No es seguro que tengan los 87 votos

EL TERCER INTENTO DE VACANCIA

Patricia Chirinos, el ex marino Jorge Montoya y el caviar Edward Málaga han sido hasta hoy los rostros de la vacancia, con sus 15 minutos de fama. Este miércoles 7 de diciembre, la derecha intentará conseguir los 87 votos.

El Congreso peruano debatirá este miércoles 7 de diciembre el tercer pedido de vacancia presidencial. El primero se decidió en el Pleno del 7 de diciembre del 2021. 

En los 76 votos en contra de la vacancia de hace un año estuvieron los de Perú Libre, Alianza para el Progreso, Somos Perú, Juntos por el Perú, algunos de Acción Popular y del Partido Morado.

En la admisión previa al debate del pleno de este 7 de diciembre las cosas se han invertido. 73 votos estuvieron a favor de la admisión de la moción de vacancia. Y quien ha propuesto la moción ha sido Edward Málaga, un parlamentario sin bancada pero que pertenece al minúsculo Partido Morado.

El argumento es el mismo de las dos anteriores: La desgastada "incapacidad moral permanente'. Lo interesante es que, en el camino, los 7 legajos de la Fiscalía han perdido fuerza como herramientas vacadoras y golpistas. Y Málaga no agrega argumentos sino kilogramos de papel. Dice que ya no son 7 sino 50 los legajos en proceso de elaboración. 

Los cálculos, desde las diversas posiciones políticas, es que esta vez tampoco la posición pro vacancia alcanzará los 87 votos. Pero es evidente que algo ha cambiado en el tablero político.

Mientras el Ejecutivo deshojaba margaritas a lo largo de un año sobre la aplicación de la cuestión de confianza, la derecha parlamentaria, el monocorde aparato mediático, la Fiscalía y los grupos de poder que respaldan a aquellos, socavaban día y noche a Castillo.

No fue el Ejecutivo quien declaró la guerra. Y no se trata de una guerra de poderes entre el Ejecutivo y el Legislativo, sin más, como sostiene  la quintacolumna —Patria Roja, Mirtha Vásquez, Verónika Mendoza, etc—. El Ejecutivo empezó a intentar defenderse en serio con su primera cuestión de confianza. Pero la quintacolumna ha saltado hasta las nubes. Y no podía ser de otro modo, excepto que a ella acaba de sumarse un sector de Perú Libre con argumentos esperpéticos.

Perú Libre ha sumado votos a la vacancia, y los ha sumado para otras causas que indican una clara alianza con la derecha y extrema derecha: Recortar el mandato presidencial, declarar nula ante el TC la primera cuestión de confianza, seleccionar al actual TC. Pero sus acciones han tenido consecuencias. No sólo ha venido cosechando repudio, sino que hay más claridad en el pueblo acerca de su verdadera naturaleza.

Para un sector 'radical' de la izquierda peruana, Vladimir Cerrón era 'el hombre' y Perú Libre 'el Partido'. Y no les importó que, en nombre de sus nuevos fetiches, Cerrón intentara gobernar por encima de Castillo desde el Twitter y amenazándolo, siempre, con sumarse al golpe de Estado.

Si esto era inaceptable desde las formas democráticas —no las de la democracia burguesa—, era aun más rechazable porque encubría, bajo rojas banderas, la filosofía de las cuotas de poder, los puestos, el copamiento. Esto es, la antitesis de un partido de vanguardia. Era, más bien, el fiel retrato de un clan familiar que ya trazaba, desde el inicio, el plan de aliarse con los grupos de poder para co-gobernar el país.

Baste ver esa primera entrevista a Vladimir Cerrón en Canal N, donde este disponía y mandaba que: "No habrá cierre del Congreso". Y baste ver cómo reclamaba, para sí mismo, el mérito de haber impuesto a Julio Velarde para que prosiguiera en el BCR y con él el neoliberalismo (que ahora se lo achaca sólo a Castillo).

Este es un asunto nodal, si se quiere entender por qué hemos llegado a definir, en aquellas circunstancias, defender a un Castillo recién llegado. No sólo estaba sometido al fuego enemigo, sino al socavamiento del propio Perú Libre. Con tan gruesos errores de apreciación de la cúpula de Perú Libre —de su papel en el gobierno de Castillo—, asomó el ala caviar.

Con Mirtha Vásquez en la PCM las cosas empeoraron, empezando por que tiró al piso la bandera de la Asamblea Constituyente. Pero luego de expectorar a Vásquez —por su papel delator— Castillo, lejos de fortalecer su vínculo con la izquierda peruana y el sector popular, apareció más a la derecha con el gabinete  de Héctor Valer, vía los oficios de don Guillermo Bermejo.

De modo que, de aquellos momentos primigenios —que es necesario dejar bien sentados— hasta hoy, mucha agua ha corrido bajo los puentes.

Es posible que este tercer intento de vacancia no prospere.  La segunda cuestión de confianza requiere de ciertas condiciones, y creemos que Betssy Chávez, sin ser la izquierda 'radical' que algunos presumen ser —para negociar sus prebendas de la mejor manera—, sabrá afrontar con honestidad y decisión su papel. Incluso, a pesar de las genuflexiones y vacilaciones de Pedro Castillo.

Es comprensible que el mensaje de la OEA, que llama a una tregua, haya sido tomado en cuenta por el gobierno. No es extraño que la derecha parlamentaria se haya zurrado en aquel mensaje; y que de la mano del caviar Málaga —un sujeto a quien le gusta el humo y la fama—, se haya lanzado al ruedo.

Huelga decir que el pueblo sólo tiene el camino de la movilización para desarticular el golpe de Estado. Y para llevar a Castillo a que, luego de presentar la segunda cuestión de confianza (en su momento), convoque a una Asamblea Constituyente.