COVID-19 PERÚ: CONDUCCIÓN DE LA LUCHA CONTRA LA PANDEMIA VA DE MAL EN PEOR

El gobierno debe corregir su nefasto rumbo y dejar de culpar a la gente. Estamos entre los primeros en velocidad de expansión del virus en el globo.

Cuando en los inicios de la cuarentena el gobierno debía realizar, intensivamente, pruebas moleculares (para ubicar a los infectados), optó por elevar como fruto exitoso de sus políticas un sub-registro de infectados y el correspondiente número de fallecidos.

Tal fue su incapacidad de gestión que, ante el primero de aquellos fallecidos, acaecido en un barrio acomodado de la capital, no había vigente ningún protocolo para su evacuación, cremación y sepultura. Lo de Ecuador ya había avisado.

Contra las pruebas moleculares, reclamadas hasta la saciedad por infectólogos reputados, el gobierno (con respaldo de hordas de troles o sicarios en la red), impuso al caballazo y como referente las pruebas rápidas o serológicas, contribuyendo de manera decisiva, desde el inicio, a la expansión de la pandemia.

A ello se sumaron, erradas medidas persecutorias lanzando a policías, desprovistos de protección debida, contra aislados focos de transeúntes, renuentes, en los primeros días a acatar el aislamiento social. Pero, lo peor, recluyendo a los detenidos por largas horas en comisarías, propiciando así la expansión del virus; en tanto que sus altos oficiales, organizaban fraudulentas y parsimoniosas compras de implementos de protección antivirus.

No hablemos de la situación de médicos y enfermeras, desamparados desde la primera hora; ni de la carencia de respiradores, a pesar de la oferta de empresas internacionales a precios muy por debajo de los inflados precios con los que compraron material tardío o inservible.

Ahora que los contagios y muertes desbordan los hospitales, y que la tragedia se agrava, el gobierno va al revés: levanta como expresión de su éxito las 400,000 pruebas (entre moleculares y serológicas), declarando triunfalmente: "Hemos superado incluso las metas que nos habíamos propuesto...." (Mensaje del 06/05/2020). Como si las pruebas fueran un fin en sí mismo y no un instrumento, un medio.

Pero la realidad es dura y terca: Hasta ayer miércoles el Perú ocupaba el puesto 14° (54, 000) a nivel mundial, en números absolutos, por así decirlo, de contagiados. Diversos análisis señalan que ésta sigue siendo una cifra largamente recortada. Pero, aún con eso, éramos y somos además el 2° lugar en cantidad de contagiados en Latinoamérica sólo después de Brasil. Y si comparáramos con India, en el puesto 13° (56, 000 contagiados), las cosas nos van peor que ellos.

Mientras India tiene 1, 300 millones de habitantes, el Perú tiene sólo 32 millones. Comparativamente, India tiene unas 40 veces menos infectados que nosotros. Y si nos vemos en el espejo argentino (unos 44 millones de habitantes), hasta ayer el país austral iba por los 5,000 contagiados y 270 muertes. Es decir, por más que el gobierno venga haciendo malabares para ocultar, sistemáticamente, las cifras reales de infectados y muertos, estamos muy mal. Estamos peor .



En el primer mes de la cuarentena, el Perú disputaba los puestos 3° y 4° con países en situación extrema como Bangladesh e Irán, en velocidad (verticalidad de curva) de contagio. Y, por lo visto, la figura no ha variado sustancialmente (Ver aquí ).

De los 54, 817 de ayer 6 de mayo a los 58, 500 de hoy jueves 7, tenemos un crecimiento de unos 3, 500 nuevos casos en 24 horas. Pero el presidente o su señoría, el Ing° Martín Vizcarra, habla de que hemos superado las expectativas. En Argentina, en el mismo lapso han aumentado 188 contagiados y ahí se ha puesto el grito en el cielo.

Nadie quiere que esto siga así. Es la gente quien sufre, sobre todo los más vulnerables. De ahí que el gobierno, antes que culpabilizar a la población, debiera asumir su responsabilidad y cambiar su discurso y su rumbo nefasto.

Para ese efecto, debiera dejar de mirarse el ombligo que es lo mismo que pensar en las encuestas y su fantasmático 82% (porque ha sido inventado usando ya no tapers sino artefactos eléctricos para que se vote a su favor por la red, si es que en verdad existió tal votación). Debiera olvidar por ahora sus expectativas políticas; y, de momento, olvidarse de la sombra que le proyecta a futuro su pesada mochila de desmanes antiguos.

Y debiera dejar de perder el tiempo en sus discursos de 2-3 horas, pretendiendo imprimir una calculada omnipresencia. Carece de mensaje, proyecto y utopía. Debiera emplear ese tiempo y energías, más bien, en una labor realmente ejecutiva, ante la variedad de asuntos por resolver.

¿Cómo se aborda el desplazamiento de decenas de miles de peruanos al interior del país? ¿Cómo potenciar los hospitales regionales en coordinación con los gobernadores ? ¿Y los gobiernos locales o municipales? ¿Cómo se reparten víveres en los poblados marginales? ¿Cómo se llega con víveres y demás apoyos a alejadas zonas rurales y selváticas? ¿Y la acumulación de cadáveres en los hospitales ya colapsados? ¿Cómo está la Policía Nacional? ¿Está actuando o se ha retraído?

A la luz del debate internacional sobre la pertinencia del aislamiento de todos, de los resultados favorables en países como Suecia (que no aplica tan drástico aislamiento social), y de nuestras condiciones socio-económicas reales, ¿no cabe replantear nuestro método? ¿Va a escuchar Martín Vizcarra el clamor de millones de quienes viven de lo obtenido en el día a día; o al público pituco que le bate palmas, le canta a coro y le soba su ego estirado?

Pero más que penitencia y propósito de enmienda, Martín Vizcarra rezuma arrogancia pertinaz. Afirma, por ejemplo, que su magna gestión ha evitado que sean 50,000 los muertos. Qué extraña conclusión (extraída del antiguo manual de la magnificación del que viven los falsos héroes): su objetivo original era aplanar la curva a "martillazos"; pero sus torpes mandobles no hicieron sino verticalizarla.

¿Por qué se llegó hasta ahí? Es cierto que la sociedad peruana arrastra en todos los planos una serie de fracturas y carencias graves. Pero, evaluando la labor de Martín Vizcarra a partir de esa realidad defectiva, queda claro que carece de cualidades para la conducción estratégica, más aún para enfrentar a un adversario verdadero y difícil. Y es que, básicamente, muestra estar adiestrado para la intriga, para el retorcido juego de acumulación de poder, y para la rotura de mano con dineros ajenos para mentir y falsificar sin que le tiemble una ceja.

Está, pues, como se ve, doblemente blindado contra la terrible tragedia que se agrava ante nuestros ojos. Tenemos a cuestas, a todas luces, a un afanoso de poder y a un sociópata peligroso. En toda su dimensión.

Artículos relacionados:

* Covid-19: Cómo evoluciona la pandemia