Escribe: Redacción Viejo Topo
Jueves, 07 de Enero del 2021
Cuando Mike Pence, vicepresidente de EE.UU, dio pase al conteo de votos electorales, aparentes seguidores de Trump, debido al fraude, rebasaron a la seguridad y tomaron el edificio del Congreso.

Desde la mañana del 6 de enero, cientos de miles de partidarios del actual presidente de EEUU, Donald Trump, se congregaron cerca del Capitolio, en Washington D.C, para protestar por los resultados de las elecciones presidenciales del 3 de noviembre.

En el centro de su movilización estaba el lema Paren el fraude (Stop steal), y Salvar a América (Save America), debido al escandaloso y masivo fraude detectado en por lo menos 7 estados denominados pendulares.

Las instancias judiciales de EE.UU, sobre todo la Corte Suprema, rechazaron todas las demandas, pese al cúmulo de evidencias y cerca de un millar de testigos bajo juramento.

Más aún, con el decisivo papel de los grandes medios masivos (CNN, CBS, NBC), y de las tecnológicas de las redes sociales (Facebook, You Tube, Twitter), se puso en marcha una maquinaria de intoxicación no sólo para tapar el fraude. Sino para decretar que quien hiciera siquiera mención del fraude, estaba difundiendo noticias falsas (fake news) y por tanto su cuenta quedaba cancelada.

Los grandes medios mundiales, bajo cuya intoxicación han caído incluso intelectuales de las izquierdas, han construido la narrativa de que Trump acusa de fraude "sin pruebas" y "sin fundamentos".

Tal normalización del discurso hegemónico, habiendo a la vista tantas denuncias y pruebas, ha ido caldeando el ambiente en los EE.UU. Dos formas de ver la realidad se han ido desarrollando. La de los medios de comunicación; y la de millones de ciudadanos que han visto burladas sus expectativas.

En dos meses de controversias, el ala demócrata de Joe Biden evitó salir al debate y a aceptar el reto de verificar las máquinas Dominion empleadas, y las boletas utilizadas. Evitó tomar el reto de auditar las firmas. Todo el trabajo quedó en los grandes medios que asumieron un papel desinformador.

Y como los hechos están de su lado, Donald Trump fue creando la esperanza, en sus millones de seguidores, de que un triunfo es posible y que el triunfo fraudulento de Joe Biden es reversible.

Trump evitó la aplicación de la Ley Marcial, pese a que sus asesores se lo sugerían. Y optó por la movilización social. Aparentemente, pensaba que una presión masiva, cerca del Capitolio, donde se contarían los votos electorales, podría hacer variar las cosas.

Trump, además, había depositado sus esperanzas en que Mike Pence, su vicepresidente, vetara el conteo de los Estados que estaban en disputa. Y que eso llevara a una investigación de 10 días. Pero luego de haberse comprometido, públicamente, que cumpliría esa misión, Pence se descolgó de esa responsabilidad en una carta pública.

Con cientos de miles de trumpistas enardecidos, cerca del Capitolio, la anuencia de Pence al conteo de votos, sin poner objeciones, llevó a otro escenario: El del debate en las cámaras debido a la objeción de los senadores y representantes.

Pero eso ya no era lo que se esperaba, porque en el debate de ambas cámaras, los demócratas más los republicanos alineados con el Deep State (Estado Profundo), arreglarían sus entuertos y darían el triunfo a Biden. Ahí se dio la irrupción de cientos de seguidores de Trump.

Un twit de Lin Wood, uno se los asesores de Donald Trump, dio a entender, poco después de los sucesos, que la irrupción en el Capitolio fue una acción organizada por el bando demócrata. Aún no se dilucida esta afirmación. Entretanto, la cuenta del abogado fue eliminada por los controladores de Twitter.

Analistas internacionales como el francés Thierry Meyssan habían advertido que la suerte estaba echada para Trump, con fraude y todo. Porque es el establishment o el Estado Profundo quien ya no lo quiere. Y, como EE.UU no es una democracia sino una oligarquía, tal voluntad se iba a imponer.

En tal oligarquía -el complejo industrial/ militar y demás- no hay distingo partidista, no hay distingo entre demócratas y republicanos, concluye Meyssan.

De manera que, si hay compañeros que se han pasado entero el cuento de que lo que han hecho los seguidores de Trump es un intento de "golpe fascista" para perpetuarse en el poder, están equivocados.

Nuestra evaluación de los sucesos seguirá en los próximos días.

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