yo he estado tranquilo. Sí me he puesto a pensar en las personas que a uno se le acercan.

-Y no tenemos una lista de la gente que usted recibió en Sarratea porque, a pesar de la promesa de la primera ministra, esa lista no existe. Ella prometió dar la lista y ahora dice que no hay tal lista. ¿No le parece inapropiado?

-No hay lista porque no es despacho funcional del gobierno. Es un domicilio donde…

-Y si no es un despacho del gobierno, señor presidente, ¿qué hacía usted allí?

-Bueno, usted entenderá que la casa de Sarratea es la de un paisano que me cobijó durante la campaña y, más allá de todo, tengo mucho aprecio por esa familia… Jamás he tratado temas de Estado en esa casa y he ido por otros asuntos de carácter familiar. Las conversaciones que allí hubo fue con gente amiga que estuvo en la campaña…

-¿Pero usted ignoraba que hay vivazos y criollazos que empezaron a seguirlo después de que usted ganó las elecciones para ver qué podían sacar?

-Claro que existen ese tipo de personas…

-Admite, entonces, que en ese aspecto cometió usted errores…

-Bueno, recibir a la gente no creo que sea un error porque son compatriotas, ¿no?

-Bueno, una lobista es compatriota, sí, pero también es lobista. El problema es que estállevando agua para su molino…

-No sé a cuántos lobistas les habré dado la mano, pero tenga por seguro que jamás he dicho “tráiganme a esa persona” sabiendo quién es… Ni siquiera se me ha pasado por la cabeza eso…

-Ahora tendrá usted mucho más cuidado con sus contactos…

-Sí, tengo que tener mayor cuidado y tengo que saber identificar a las personas.

-La corrupción, usted lo sabe, es un monstruo grande y pisa fuerte…

-Va a seguir pisando en la medida en que le cedamos el espacio. Y yo quisiera aprovechar estas páginas para convocar a las personas más idóneas que tiene el país y que se acerquen al gobierno para hacer esta lucha contra la corrupción.

-Pero algunos dirán, con escepticismo, ¿qué hace el presidente convocando a los más calificados cuando, al mismo tiempo, nombra a Salaverry en Perupetro?

-Pero ese es el caso en que llamamos a gente que ha sido crítica con nosotros. Y ese es un llamado que también le hago a la oposición: que vengan y nos demuestren que están interesados en el bienestar del país. Que cuando nos equivoquemos nos demuestren el camino correcto…

-¿Qué lo ata, a estas alturas, a Vladimir Cerrón?

-Nada en concreto. Usted sabe que para llegar al gobierno se necesita un partido político. Todo el mundo sabe que he llegado acá por Perú Libre y el señor Vladimir Cerrón es el secretario general de ese partido. Y lo que hemos hecho en estos días es convocar no sólo al secretario general de Perú Libre sino que hemos abierto las puertas a todos…

-Pero Cerrón no es parte de todos. Cerrón se cree su jefe, el jefe de usted.

-Bueno, eso tendrá que preguntárselo a él.

-Le pregunto a usted: ¿se siente subordinado de Cerrón?

-No, para nada.

-¿Se siente igual a Cerrón?

-Tampoco. Yo soy el presidente de todos los peruanos y si el doctor Vladimir Cerrón tiene una postura política y es secretario de un partido también tiene que entender que el gobierno tiene que abrirles la puerta a todos los partidos, a todas las organizaciones, a todo el país.

-Así amenace con quitarle el apoyo de la bancada…

-Yo creo que el doctor Cerrón tiene que ser respetuoso de su propia bancada…

-Es tan respetuoso que Bermejo ya le quitó curules para crear un grupo más cercano a Palacio…

-Bueno, eso es parte de la democracia y a la democracia hay que entenderla. Y si no la entendemos en el ideario, la podemos entender en la práctica.

-Bienvenido lo que ha hecho Bermejo, entonces…

-Bienvenidas las actitudes que se toman por el bien del país…

-Quién hubiera dicho que usted se iba a sentir más afín con Bermejo que con Cerrón… La vida está llena de sorpresas…

-(Guarda silencio)

-Cuba, señor presidente, ¿es una dictadura comunista o no?

-Yo tengo que ser respetuoso de la política exterior y respetar la soberanía de los países…

-¿Nicaragua es una versión depravada del sandinismo de los años 70?

-Mantengo lo que le acabo de responder…

-O sea, se lava las manos olímpicamente, señor presidente…

-No me estoy lavando las manos. No me gustaría que otro país se entrometa en la política del Perú.

-¿Es usted comunista?

-Para nada.

-¿Es usted marxista-leninista?

-Tampoco.

-¿Qué es usted ideológicamente?

-Soy un hombre del pueblo…

-Pero esa es una frase. Yo también soy un hombre del pueblo…

-Soy un hombre del pueblo que creo en la democracia…

-O sea que usted no comparte eso de “las pelotudeces democráticas”…

-Yo concibo la democracia como una participación activa y en forma responsable. Y creo que a veces cometemos ciertos exabruptos cuando se quiere sacar políticamente algunos réditos…

-¿Usted ha lanzado alguna vez algún exabrupto del que se arrepienta?

-Quién sabe en la época de estudiante, cuando uno no tiene la visión o la esperanza de que los pueblos sean escuchados.

-Siendo candidato, ¿no lanzó ninguno? ¿Recuerda cuando dijo que iba a prohibir las exportaciones de productos que se fabricaran en el Perú? ¿Ese no fue un exabrupto de escalofrío?

-No fue esa la intención. Creo que también se entendió mal.

-Pero usted dijo eso…

-Lo dije como agricultor, me refería a los paperos, no fue mi intención asustar…

-¿No fue un exabrupto cuando dijo que iba a desactivar la Defensoría del Pueblo, borrar del mapa a las empresas transnacionales…?

-Se entendió como que yo era una persona que venía a desestabilizar y quebrar las instituciones. Y eso, como se ve, no ha sido así.

-¿Qué queda de ese Castillo que amenazaba tanto?

-Algunos siguen pensando que soy una amenaza. Yo creo que hay la necesidad de poner una mesa abierta para corregir algunas cosas que, valgan verdades, es necesario corregir.

-Si alguien le diera superpoderes, ¿cerraría el Congreso?

-Nunca pasó por mi cabeza.

-¿Nunca?

-¡Jamás pasó por mi cabeza esa posibilidad!

-Es usted un santo varón, señor presidente…

-Yo creo en este Congreso y creí durante la campaña en él. Durante la campaña de la segunda vuelta me encontré con congresistas electos y pensé: ahora sí que va a cambiar este Congreso…

-Pero no fue así…

-Lo que el Perú tiene que entender es que seguir en la confrontación no es algo que nos conviene. Quebrar el equilibro de poderes no soluciona nada, a pesar de que mucha gente, en mis viajes a provincias, me sigue pidiendo que cierre el Congreso.

-Aunque usted sabe que la mayoría del Congreso lo que quiere es vacarlo…

-Entiendo que el objetivo no es sacarme sino volver a posicionar a una clase política para tener al pueblo olvidado…

-Bueno, pero eso pasa por sacarlo de la presidencia…

-Pero ese es su sueño, el sueño de algunos…

-¿Qué es lo que más le ha costado aprender en estos meses?

-Conocer a las personas, mi estimado.

-Explíqueme.

-Es fácil ser candidato y llegar a ser presidente. Pero es difícil gobernar.

-¿Es tan difícil como temía o es aún más difícil?

-Al inicio, sí. Pero uno se va dando cuenta de que no todo lo que le dicen es color de rosa. Y uno se da cuenta de que hay personas que traen cosas en su mochila.

-¿Hay gente a su lado que lleva la cuenta de las metidas de pata? ¿Tiene usted asesores de ese nivel?

-Sí, pero a veces uno recibe consejos que lo conducen a más problemas.

-¿Es usted un hombre desconfiado, no?

-Uno tiene que aprender a desconfiar.

-Sobre todo después de dejar que lobistas hagan de las suyas…

-Sí, me apena mucho. Reitero para que las personas que aman al país nos acompañen en este gobierno…

-Presidente, usted empezó cargado de expectativas. Y ahora tiene, según Ipsos, 60 % de desaprobación a nivel nacional. Es un gobierno que tiene seis meses y parece estar en escombros. ¿Cómo lee eso?

-No me extraña porque así empezamos la campaña. Cuando empezamos la campaña nadie sabía que existía un Pedro Castillo y ahora estoy seguro de que cumpliremos los sueños que el Perú me ha encomendado.

-Pero, señor presidente, usted ha perdido 30 puntos de popularidad…

-No le tengo tanta fe a las encuestas, que son lecturas de momentos. Estoy más preocupado por la pandemia y la salud de la gente. Estoy preocupado porque los niños regresen a las escuelas. Estoy preocupado por los pueblos que son víctimas de la anemia, de la pobreza, sin carreteras. Me preocupa el problema de la delincuencia…

-Dígaselo entonces al ministro Avelino Guillén…

-Yo veo al doctor Guillén preocupado por este espacio y tengo una reunión pendiente en las próximas horas y vamos a dar todo el esfuerzo para que las calles vuelvan a la tranquilidad. Más allá de encuestas y opiniones, tenemos que seguir gobernando y luchando…Y para eso se necesita hombres de fe, como el doctor Guillén…

-¿No está usted subestimando la medición que reflejan las encuestas?

-Soy consciente de que hay problemas que debemos empezar a resolver de manera inmediata. Así como hemos combatido la pandemia –y desde aquí felicito a las autoridades de salud comprometidas–, así, con la misma intensidad, tenemos que combatir el problema de la inseguridad…

-¿Cuál es el mayor logro de su gobierno?

-Tener a mi pueblo sano, vacunado. Y eso lo vamos a enlazar con la atención primaria de la salud. Tenemos que acabar con las postas colapsadas y para ello tenemos que movilizar al gabinete, al ministro de Economía, a los gobernadores regionales, a los alcaldes. Y lo mismo con los colegios que tienen quebrada su infraestructura y eso hay que remediarlo antes que empiecen las clases. Eso es para mí gobernar…

-El Congreso le ha puesto un candado de acero al asunto del referéndum para una asamblea constituyente…

-Veo que el Congreso tiene su propia agenda. Yo creo que hay que mirar otras experiencias, lo que acaba de pasar con la hermana república de Chile, por ejemplo. Allí, cuando el Ejecutivo y el Legislativo actuaban como hoy se está actuando en el Perú, salió el pueblo y determinó su destino.

-¿Está usted imaginando un movimiento social violento como el que sacudió Chile?

-Lo que creo es que nos debemos al pueblo. Todas las instituciones se deben al pueblo.

-¿Va a insistir entonces con la asamblea constituyente, con el referéndum, con la nueva constitución?

-Nosotros daremos cuenta al pueblo de lo que se está haciendo…

-¿Va a apelar al Tribunal Constitucional?

-No lo descartamos.

-Se trata de un Tribunal Constitucional conservador que probablemente también le diga no. Si eso sucede, ¿qué va a hacer? Va a tener que decirle a la gente: desisto. ¿Está preparado para ello?

-El pueblo sabe qué cosa está haciendo cada uno. Por nuestra parte, vamos a agotar todo lo que corresponde al gobierno en el marco de la norma…

-¿En el marco de qué norma?

-De lo que manda la constitución actual. En esa perspectiva está que apelemos al Tribunal Constitucional.

-Pero insisto: ¿y si el TC le dice que no?

-Informaremos al pueblo.

-El pueblo lo sabrá por la prensa… ¿No me quiere contestar porque tiene planes secretos o es que no sabe lo que hará?

-Aquí no hay planes oscuros de ningún tipo. Lo que tendríamos que hacer es decirle a la gente que agotamos todas las vías para cambiar la constitución. Si el Congreso quiere cerrarle las puertas a la voluntad de la gente, esa será su responsabilidad. Siempre hay que estar en sintonía con el pueblo.

-Esta apelación al pueblo empieza a sonar nostálgica. Porque, ¿de qué pueblo hablamos? ¿Del pueblo que lo ha empezado a abandonar, según las encuestas? Es evidente que hay gente que, habiendo votado por usted y en contra de la derecha, ahora le ha quitado su respaldo…

-Yo no siento eso, señor Hildebrandt.

-¿Y cómo hace para no sentirlo? ¿Toma algún alucinógeno? Deme su receta…

-Cuando estoy con la gente en los pueblos no siento nada de eso. Y pregunto y allí nadie los ha encuestado. No sé cómo hacen esas encuestas, a quiénes les preguntan…

-¿Siente usted respaldo popular a la hora de los viajes?

-Por supuesto. Lo invito a que me acompañe.

-Pero digamos que mucha gente puede aplaudir a un presidente que acude a su pueblo. Eso puede ser agradecimiento o apariencia.

-No hablo de aplausos. Lo que digo es que mucha gente nos siente comprometidos con sus luchas, con sus demandas. No hablo de aglomeraciones sino de trabajar junto a alcaldes y gobernadores. Eso es lo que el pueblo aprecia. Tenemos 200 años de vida republicana y hay pueblos enteros que siguen clamando por tener agua potable…

-¿No cree que muchas veces ha dado la impresión de confusión, inseguridad, fragilidad?

-¿A qué se refiere?

-Me refiero a declaraciones por aquí, declaraciones por allá, nombramientos que luego son fugaces. Por ejemplo, no está claro si usted cree en la economía social de mercado. ¿Usted cree en eso?

-¿Cómo que no está claro? Se sacó la careta la gente que decía que Castillo llegó para expropiar. ¿A quién hemos expropiado? ¿A qué inversionista le hemos quitado algo? Reitero desde este espacio que hay que llamar a la inversión privada.

-¿Cree usted en la inversión privada?

-Por supuesto.

-¿Y el papel del Estado?

-Deben ser fuerzas que se sumen. Tanto la inversión pública como la privada deben concurrir a mejorar el país.

-¿Quiénes lo asesoran? Dicen que hay un grupo de paisanos, un grupo de maestros, un grupo de preferidos…

-(Ríe).- No tengo asesores individuales sino es un colectivo. Hay que escuchar muchas opiniones, sobre todo ahora cuando estamos abocados en recuperar la situación económica después de los estragos de la pandemia…

-Le pregunté a Fernando Tuesta: ¿cuál crees que ha sido el peor error de Castillo? Y su respuesta fue instantánea: no darse cuenta de sus limitaciones y no llamar a la gente adecuada. ¿Qué le parece?

-Es un hombre de opiniones saludables y reflexionaré sobre ese punto de vista…

-¿Es usted consciente de sus limitaciones como todos somos conscientes de las nuestras?

-Soy consciente de que se han cometido ciertos errores y estamos acá para enmendarlos.

-¿O es que su ego le impide reconocer sus limitaciones?

-No tengo ningún ego. Cuando tengo alguna duda, pregunto. Yo vivo aprendiendo y preguntando.

-Aunque a veces se aprende a cachetadas.

-A cocachos aprendí, decía ese poema. Pero las cachetadas deben venir de gente que sabe y que quiere al Perú.

-Cuando le cayó la presidencia del cielo, ¿qué sintió?

-A mí nada me ha caído del cielo. Y yo siempre tuve confianza de que podíamos llegar muy alto. Luchamos para eso. Nos enfrentamos a una gran maquinaria y ganamos. ¿Qué sentí? Pues una tremenda responsabilidad. Y ahora seguimos luchando y aprendiendo de los errores.

-Hasta ahora no me ha dicho cuál ha sido el mayor error de su gestión…

-No saber a veces conocer a las personas… Usted ve a gente que cree idónea y después se pregunta: ¿dónde está lo que me dijo? O ve a gente que se involucra en otras cosas.

-¿Cuál es su verdadera imagen? ¿La del campesino ingenuo o la del astuto profesor que está creando el partido magisterial?

-No soy el gestor del partido magisterial. Es una convocatoria del propio magisterio. Está en su derecho.

-Tuvo usted vínculos con el CONARE, de eso no hay duda. ¿También los tuvo con el MOVADEF?

-Analicemos esto. Los maestros fuimos testigos de la división del movimiento magisterial y lo que dijimos fue: basta. Entonces, los que teníamos esa inquietud preguntamos: ¿qué es el CONARE?

-¿Y quién le contestó?

-Fueron varios maestros.

-¿Nadie del MOVADEF?

-Ni siquiera sabía que existía el MOVADEF.

-Era usted ingenuo entonces.

-Lo que queríamos es que las escuelas públicas mejoraran, que los maestros siguieran luchando por sus derechos. Nada teníamos que ver con el MOVADEF. Con quienes teníamos que ver era con los maestros de base que el SUTEP ya no escuchaba. Por eso se creó el comité de reconstitución y reconstrucción del SUTEP, que eso fue el CONARE. Después, con el tiempo, nos enteramos que hubo intentos del MOVADEF de meterse en la organización del CONARE. Ese fue el momento en que hicimos un deslinde absoluto con el MOVADEF.

-Muchos se siguen preguntando: ¿qué hace un campesino en Palacio?

-Trabajar por el país.

-Los domingos por la noche, cuando enciende la tele, ¿siente usted miedo?

-No leo periódicos ni miro la televisión.

-¿Sigue usted siendo conservador en temas como el aborto o el matrimonio homosexual?

-Hay un proyecto de ley que se está trabajando en el Consejo de Ministros y me voy a reservar de responderle.

-Pero usted, personalmente, ¿ha cambiado?

-Sigo siendo el mismo. Yo vengo de una familia religiosa…

-Que rezaba antes de comer…

-Y lo sigo haciendo. Y lo voy a seguir haciendo.

-Sin embargo, tiene usted la fama, entre comillas, de ser un aventurero extraconyugal. ¿Lo desmiente, no?

-(Sonrojado).- Imagínese hasta dónde llega esta entrevista…

-¿Es lo peor que han dicho de usted? Le han dicho terruco también…

-Han dicho que yo tenía una hija fuera del matrimonio…

-Como García Márquez, en todo caso.

-Pero en mi caso es falso.

-Su esposa confía absolutamente en usted…

-Como yo en ella.

-¿A qué personaje de la historia del Perú o del mundo admira?

-A José Mujica, el expresidente de Uruguay. Le mando desde aquí un gran saludo. También admiro a mi padre.

-¿Qué admira en él?

-Todo: su valor, su fuerza, su vigor, el amor a la familia, su persistencia. A pesar de que mi padre es una persona iletrada…

-¿Es analfabeto?

-Mi padre conoce una O que, seguida de una raya, se convierte en su firma. Mi madre tuvo sólo un día de escuela y somos nueve hermanos que amamos a nuestros padres. Y desde esta revista, que siempre he leído, lo que quiero es mandarles un abrazo a mis padres…

-Algunos dicen, y soy uno de ellos, que usted se aferra al sombrero porque el sombrero es su única identidad inamovible. ¿Qué magia le atribuye usted al sombrero para no desprenderse de él?

-Créame, mi estimado Hildebrandt: nosotros nos criamos con sombrero. ¿Por qué me lo tendría que quitar?

-¿Pero por qué imponérselo a todos? La pregunta en realidad es esta: ¿por qué no se lo puede quitar? Si alguna vez visita al Papa, ¿se quitará el sombrero?

-Me lo quitaré para entrar a la iglesia de San Pedro, eso sí (ríe).

-¿Nicolás Maduro es su amigo?

-No.

¿Venezuela es un ejemplo a seguir?

-En salud, quién sabe. Nosotros también podemos ser un modelo para otros países. Somos un país rico que no ha sabido administrarse.

-¿Cómo le gustaría ser recordado?

-Como alguien que creyó que el Estado podía acercarse al pueblo. También como alguien que se preocupó por la educación. Nada más.

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