Escribe: John Angeles
Jueves, 14 de Mayo del 2020
Antes de que llegara la pandemia, la noticia y los anuncios apocalípticos de su llegada, ya habían proliferado a pasos agigantados por todo el mundo y, junto a él, el miedo.

Con este protagonista, cada día pasamos a librar una lucha por nuestra sobrevivencia.

Es cierto que, ante este virus, existen sectores vulnerables que nunca fueron protegidos y que tampoco lo son ahora, se podría hablar entonces de empatía o solidaridad para con ellos, por parte de quienes no están propensos al peligro, pero se nos ha hecho creer que todos corremos peligro, que aquí nadie se salva y que la única solidaridad que cuenta es el distanciarse y encerrarnos en nuestros hogares. El miedo es el rey en las noticias y en todas las medidas tomadas.

Hoy gobierna el pánico, porque el planeta se convierta en un cementerio de la raza humana, por el riesgo de una muerte generalizada a escala mundial. Eso es lo que se difunde día tras día. Los expertos de la comunicación hacen la contabilidad de contagiados y muertos en una dosis agresiva y constante a cada hora, con discurso presidencial incluido, empleando todos los medios posibles, y país por país.

Así, todos estamos propensos a enfermarnos y la muerte acecha a la vuelta de la esquina, el confinamiento en los domicilios es lo único que nos salva, entonces el control y la perdida de nuestra libertad es necesaria y hay que agradecerla, porque así nos protegen del enemigo invisible que puede estar en el prójimo, en la calle, en el aire… por eso, al salir debemos tener todos los implementos que nos mantengan protegidos y al margen, fuera de contacto con los demás. Nuestra respiración solo es segura al entrar en casa y cerrar la puerta.

Claro, debemos tomar las precauciones necesarias, pero este miedo es muy peligroso: nos aleja de la sociedad, nos vuelve seres más individuales, que solo respondemos a nuestra familia. La idea “solo importo yo y los míos”, se afirma en nuestro imaginario, los demás nos hemos convertido en un riesgo, somos posibles agentes de contagio y para salvarse, hay que alejarse, guardar la distancia; mientras más distancia, mejor.

Aclarar que frente a hechos como este, el temor es muy comprensible en las personas, ya que es un reflejo para proteger a nuestros seres queridos, pero nuestra crítica va dirigida a cómo los grupos de poder, pueden estar manipulando un hecho real para exacerbar el miedo con propósitos políticos funestos.

Debido a este mismo miedo, ponemos nuestra libertad en manos de Estados fuertes que militarizan los países, sacando a las calles a sus FFAA y policiales para que nos resguarden —esas fuerzas que más allá de sus buenos elementos también están corroídas por la corrupción sin importarles su propia gente (como lo hemos visto en los últimos reportajes, en el caso de la compra de mascarillas)— y que, por pertenecer a una estructura política descompuesta, nunca fueron un resguardo ante la delincuencia generalizada que vivimos en nuestro país.

No hay que perder de vista que si bien, este marco de pandemia nos permite desenmascarar la calaña de un sistema injusto y decadente, a la vez nos puede hacer dependientes de él. Al imponernos el miedo se puede estar pretendiendo desarticularnos como sociedad y como organizaciones sociales.

OTROS ENTRAMADOS DEL MIEDO

Ciro Maguiña, Vicedecano del Colegio Médico del Perú en entrevista del lunes 04 de este mes señala: “La informalidad, la gente que depende del día a día ya no atraca, se cansó, lo que contagia son los mercados, los conos ahí hay hacinamiento”. “La informalidad, el país chicha ya no se puede hacer una cuarentena y lo que hay que hacer es cordones, cercos epidemiológicos… una buena experiencia es Caquetá, era un foco. Los mercados requieren una reingeniería… que sean mercados higiénicos limpios y no esos mercados chicha, horribles, que recuerdan la tifoidea, el cólera”.

El mismo Maguiña mencionó que (hasta ese momento) venía asesorando al ejecutivo en la lucha contra el covid 19. Así las coincidencias, Vizcarra salió el martes 05 y señaló: “También existe focos de infección en los mercados…se requiere que los mercados se mejoren, ordenen, se modernicen para que no sean focos de infección, mercados con orden, con limpieza”.

El terror de la pandemia puede funcionar como un buen instrumento y ser el mejor pretexto para hacer una limpieza de las cosas que molestan al sistema, es decir al capitalismo. El pánico permite tomar una serie de medidas que sectores de la población podrían aceptar como una necesidad vital.

Tras estas medidas en pro de la salud (a la que se le viene añadiendo modernidad) se asoma sin tapujos, medidas contra el pueblo. Por ejemplo, los ambulantes que surgieron como una iniciativa frente al desempleo, autogenerando una actividad económica que el Estado siempre les negó, hoy pasarán a vivir el cerco y acordonamiento y muchos pasarán al desempleo y a la indigencia.

Ya se anunció también que los mayores de 60 años no podrán salir, ya vivieron una cuarentena de 2 meses y tendrán que continuar confinados en sus domicilios. Parece que se han olvidado que las recomendaciones básicas para mantener la buena salud son caminar, respirar aire fresco y tomar sol (este último, nos permite asimilar la vitamina D, uno de los elementos esenciales para fortalecer el sistema inmunológico). ¿Acaso los quieren dejar más vulnerables y expuestos a cualquier enfermedad?

La limpieza sutil de una generación empieza a ser realidad con la cobertura que brinda la pandemia, después de todo ya no son productivos y solo implican una carga para este sistema. Con estas medidas, las AFP deben estar como buitres a los que se les hace agua la boca.



Las declaraciones que se atribuyen a la ex directora del Fondo Monetario Internacional FMI Christine Lagarde “los ancianos viven demasiado y son un riesgo para la economía global, tenemos que hacer algo” y que como consta, aquí fue replicado por el gerente general de AFP Habitat, Mariano Álvarez, “desgraciadamente cada vez vivimos más” (durante una entrevista tras la aprobación de la ley para retirar el 25% de los fondos AFP), parecen haber hecho eco y no han encontrado mejor oportunidad para hacer ese “algo”.

Pero esto no será todo, si seguimos el hilo de esta tendencia, se avecinan otras medidas contra la llamada “informalidad”, la pandemia así lo requiere y el miedo puede cumplir su papel para que no haya mayor oposición. A cambio tendremos un país “moderno” donde los mercados de barrio o de provincia sean escalonadamente barridos como estorbo y cubiertos bajo la alfombra de barrios marginales, para que a la vista solo reinen los metro, saga, ripley o similares.

La bandera de la pandemia se enarbola para MODERNIZAR y a la remembranza de limpiezas étnicas, hacer una limpieza de todo lo que estorba a un capitalismo que, por su esencia, solo piensa en sus bolsillos y en los grandes capitales privados.

Después de todo, aquellos “mercados modernos” no son el sector de apestosos tugurios, ni generan hacinamiento, no son mercados chicha como dice el Sr. Maguiña, son los grandes mercados del capital que tienen las manos lavadas con bastante jabón y que usan ropa impecable de buena marca, tienen instalaciones alfombradas y con aire acondicionado y su billetera mitiga cualquier virus, ellos son lo que el mundo necesita en estos tiempos de pandemia.

Las cárceles, al parecer, también son parte de esa limpieza. La excarcelaciones de Keiko Fujimori y Susana Villarán son una muestra, vienen otros, con medidas similares o con indultos que ya están aplicando, los que tengan prisión preventiva (léase casos de corrupción) podrán salir para que sus procesos sigan con comparecencia, según declaración del Primer Ministro, Vicente Zeballos. De esta manera se pone a buen recaudo a las fichas que le son funcionales. Los presos políticos o los que constituyen un fastidio para el sistema no estarán considerados nunca.

La economía ya no da para más y el gobierno dejará en nuestras manos la responsabilidad, “Creo que lo que va a pasar va a depender de nuestro comportamiento. Ahora sí vamos a saber de qué estamos hechos los peruanos” (Pilar Mazzetti) y “el futuro está en nuestras manos, depende de nosotros” (Vizcarra) parecieran frases alentadoras, pero es más de lo mismo: desde un comienzo se enfocó la atención contra los irresponsables peruanos.

Al dejar todo en nuestras manos, los culpables estarán entre los nuestros, miraremos mal al vecino, al amigo, al ambulante, etc. Por eso Vizcarra pregunta y al mismo tiempo se da la respuesta “¿Por qué no relacionamos personas fallecidas con irresponsabilidad en las calles?, esa es la relación directa”.

¿Acaso no saben o no se dan cuenta los señores del gobierno que la economía de la gente ya no da para más y eso es gracias a un estado que siempre fue excluyente para con las grandes mayorías?, ¿acaso la pobreza es una nueva aparición y no la pueden explicar?

Vizcarra añade en su declaración del día martes 5: “ya no hay normalidad, es una nueva convivencia con esos parámetros que hemos dicho…ya no puede haber reuniones, ya no podemos juntarnos hasta que la pandemia sea derrotada… y como faltan meses para conseguir una cura o una vacuna, somos nosotros los que tenemos que combatirla, con nuestra distancia”. Esto puede ser un buen resumen de los propósitos en marcha.

En nuestro país se ha postergado la cuarentena hasta el domingo 24, pero esto no cambia en nada, las declaraciones y las medidas que se vienen tomando, van dejando en claro los posibles propósitos de un control social.

La pandemia y el miedo que lo acompaña, pueden estar siendo evaluados en un tubo de ensayo como un experimento mundial, pero también de cada Estado.

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