Análisis de medios de comunicación

GUSTAVO GORRITI Y EL PERIODISMO DE “CALIDAD” QUE LA DERECHA NECESITA

Gorriti señaló en una entrevista que “el periodismo de calidad siempre estuvo amenazado”, y por supuesto que se incluye. Veamos cuál es su periodismo de “calidad”.

El viernes 30 de diciembre, cerrando el año que se nos fue, en las páginas de IDL-Reporteros (Instituto de Defensa Legal), el periodista Gustavo Gorriti afirmó en la editorial “el 2022 fue un año en el que hasta el mal se idiotizó”, repitiendo la interrogante tantas veces usada— ¿Cuándo se jodió el Perú?

Plantea que no hay un solo momento y que el Perú se jode en una serie de temporadas, y refiere en este siglo al periodo Fujimori-Montesinos y otros. Sin embargo, pasa a señalar que en este siglo —bajo la Constitución fujimontesinista— “Las libertades políticas y sociales fueron más respetadas que en cualquier momento anterior. Hubo un crecimiento sostenido, descentralizado y versátil de la economía”. Su satisfacción y su amor por la “democracia” emanada de la Constitución del 93 y por el modelo económico neoliberal, no podría haber sido mejor expresada, pero para disimular un poco —solo un poco—, porque siempre se le escapa su adhesión a esa Constitución, agrega: “Desorganizado, cartelizado e inequitativo, pero real. Favoreció, aunque en forma desigual, a toda la nación”.

Más adelante el periodista entra en devaneos quejumbrosos de demócrata remilgado, mencionando que dicho periodo también implicó “la precariedad de la democracia” que había que “resignarse al mal menor” y que encima había que “defenderlo con energía en las grandes movilizaciones… Creo que esas movilizaciones representaron los puntos más altos de esos tiempos”. Obviamente se refiere a las movilizaciones de Lima y a las de la generación del bicentenario, pues las actuales, las de los provincianos, con 30 asesinados y cientos de heridos por armas de fuego por parte de policías y principalmente militares, no se cuentan en esa “grandeza”.

Lamentará luego el derrocamiento de Pedro Pablo Kuczynski (PPK), que no reaccionó “temprana y enérgicamente”, con lo cual “el curso de los acontecimientos pudo haber sido diferente”. Su idilio por esa derecha que representa Kuczynski rebasa sin control develando su falsa neutralidad de “periodista demócrata”.

Llegará entonces al periodo de Pedro Castillo y describirá con objetividad lo que fue evidente para todos: la “coalición negativa sin precedentes (de la derecha y ultraderecha), de la gran mayoría del empresariado, la prensa concentrada… la ultraderecha robustecida por el crecimiento mundial de una fuerte corriente autoritaria y antidemocrática”. Hablará de los grandes miedos que tuvo este conglomerado, acentuado por la supuesta idea de que “los indios que… iban a bajar de la sierra a invadir los barrios acomodados, no solo eran andinos sino también ‘comunistas’”. 

Un miedo que al mismo Gorriti le llevó a creer que tenía una autoridad moral que nunca la tuvo y cual árbitro dirimente esperpéntico salió a dar su mensaje a la nación haciendo un llamado a la ciudadanía (seguramente a la generación bicentenario), para que exigiera y pusiera condiciones a los dos candidatos, porque para él, al igual que para Cesar Hildebrandt, tanto K. Fujimori, como P. Castillo eran lo mismo y ambos “representaban una seria amenaza al sistema”. Así exigió que ambos hicieran un juramento, etc. etc.

Gorriti ahora nos dice que “Pedro Castillo nada tenía de comunista”, y que no era para generar tanto pavor como él mismo lo sufrió, pero de pronto se vuelve categórico y pasa a afirmar lo que, hasta el momento, ni la fiscalía ni sus aliados, han podido probar: que Castillo y sus allegados más cercanos se lanzaron a bolsiquear… al Estado con una cutra ávida pero ramplona”.

¿Qué pruebas tiene de la corrupción de Castillo en específico?, solo el juicio de los “quizás” y de los que “según dicen”, promovido por los que el mismo Gorriti señala:los que dirigieron la organizada y crecientemente metódica campaña para defenestrar a Castillo… (son) personas vinculadas con los casos Lava Jato o Lava Juez y otros delitos importantesLa cobertura de la prensa concentrada recordó una y otra vez a los tabloides del montesinismo”.

Pero para que su discurso y su prestigio aparenten esa neutralidad que no tiene, es bivalente y a la vez sutil, dice “¿Significa lo dicho que estuvo mal investigar a Castillo y los cutreros de su gobierno? Claro que no estuvo mal. Por lo contrario, era indispensable investigarlos. Y de hecho, como se verá en la lista de las principales publicaciones de IDL-Reporteros este año, una parte importante del esfuerzo de este medio fue investigar los casos de corrupción de ese gobierno”.

Sus “principales publicaciones”, las mismas que se sumaron al cargamontón y que sirvieron de abono al ataque y a sembrar “pruebas” que nunca pasaron de sospechas. Justamente por eso busca limpiarse y agrega “pero una cosa es la investigación de casos de corrupción y otra la organización de campañas para lograr un efecto de demolición a través de denuncias escogidas, secuenciadas y programadas para tener un efecto, en coordinación operativa con otros aparatos del Estado”. Ese es el papel que cumple el mismo periodismo de “calidad” del señor Gorriti, ahora diestro en la escopeta de dos cañones, para siempre asir una salida.

Ya ubicándose en el contexto reciente, no dejará su oportunismo elegante, pasará a dar consejos convirtiéndose en asesor ad honorem de la señora Boluarte: “Si la presidenta Boluarte quiere conducir y terminar con éxito su breve gobierno, deberá actuar con total independencia del Congreso… (debe) recobrar la paz y el orden, y persuadir a los pueblos. Si Boluarte busca gobernar cerca a la gente, las mayorías terminarán apoyándola y dudo mucho que el Congreso se atreva a enfrentarla”. 

Gorriti alucina, desde sus fueros íntimos de “gran demócrata”, que a Dina le vaya bien, y cierra sus ojos a la realidad y no ve que el Congreso no la enfrentará porque ella (Boluarte) ya se vendió. Tampoco quiere ver que fueron Keiko Fujimori y el propio Rafael López Aliaga, los primeros en salir a saludarla y en mostrarle su respaldo. Termina obviando intencionalmente que su “presidenta” tiene las manos manchadas de sangre.

No quiere enterarse que, la población ha elevado su conciencia y es justamente por razones como estas, que el pueblo repudia a la tal Boluarte, por ser traidora y usurpadora, una títere representante de la ultraderecha, y por ende lo único que exigen es su renuncia, así como el cierre del Congreso ¿de qué apoyo posible de la gente habla? Aspira, desde sus temores, que Boluarte sea su tabla de salvación de la otra derecha, la que hizo huir a su Kuczynski contra el rabo entre las piernas.

Luego señala “De otro lado, si termina cogobernando con la ultraderecha, protegida por las armas, la crisis se agravará y entraremos pronto a una nueva, y todavía más oscura, temporada de Cuándo se jodió el Perú”.

Pretende prever lo que ya está ocurriendo. Boluarte no solo cogobierna con la ultraderecha, sino que es instrumento a su servicio, y si a Gorriti le quedan dudas de que está protegida por las armas, sería bueno le eche un vistazo a su primer ministro Otárola, a Jorge Montoya y José Williams, todos ellos asesores o ex militares de máximo rango, que igual la respaldan y la quieren en el ejecutivo como una representante de su propio equipo, y cuando ya no les sirva desecharla y achacarle la responsabilidad de lo que pasó en este periodo.

El estado de emergencia y los militares en las calles, los 30 muertos, los heridos y la sangre no desaparecen porque usted, señor Gorriti, no los mencione en pro de la buena viabilidad de su “presidenta Boluarte”. Silenciar la realidad —sobre todo si es en su editorial de fin de año— no es casualidad y es otra forma de mentir y de hacer un periodismo pusilánime y abyecto.

César Hildebrandt, con otro estilo, en su último número (con la misma fecha), señala “la izquierda leninista… sueña con someternos a una dictadura de gulags y décadas de secuestro”. Éste, a más de coincidir con los temores y posiciones de Gorriti, repica sutilmente el discurso de la ultraderecha y cree que la gente andina no tiene decisión por sí misma y se deja manipular. Esa es su mirada torcida de las mujeres y hombres del ande y en general del interior del país. Afortunadamente los pueblos cada vez con mas conciencia vienen construyendo su propia historia.

A estos periodistas, el Perú y los peruanos poco les importa que se jodan, ambos custodian su sitial en la prensa “crítica” y de “calidad” que el sistema y la derecha necesitan.