A PROPÓSITO DE LA REVOLUCIÓN DE OCTUBRE. HACIA UNA VERDADERA REIVINDICACIÓN DEL CENTENARIO DE LA REVOLUCIÓN RUSA (II)

Viejo Topo publica la segunda parte de este texto de Juan P. Ballhorn. Fue escrito en el 2017 y se expuso en algunos eventos conmemorativos del centenario de la revolución rusa.

En esta época Lenin establece sus geniales tesis sobre la actividad fraccional. Al interior del bolchevismo, el giro necesario de la praxis revolucionaria no podía darse sin la vacilación de las fuerzas formadas en épocas de creciente ofensiva popular. Los principales cuadros bolcheviques adquirieron experiencia en medio del paso -como dice Lenin- de la huelga económica a la huelga política, y de esta a la insurgencia, pero ahora, en retirada, las nuevas orientaciones leninistas impactaban a muchos cuadros que demostraron incapacidad de adaptarse y desarrollar la lucha política en medio del repliegue. Lenin defiende la necesidad de una participación bolchevique en la Duma, y esto va a causar una ruptura en el seno de los más decididos y consecuentes revolucionarios. Al interior de los bolcheviques se van a formar tres fracciones, la de Lenin, la de los llamados “otzovistas” y la de los “ultimatistas”, estos últimos, a diferencia de Lenin, sostenían la inadmisibilidad de la participación de los comunistas en el parlamento y afirmaban que la correcta actitud revolucionaria debe centrar en la actividad ilegal. Por parte de los mencheviques, su ala derecha congregada al rededor del periódico Golos Sotsial-demokrata, plagada del pesimismo de las épocas de reacción, empieza a propugnar el abandono de toda actividad ilegal para destinar todas las fuerzas hacia la actividad parlamentaria. De esta manera, los de “Golos” señalaban que era momento de abrir el partido y luchar por legalizarlo, pues el trabajo legal -a su juicio- daba mejores posibilidades y el partido ilegal, bajo estas condiciones, se encontraba “desfasado”; por su parte, los “otzovistas” y “ultimatistas” eran quienes se oponían a cualquier tipo de participación en los organismos legales, sobre todo en las elecciones a la Duma, argüían que en las condiciones de Rusia no se podía desarrollar ningún otro trabajo excepto el clandestino. Lenin define ambas posturas como posturas liquidacionistas, por una parte, la posición de Golos (liquidacionismo de derecha) significaba abandonar la revolución, puesto que sin una organización centralizada y clandestina era imposible sostener la lucha de clases del proletariado cuyo objetivo es la toma del poder; por otra parte, la posición del “otzovismo” (liquidacionismo de izquierda) que significaba apartarse de la lucha de masas, destruir el lazo entre el Partido y ellas, además de perder las oportunidades que la participación en organizaciones legales ofrecía.

“Los liquidadores de derecha dicen que no hace falta un POSDR ilegal, que la actividad debe concentrarse exclusivamente o casi exclusivamente en las posibilidades legales. Los liquidadores de la izquierda vuelven las cosas al revés: para ellos, las posibilidades legales en la actividad del partido no existen; para ellos la ilegalidad a toda costa lo es todo. Tanto unos como otros son liquidadores del POSDR en igual medida, aproximadamente, pues sin una combinación planificada y racional del trabajo legal e ilegal en la situación que actualmente nos ha impuesto la historia son inconcebibles ‘la conservación y fortalecimiento del POSDR’.” (9)

En medio de estas diferencias, aparecerá un grupo de socialdemócratas que van a bregar por la “unidad” del POSDR, este grupo, liderado por León Trotsky, será catalogado por Lenin como una nueva fracción, la fracción de los conciliadores o virtuosos. Trotsky cree -afirma Lenin (10) - que con su llamado a la unidad se pone por encima de las fracciones, y no repara en que con ello está formando ya una nueva fracción. Una fracción es -tal como lo define Lenin- “un grupo de hombres unidos por la comunidad de ideas, creado con el objetivo primordial de influir sobre el partido en determinada dirección, con el objetivo de aplicar en el partido sus propios principios en la forma más pura posible. Para eso es necesario una auténtica comunidad de ideas.” (11) Una fracción es una asociación de hombres al interior del Partido, altamente cohesionados en lo ideológico y político y que combaten por imprimirle al Partido un carácter conforme a su razón de ser. Por ello, en estas circunstancias, Lenin sostiene que la unidad del POSDR se logrará únicamente cuando las fracciones declaren abiertamente sus posiciones y estas se discutan a profundidad, en medio de la lucha de masas que es la que finalmente define. Para nada Lenin pensó en defender la unidad por encima de las discrepancias de principios, por el contrario, a diferencia de Trotsky y Cía., quienes pensaban que la unidad se lograría cuando las fracciones renunciasen a sus diferencias o a su “fraccionalismo”, Lenin exigía, por el contrario, llevar las diferencias hasta sus últimas consecuencias, de tal forma que la unidad que pueda lograr el POSDR sea producto de una lucha consecuente de principios que sirva a la construcción de un verdadero partido obrero revolucionario. Sin embargo, la falta de unidad del POSDR nunca fue motivo para que los bolcheviques liderados por Lenin centraran su actividad en solucionar dichas diferencias solo en el terreno teórico o discursivo, por el contrario, en ningún momento abandonaron la táctica que ya habían sumido, considerando en todo momento que sería la práctica la que finalmente definiría cuál era la línea correcta, por tanto, en aquel momento, la participación en la Duma proseguía a si esto disgustara a ciertos sectores del Partido. Algo muy diferente es lo que sucedió en nuestro país, cuando los insurgentes llamaron a dejar la lucha armada para centrar en un acuerdo de paz, concibiéndose esta nueva táctica no como una lucha contra el Estado, pues abiertamente los documentos del PCP demuestran que se tomaban en cuenta “los intereses de la otra colina”, sino contra los insurgentes que desobedecieron la directiva de los mandos oficiales y decidieron proseguir la guerra. Es decir, mientras Lenin comprendió que la conservación y el fortalecimiento del POSDR sería producto del desenvolvimiento táctico de sus fuerzas, de la lucha consecuente por sus objetivos revolucionarios, en el Perú un sector de PCP asumió que su unidad y fortalecimiento dependía únicamente de una disputa en sus propias filas, sin comprender que un fraccionamiento se debe, tal como lo caracteriza Lenin, a un estado determinado de las masas en una situación histórica dada, y por tanto, el fraccionamiento no se puede superar apartado de la lucha de estas. Así, el llamamiento por un “acuerdo de paz” solo fue visto por las amplias masas del país como un asunto ajeno a sus intereses, mientras que la persistencia en esta nueva estrategia terminó significando el total aislamiento y hundimiento de una organización que había crecido exponencialmente durante los años previos a la detención de su dirección. Ahora bien, retomando la experiencia rusa, el fraccionamiento es algo que en realidad nunca se superó en el POSDR, por más acercamientos que hubo entre los bolcheviques leninistas y los mencheviques “con espíritu de partido” (como los llamaba Lenin) liderados por Plejanov. El fraccionamiento se superó y la unidad del partido obrero se logró solo luego de la revolución de Octubre, aunque para ese entonces la fracción bolchevique ya actuaba como partido independiente, lo cual confirma la tesis leninista de que el fraccionamiento solo es superable en medio de la lucha de las masas, solo la revolución de octubre sancionó cuál era la fracción que encarnó y aplicó de manera más fiel los principios revolucionarios del proletariado, cuál era realmente la “fracción roja”, y una vez dada esta lección histórica, los revolucionarios honestos se agruparon en torno al núcleo bolchevique que se erigió como el verdadero partido del proletariado ruso. Y en realidad, este no es un hecho desconocido para nosotros, pues desde los años 60’s el PCP también pasó por un proceso de fraccionamiento, el cual no se superó por la conciliación de posiciones sino por la depuración paulatina de los sectores ajenos a la organización revolucionaria del proletariado en medio de la lucha de masas, de esta manera, solo fue un sector, que en el transcurso de sus acciones armadas asumió el maoísmo, el que desplegó una actividad destinada a la toma del poder, que en medio de dicho proceso consolidó su unidad y alcanzó también su apogeo. Otra es ya la historia de su fracaso, que da lugar a otras reflexiones y a trabajos más extensos. Solo cabe señalar que dichos dirigentes, quienes tuvieron luego que enfrentar nuevamente un proceso de fraccionamiento (“acuerdo de paz” y “proseguir”), y que hoy en día enfrentan otro aún más numeroso (12), parecen haber olvidado algo que en su momento supieron aplicar. ¿Cuál es la causa de este “olvido”? Esto sería parte ya de otra problematización. Hasta acá, vale reconocer cómo se condujeron los bolcheviques en tiempos de repliegue y cómo se condujeron las fuerzas insurgentes en el país.

Esto nos remite a un último punto que no queremos dejar de mencionar: el éxito de los bolcheviques se debe a su persistencia radical en la pureza ideológica y política, algo que Mao va a reafirmar cuando, como dirigente también de una revolución victoriosa, diga:

“El que sea correcta o no la línea ideológica y política lo decide todo. Cuando la línea del Partido es correcta, lo tenemos todo: si no tenemos hombres, los tendremos; si no tenemos fusiles, los conseguiremos, y si no tenemos el Poder, lo conquistaremos. Si la línea es incorrecta, perderemos incluso lo que hemos obtenido” (13)

Lenin y los bolcheviques fueron siempre defensores cabales del marxismo como teoría de la revolución y sabían que el éxito de esta dependía del afianzamiento de los cuadros en esta teoría. No solo en filosofía, sino en todos los aspectos, los bolcheviques se preocuparon por su fidelidad a las enseñanzas de Marx y, sin pretender originalidad alguna, fueron finalmente los verdaderos desarrolladores del marxismo. Lenin y los bolcheviques eran caracterizados por sus detractores como dogmáticos, pues fueron opuestos a cualquier forma de eclecticismo y hacían reparos minuciosos a cada posición o frase que se propalaba en el medio revolucionario. Una reciente nota en el medio de prensa ruso RT señala que Lenin se caracterizaba por tener pocos amigos, pues era una persona que ponía en discusión absolutamente todo hasta lograr la más absoluta claridad (14), posiblemente a esta cualidad de Lenin se deba la fortaleza del núcleo bolchevique, fracción que llegó a tener tal unidad que le permitió liderar la revolución que marcaría el siglo XX. Esto es una lección de cómo se debe constituir aquella fracción que apunte realmente a dirigir una revolución. Lenin sufriría de esa “enfermedad” que Abimael Guzmán les adjudica a los intelectuales, la “argumentitis” y “debatitis” (15). A lo largo de su vida política, a Lenin lo acusaron de ser un personaje muy teórico, pues reparaba en gran medida, diferenciándose de los otros líderes, en los asuntos doctrinales y de principios. Como se puede ver en su biografía y en sus enmiendas y acotaciones a los congresos y conferencias del POSDR, la prioridad de Lenin siempre era la cuestión doctrinal, el tema de los principios generales rectores del movimiento revolucionario, y dejaba en un segundo lugar las “tareas inmediatas”, aquello que siempre exigían poner en primer lugar los “economistas” (16) en sus distintas variantes. Solo gracias a una preocupación excesiva de Lenin y los bolcheviques por saber el marxismo, defenderlo y aplicarlo de la manera más pura, es que tal núcleo se convirtió en el consolidado de hombres capaces de guiar a las amplias masas obreras y campesinas de Rusia. Es precisamente en la búsqueda de esta pureza que Lenin siempre va a estar en minoría, pero teniendo a la historia de su parte. Esta búsqueda de la pureza, que no se debe entender como dogmatismo -pues “pureza” u “ortodoxia” no significa para nada una estrechez de horizontes en el estudio e interpretación de la realidad, tal como, por ejemplo, lo demuestra Mariátegui al comprender la importancia que podía tener el psicoanálisis para el marxismo-, era el sostén del fraccionamiento, condición a la que Lenin nunca renunció bajo un llamado abstracto a la “unidad” puesto que, en el fondo, renunciar al fraccionamiento en esas condiciones era renunciar al marxismo mismo. De Lenin y los bolcheviques debemos aprender su abnegada dedicación al estudio riguroso del marxismo al que debieron sus éxitos de interpretación de la realidad, pues, ¿cómo interpretar la realidad desde un punto de vista marxista si no se conoce lo que realmente es el marxismo como doctrina de Marx y Engels (17)? Cuando Lenin hacía un llamado a que el estudio esté ligado a la lucha de clases, nunca hacía referencia a un empirismo vulgar, como es lo que sostienen hoy en día casi todas las fracciones maoístas en nuestro país (18), cayendo en el más burdo empirismo.

En consecuencia, podemos destacar estos tres aspectos importantes dentro del bolchevismo que hicieron posible su victoria en 1917. Cabe señalar que no los considero de ninguna manera los únicos factores de dicha victoria, sino solo algunos de los que podría mencionar. Creer que el éxito de octubre se debió a un accionar de un año o de algunos más, es caer en el más superficial de los análisis. El éxito de los bolcheviques, como bien lo he visto planteado en algunos manifiestos de estos días, fue producto de su firmeza a lo largo de toda su historia, pero considero que más importante fue el saber conducirse en las épocas de repliegue, lo cual sentó las bases para llegar al auge revolucionario en las mejores condiciones, tanto ideológicas como orgánicas. Por este motivo, pasar de ser una minoría a ser una mayoría indiscutible, era cuestión del devenir histórico. Tenemos, entonces, que los bolcheviques:

1) Supieron pasar de inmediato de una forma de lucha a otra, dejaron la lucha armada por la lucha política sin armas de la manera más adecuada a los intereses de la clase obrera. En ningún momento fueron partidarios de la inmovilidad de sus fuerzas ni de la continuidad irreflexiva de las formas de lucha.

2) Llevaron hasta sus últimas consecuencias el fraccionalismo en búsqueda de construir un núcleo partidario que aplicara con la mayor fidelidad los principios revolucionarios del proletariado. No se espantaron de la disgregación de las fuerzas, ni buscaron una unidad conciliadora, sino que desplegaron una feroz lucha en todos los frentes (derechistas e izquierdistas) contra todo lo que se apartaba de la línea revolucionaria marxista. Es, entonces, lo que se tiene que hacer en tiempos de reconstitución: dejar de lado la conciliación y la unidad bajo medidas administrativas (sujeción), y expresar abiertamente las diferencias, discutiendo cada medida, cada detalle, cada frase que represente una desviación de los ideales revolucionarios de la clase obrera.

3) Encarnar en su forma más pura el marxismo, lo cual comprende un conocimiento cabal de su cuerpo doctrinal. Ser enemigos irreconciliables del empirismo y del estudio apartado de la práctica. Para Lenin la “argumentitis” y “debatitis” no fueron nunca una enfermedad, sino algo sumamente necesario para defender el marxismo, lograr aprehenderlo en toda su pureza y aplicarlo en toda su verdad. Lo que Lenin criticaría, más bien, serían las enfermedades -como lo vi una vez en las redes sociales- del “dogmatitis” y “empiritis”.

Estos factores hicieron posible que, luego de 10 años de repliegue político y militar de las fuerzas revolucionarias, Lenin y los bolcheviques llevaran la revolución proletaria a la victoria, construyendo la primera nación socialista del mundo (19) e inspirando las futuras revoluciones socialistas y las luchas de liberación nacional del siglo XX. Una correcta línea ideológica y política convirtió en 10 años el fracaso de 1905-1907 en la victoria de 1917. Por parte de las fuerzas insurgentes en el Perú, vemos cómo una errada línea ideológico y política, a 25 años de su fracaso, no ha podido hasta hoy revertir su condición de aislamiento y debilidad política. Mientras los bolcheviques participaron inmediatamente en la Duma convocada por el Zar, en el Perú, el sector maoísta partidario ahora de la lucha política sin armas, esperó casi 20 años para asumir tal labor, y mientras el mismo año de la Duma los revolucionarios rusos ya tenía tribunos del pueblo en el parlamento, en el Perú los ex-insurgentes hasta hoy ni consiguen su inscripción en el Jurado Nacional de Elecciones. La experiencia rusa nos da la más grande lección de todas: distinguir una línea justa y correcta de una línea errónea.

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Referencias

(9) Palabras de Lenin en la Conferencia de la redacción ampliada de “Proletari”, 8 – 17 de junio, 1909.
(10) V. I. Lenin. La nueva fracción de los conciliadores o los virtuosos, 1911.
(11) Palabras de Lenin en la Conferencia de la redacción ampliada de “Proletari”, 8 – 17 de junio, 1909.
(12) Dentro de los que asumieron un llamado para detener las acciones armadas, hay sectores que en los últimos años han manifestado abiertamente su discrepancia de principios con la dirección de Abimael Guzmán y Elena Yparraguirre y hacen un llamado a hacer un balance crítico del proceso de “guerra popular”. Estos sectores se han declarado a sí mismos como “fracciones” en el seno del PCP.
(13) Mao Tsetung. Charla sobre el asunto Lin Piao, 1971.
(14) Véase: https://actualidad.rt.com/actualidad/234269-lenin-revolucion-rusia-bolcheviques
(15) A. Guzman y E. Yparraguirre. Memorias desde némesis, 2014.
(16) Para quienes no están muy familiarizados con los textos de Lenin, los “economistas” fue una corriente a inicios del siglo al interior de la socialdemocracia rusa que postulaba que el movimiento obrero debía de centrar en la lucha por reivindicaciones económicas, puesto que de estas luchas emergería la conciencia de clase revolucionaria. Lenin desbarata todas las posiciones del “economismo” en su publicación titulada “¿Qué hacer? Problemas candentes de nuestro movimiento” de 1902.
(17) Hoy podríamos decir, la doctrina de Marx, Engels, Lenin, Stalin y Mao. En el Perú, indiscutiblemente, la doctrina que trajo y adecuó a nuestra realidad José Carlos Mariátegui.
(18) Salvo ciertas excepciones que, siendo autocríticos, reconocen que el PCP descuidó vulgarmente la formación teórica de sus cuadros, y ahora buscan resarcir esa limitación.
(19) El primer estado de la dictadura del proletariado fue -a juicio de Marx y Engels- la comuna de París (1871).

La Primera Parte del artículo se puede leer aquí.