Escribe: Alberto Manzanares
Viernes, 13 de Mayo del 2022
Este sábado se cumplirá una semana del acontecimiento boxístico. Un luchador ruso combatió en EE.UU y venció al que se publicitó como el mejor boxeador del momento, de todas las categorías, y algo más.

La imagen más fuerte de Dmitri Bivol, antes de su victoria, fue cuando saltó al ring. Vestía un capotín oscuro y gótico, sin mangas. La menor estatura del camarógrafo, que encuadraba el rostro de Bivol en primer plano, ofrecía un ángulo donde su mirada, sus facciones, y aún sus largos brazos, lucían decididos, rudos y poderosos. Luego se sabrían detalles de lo que había en esa mirada que parecía apuntar lejos.

Evitar decir que se trataba de un boxeador de Rusia, prohibir entonar su himno y evitar mostrar su bandera, deben haber tenido un significado y un efecto. Bivol, además, resistía en medio de un mar de miradas de extrañeza. Para sorpresa de muchos, había respondido a los silbidos con empatía y respeto. Y todo ocurría en un lugar que, siendo Las Vegas (EE. UU, Nevada), es el coto de caza del mexicano Saúl El Canelo Álvarez: El T-Mobile Arena.

El tránsito desde los camerinos, pasando por el túnel y luego por el camino hacia el ring, fueron atravesados con sobriedad y cierta presteza por Bivol y su pequeño séquito. A continuación, vino la detenida performance de Álvarez. Una numerosa cohorte vestida de color rosa —parecían unos teletubbies— le acompañaba. Un conjunto de mariachis y un grupo de danzas regionales del México lindo, hicieron el decorado a su caminata. Para finalizar con un ascenso en una especie de cilindro en medio de humo y fuegos artificiales.

Hay analistas que afirman que tal ceremonia espléndida suele imprimir miedo al adversario. Y una comentarista mexicana, con agudeza instintiva, señalaba mientras ocurría, que ese ascenso hidráulico de Álvarez, era muy similar al de Anthony Joshua, en su última pelea, donde había sido derrotado.

El trámite de la pelea es, en general, conocido. Volver a ver y contar la cantidad de golpes que Bivol aplicó a Canelo es casi un acto de crueldad. Bivol se desplazó por el ring con una velocidad que Canelo nunca tuvo. Resistió golpes de poder y lanzó todo lo que quiso a partir de ese poderoso jab de izquierda, que Canelo intentó neutralizar golpeando ilegalmente a ese brazo. Bivol, por lo visto, no tuvo el interés de noquear al mexicano. Incluso lo había dicho antes de la pelea: No he venido a noquear. Nadie le prestó atención.

El debate previo era, por el contrario, si Canelo (31) noqueaba en qué round a Bivol (31). Y si vencía con la suficiente distancia en las tarjetas de los jueces. De modo tal que no quede duda de que él ganó, contra un boxeador de quien lo único que se decía, sobre todo en las voces más sobrias y sensatas, es que era un tipo peligroso.

Nada más era permitido decir en el entorno del T-Mobile Arena y su despliegue periodístico y publicitario. Porque ya no se trataba sólo de que Canelo era el “el mejor, libra por libra” del mundo. En su casi descontada victoria sobre Bivol en la categoría de los semipesados (175 libras/80 kg) ello quedaría evidenciado. Pero, sobre todo, iba a quedar claro que él pertenecía al “Olimpo de los grandes campeones”. Esto es, el lugar que ocupan Muhammad Alí, Sugar Ray Robinson, Sugar Ray Leonard y algún otro más.

Una corriente de opinión, a quien se denomina los haters (los odiadores), había venido alertando que el boxeador mexicano venía cosechando victorias amañadas, aunque teóricamente legales. Los resquicios de los reglamentos, bien aprovechados por el Team Canelo, permitían eludir combates contra boxeadores calificados, y elegir a quienes estaban ya en el declive de su carrera. Sus victorias en categorías superiores, empleaban determinadas cláusulas para el pesaje. Con ello el boxeador rival llegaba a la pelea deshidratado, para combatir en el peso y condiciones que Canelo imponía.

Cuando terminó el round número 12 de la pelea Bivol-Canelo, el público mexicano y latino, a ambos lados de la frontera, dio su veredicto: Dmitri Bivol demostró que es mucho más que Canelo Álvarez. Y no fue un asunto del peso. Más aún si Canelo presumía que estaba listo para pelear en la categoría de los pesos completos.

La principal cuestión fue que Bivol no sólo era un semipesado natural, muy fuerte y rápido. Sino que mostró mayor habilidad y talento boxístico. Y, como lo destacaba el público latino, enganchado al rudo deporte, Bivol llegó provisto del suficiente coraje para subir el ring y enfrentarse a todo. Pero hay un valor que destaca en el juicio del público: la humildad de Dmitri Bivol.

Y aunque Saúl Canelo Álvarez es de Jalisco (Guadalajara); su modo de vida está cada vez más adaptado a las costumbres y cultura del país del Norte. Venido de tan lejos, Bivol, que había visitado Guadalajara en sus años mozos, dijo que el pueblo mexicano es muy similar al pueblo ruso: Y ello está en “su aprecio por la familia, y su manera simple (sencilla) de vivir”.

Canelo, hoy por hoy, en un conflicto instalado en el corazón de la sociedad mexicana, es el triunfador que ondea la bandera tricolor. Y, al mismo tiempo, se monta en su nuevo Lamborghini. Los mexicanos, por razones boxísticas y por lo demás, no terminaron de aceptarlo, aun cuando desearon su victoria. Luego se ha entendido el sentido de otras claves. Por ejemplo, que debió ser Canelo quien subiera primero al ring, en tanto que Dmitri es el campeón. Haber hecho lo contrario, fue faltarle el respeto al campeón semipesado de la AMB

Un hecho, contado por testigos presenciales, dibuja aún más a los contendientes. En la distribución de los guantes, los de Canelo lucían brillantes y coloridos, y fueron escogidos de una elegante caja cubierta de celofán. Los de Bivol fueron traídos en una bolsita de plástico, de esas donde compramos el pan en el barrio.

El debate ha desbordado la victoria categórica del peleador ruso. Para los comentaristas que dudaban de que Canelo se llevara la victoria, debió haber alguna cláusula. Fue ella la que habría impedido a Bivol noquear a Álvarez. El público mexicano, desprendido de intenciones malsanas, más bien vio que el ruso evitó el KO como un acto de respeto al rival. En efecto, Bivol tenía a Canelo contra las cuerdas, con la guardia baja, cansado y desalentado. Pero retrocedía para darle tiempo a recuperarse.

Los jueces de la pelea vieron ganador al ruso, de manera unánime. Pero la leve diferencia en sus tarjetas, como si Bivol sólo aventajara a Canelo por un par de rounds, no convenció a la crítica especializada. Por el contrario, desató variadas especulaciones. Y mucho menos convenció al público, sobre todo mexicano, que tuvo y tiene grandes boxeadores. Y sabe mucho de boxeo.

La más amplia opinión es que Bivol ganó casi todos los rounds. Incluso en aquellos en que Canelo conectó sus dos únicos y fuertes uppercuts, fue largamente rebasado por Bivol en cantidad y calidad de golpes. El boxeador mexicano ha mostrado ser, además, un mal perdedor. Aceptó, aún arriba del ring, que había perdido la pelea, diciendo que a veces se pierde o se gana. Pero ya en la conferencia de prensa, minutos después, habló de que Bivol le ganó sólo cuatro rounds. Al día siguiente, ya hablaba de que le robaron la pelea.

El público ha sido, otra vez, unánime. El ruso Dmitri Bivol no sólo fue mejor y más fuerte; y ganó por amplia ventaja. Para los mexicanos ha demostrado ser, sobre todo, un muchacho humilde. Las palabras de felicitaciones y de sincero afecto, en las redes sociales, de tantísimos mexicanos y latinos, quizá sean la mayor victoria del gladiador ruso.

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