Golpistas se zurran en la OEA

EL GOLPE BASADO EN UNA INEXISTENTE “TRAICIÓN A LA PATRIA” A REVERTIR CON LAS MASAS

La Marcha del 10 ha mostrado que Castillo cuenta con respaldo popular. Un zarpazo como el que se pretende, arguyendo una inexistente traición a la patria, puede permitir cerrar el Congreso mediante la movilización popular.

Es cierto que, desde el punto de vista de la legalidad, activar la destitución de Castillo por el delito de Traición a la patria (Art. 117° de la Constitución), sólo pondrá en evidencia que el Congreso utiliza su mayoría para justificar cualquier atropello jurídico. Con la diferencia de que tal atropello se organiza en presencia de la OEA, luego de haberse activado la llamada Carta Democrática.

Pero proceder así puede indicar que el golpismo calcula que la OEA ―en la que Pedro Castillo confía demasiado―, podría prestarse al golpe de Estado, como ya lo hizo en Bolivia, en Honduras y en todo proceso que EE. UU ha querido derribar en nombre de la democracia (yanqui).

No olvidemos que Joe Biden gobierna con la camarilla belicista de straussianos, y que les urge recuperar espacio en Latinoamérica. La activación atropellada de la acusación por “Traición a la patria”, es una buena ocasión para que Castillo ponga su pellejo en manos de la OEA (instrumento yanqui); y para que esta, a través de Luis Almagro, le plantee todas las exigencias posibles, que en un artículo anterior hemos enumerado.

Aprobada la espuria acusación (11/11/2022) con 11 votos contra 10 en la Subcomisión de Acusasiones Constitucionales (SAC), el tiempo que tarde la Comisión de la OEA en reaccionar, puede ser la señal de hacia dónde jugará. Este instrumento internacional se ha caracterizado en su más de 70 años de historia por participar en golpes de Estado contra procesos de avance en Latinoamérica.

No hay mucha vuelta que darle: Pedro Castillo no cometió ningún delito al responder al periodista de CNN, Fernando Del Rincón, a fines de enero del 2022, sobre el tema de la salida al mar para Bolivia.

Castillo había intentado desmarcarse de una opinión que tuvo, años antes de pretender siquiera ser candidato presidencial, de que Bolivia debería tener salida al mar. Pero el periodista presionó porque Castillo dijera cuándo cambio de opinión. Entonces Castillo dio a entender que, de ser el caso, fuera el pueblo quien decidiera sobre el asunto. Eso fue todo. El presidente se tomó la molestia de vaticinarle al periodista que al día siguiente la prensa pasará a imputarle lo que no dijo, y que eso lo tenía sin cuidado. No se equivocó.

Del Rincón creyó tener una primicia bomba que intentó activar. Pero él mismo la desactivó cuando reconoció que Castillo aclaró, al día siguiente, que no hubo ni habría tal cesión territorial con lo cual el asunto fue concluido. Pretender exprimir donde no había qué exprimir, se convirtió en un bumerán de Del Rincón contra quienes lo citaban como la autoridad máxima y que se precipitaron a formular su acusación por "Traición a la patria".

Tal bumerán ocurrió con el desmentido público y televisado a Patricia Chirinos, apenas días después de la entrevista a Castillo. Del Rincón le preguntó a Chirinos cuáles eran los argumentos para la denuncia por traición a la patria contra Castillo. Chirinos citó al que tenía al frente con un servilismo patético.

Pero Del Rincón la desairó de este modo: "Una cosa es la acusación sustentada en una acción y otra en un dicho, cuando (Castillo) también se ha retractado. Creo que de ahí no tendría asidero (la acusación por 'traición a la patria')". Los vacadores fueron así desmentidos por su propia fuente. 

La acusación por “Traición a la patria” se activa para intentar, en presencia de la OEA, un golpe parlamentario. Tienen los 66 votos para perpetrarlo. El debate en el Congreso permitirá escuchar las razones y las sinrazones. Y permitirá que los falsos ídolos terminen de caer a los ojos del pueblo.

Pero el pueblo no está, a estas alturas, para lamentarse de los hechos consumados. Con su elección de Pedro Castillo y con su férrea defensa para que este asuma el poder ―más allá de los graves errores, inconsecuencias y deficiencias de su gobierno―; tiene el deber de defender, en un momento crítico, su voluntad democrática. Y seguir empujando el proceso hacia adelante cuyo norte inmediato es el de una Asamblea Constituyente.

Una marcha como la del 10 de noviembre, La Toma de Lima, señala que el movimiento popular cuenta con una herramienta que será decisiva ante cualquier eventualidad. Y es, de lejos, más legítima que las movilizaciones que convocaron los grandes medios de comunicación y un sector de los grupos de poder para derribar a Manuel Merino en noviembre del 2020.

Esta vez es el pueblo el que se autoconvoca. Y, si el zarpazo golpista se desata, el pueblo movilizado tiene el deber de cerrar el Congreso. Pero este pueblo despierto y movilizado, de modo creciente, debe de cuidarse de la quintacolumna. Por ejemplo, de aquella que coloca el Ejecutivo en pie de igualdad que el Legislativo y los hace por igual "responsables de la crisis política".

Como si tal crisis no fuese sino la del "modelo neoliberal" y quienes se resisten con uñas y dientes a ser barridos por la historia y por los pueblos. Y como si no fuese la derecha la que, haciendo uso y abuso de su mayoría, ha saboteado cotidianamente al Ejecutivo para hacer del gobierno de Castillo algo inviable. Y para buscar derribarlo, apenas este llegó a Palacio de Gobierno.