Escribe: Carlos Alberto Lamas
Sabado, 02 de Noviembre del 2019
La civilización occidental y capitalista se ha estructurado en torno a la propiedad individual y el Yo. Eso está hoy en crisis de hundimiento. Desde Latinoamérica y hacia el mundo emerge el Nosotros colectivo.

Quienes en el Perú pretenden que lo colectivo, el colectivismo, son ajenos a nuestra tradición histórica, yerran por enésima vez. Su lectura es, otra vez, colonial/republicana. Omiten el periodo incásico y su largo y fecundo antecedente de hace más de 5,000 años (ver aquí: Ruth Shady). ¿Qué fue entonces, para aquellos, las mayores y más poderosas imágenes acerca de nosotros, mostradas en los Juegos Panamericanos 2019? ¿Un simple guiño turístico y «folklórico»?

Tal lectura sostiene esta tesis: Europa occidental y cristiana vino a civilizarnos y nos civilizó, agradezcámosle. Todo lo demás fueron daños colaterales. Esa lectura ya colapsó. La crítica a esa perspectiva eurocéntrica fue iniciada y cuajada, desde su marxismo creador, por José Carlos Mariátegui (hoy eso está en desarrollo en Nuestra América). Con su reivindicación del indio, reivindicó la civilización inca y los elementos socialistas de su economía y su cultura. Mariátegui reprochaba esto:

«El periodo de nuestra historia que más nos ha atraído no ha sido nunca el periodo incaico. Esa edad es demasiado autóctona, demasiado nacional, demasiado indígena para emocionar a los lánguidos criollos de la República. Estos criollos no se sienten, no se han podido sentir, herederos y descendientes de lo incásico» (Peruanicemos al Perú, 1980, p.21).

Antes que Mariátegui y como su referente inmediato estuvo el sociólogo piurano Hildebrando Castro-Pozo. Él pertenecía a la comunidad campesina de Catacaos. De ahí provenía también la familia del Amauta por línea materna. Aquí un dato clave para entender el film La revolución y la tierra (2019): Juan Velasco Alvarado fue alumno del ilustre sociólogo. En su libro seminal Del ayllu al cooperativismo socialista Lima: Peisa, 1973 [1936] Castro-Pozo sostiene lo siguiente (disculpen lo extenso de la cita):

«La historia de la civilización individualista, escrita por gentes que miran y juzgan las cosas y las instituciones de los pueblos solo desde el punto de vista egolátrico, como un producto del capricho o las conveniencias personales de un predestinado, nunca ha sabido comprender estos hechos (los del incaísmo) y siempre ha caminado a la caza de algún testa para autorizarlos. Para ella, en el devenir histórico de los pueblos, no han existido sino reyezuelos y tiranos, a cuyo imperio han inculpado la construcción u organización de los grandes monumentos e instituciones sociales. Las masas humanas solo han desempeñado un papel secundario: a lo sumo, el de herramientas de esos grandes artífices. Sin embargo, si no hubiese existido el interés económico de esos ayllus anónimos en trabajar y defender sus tierras y ganados, jamás se habría construido los grandes acueductos, por donde se trajo el agua desde cientos de kilómetros para irrigar tierras extensas que hoy la República ni siquiera ha soñado laborar; tampoco existirían las andenerías, algunas de las cuales fueron irrigadas por medio de reservorios u otras obras hidráulicas, cuyos procedimientos no ignoraron los ingenieros queshuaimaras; y sin la sabiduría política, , en fin, de esa raza eminentemente colonizadora no se habría construido esas asombrosas arterias viales cuando la España conquistadora en sus grandes ciudades no tenía un solo tramo de calle que se les igualara, y que, si bien sirvieron, en su origen, para comunicar el centro económico-militar del imperio cuzqueño con todos los pueblos conquistados, ellas, a la postre, constituían las rutas abiertas para un porvenir económico más venturoso, la vertebración inquebrantable de esa grandiosa nacionalidad cuya marka se extendía desde el rio Ancasmayu hasta el Maule, y de las riberas del Pacifico hasta las pampas argentinas y el corazón de las selvas amazónicas » (p.122).

No es nuestro propósito controvertir o reivindicar un imperio, que en todo caso fue la forma histórica en que devino una larga experiencia social. Sino y sobre todo reivindicar a un pueblo y una civilización construida en base a una experiencia de honda raíz colectiva. A ella, principalmente, pertenecemos. Es tiempo de afirmarlo de manera categórica.

Pero existe otra forma de negar nuestra historia civilizatoria y, por consiguiente, negarnos un futuro fuera de los lindes del capitalismo y su propiedad privada. El atribuir al socialismo peruano y al socialismo en general, un origen intra-europeo. Aclarémosle esto a algunos compañeros. Contra la visión eurocéntrica de que Europa es la cuna de todo, las utopías sociales de la modernidad (s. XVII), de las cuales bebió el socialismo utópico (s. XVIII), y en el cual se apoyaron críticamente Marx y Engels (s. XIX), se originaron en el Nuevo Mundo. Este penetrante texto del Amauta, así lo muestra:

«América ingresó en la historia mundial, cuando Colón la reveló a Europa. Es imposible decir exactamente en qué medida, la civilización capitalista—anglo-sajona y protestante— es obra de este navegante mediterráneo y católico. ¿Católico?

El descubrimiento de América es el principio de la modernidad: la más grande y fructuosa de las cruzadas. Todo el pensamiento de la modernidad está influido por este acontecimiento. ¡Imposible enjuiciarlo en un acápite, por apretado y denso que sea! La Reforma, el Renacimiento, la Revolución liberal ¡de cuántas cosas habría que hablar! Hasta la última gran especulación intelectual del Medioevo, La Ciudad del Sol, la utopía comunista de Tomás Campanella, aparece influida por el descubrimiento de América. Algunos de sus biógrafos, pretenden que Campanella conoció y admiró, por las primeras crónicas, la civilización incaica. En todo caso, el Nuevo Mundo actuó evidentemente sobre su imaginación ». (1)

El socialismo indoamericano, que propugnaba Mariátegui, tiene pues profundas raíces en nuestra historia. La criollada racista no puede seguir con su retórica de "socialismo sudaca" o "chavismo".

¿Por qué resistieron y resisten Cajamarca, Bagua, Puno, Valle del Tambo, contra los proyectos Minas Conga, Tía María y demás? Por esa misma tradición colectiva. Ella ha vuelto a emerger también en Ecuador (el movimiento indígena) y en Chile (pues incluye a la larga lucha del pueblo mapuche). Pero, asimismo ¿Por qué, junto con la imposición de proyectos mineros, se arrasa cruelmente con las comunidades indígenas y nativas? Porque busca destruirse una de las fuentes de resistencia actuales y productora de fuertes imaginarios colectivos en aras de otros mundos posibles.

Proclamar la urgencia de crear propietarios individuales ahí donde hay conflictos socio-ambientales, bajo la idea de una Tercera Vía, parece bien intencionado. Ya Hernando de Soto hizo esa misma labor disociadora, luego del Baguazo. Tramaba disolver la propiedad comunal y crear una miríada de propietarios individuales. Apuntaba sobre todo a la Amazonía, objetivo acariciado por EE.UU. No prosperó. Mas el ideólogo económico del fujimorismo de los 90, a través del Instituto Libertad y Democracia, no necesitó realizar otro esfuerzo. Fue sacado del anonimato por el Mayor (r) Antauro Humala mediante Carta (nos hizo recordar la de Abimael Guzmán a Alberto Fujimori). Y lo que es grave, voceros de su movimiento proclaman estar cumpliendo el papel de bomberos, debido a que vienen ejecutando, aplicadamente, la estrategia de De soto.

El movimiento de resistencia social, el Nosotras/Nosotros originario, afronta pues ataques de fuera y de dentro.

(Continuará)

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(1) Respuesta a la encuesta de Variedades (Lima, 13 de octubre de 1928), que formulaba las siguientes preguntas: « ¿Cuál es su concepto sobre la figura de Colón? ¿Y sobre el significado del descubrimiento de América? ¿Cuáles deben ser los ideales de la raza y los medios más eficaces para vincular a los pueblos hispanoamericanos?»

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