Escribe: Alberto Manzanares
Martes, 09 de Noviembre del 2021
Para el plagiario y tahúr político, César Acuña, esta realidad desestabilizadora no existe. Por eso dijo a nombre de toda la derecha peruana: “En 100 días hemos tenido un gobierno sin rumbo”.

El inicio del gobierno de Pedro Castillo se asemeja a un zarpar cuando las olas han crecido y la mar se ha puesto brava. Ahí el naufragio pudo ocurrir en la salida misma, como en estos 100 días. Para que tal naufragio ocurriera en la salida, la oposición de extrema derecha dio de largas a la aceptación de los resultados. Y azuzó a una tropa cargada de odio, justamente, para poner a cubierta su complot de reuniones secretas y cofradías. En la evaluación que le han dictado sus torvos asesores, para el plagiario y tahúr político César Acuña, esta realidad desestabilizadora no existe. Por eso dijo a nombre de toda la derecha peruana: “En 100 días hemos tenido un gobierno sin rumbo”.

No ocurrió tal naufragio debido a que una parte de quienes llevaron al poder a Castillo, comprendieron lo que se juega históricamente; y la magnitud de la oposición política. Y lo hicieron también a pesar del izquierdismo. De aquel que quiere ver las cosas hechas, sin intermediaciones; e incapaz de atisbar los peligros.

Castillo vio con incredulidad y reaccionó al fin ante la realidad de que su auspiciosa asunción el 28 de julio se esfumaba con el gabinete Bellido; y con los desaciertos del ala parlamentaria conducida por los hermanos Cerrón. Tuvo que tomar, en su momento, medidas que significaban concesiones. Pues éstas pueden presentarse así, cuando se han adelantado pasos que han resultado contraproducentes.

El señor Vladimir Cerrón pretendía estar conduciendo desde el twiter un proceso revolucionario. Había asumido el papel del Gran Corregidor, que enarbolaba el llamado I Congreso; y a su Ideario como el nuevo catecismo. Esos errores, como lo apuntan analistas de diversas tendencias, significaron la pérdida del poder que el cerronismo tenía en el Ejecutivo, y su trasvase hacia los caviares. Sus errores se redondearon con los 16 votos junto con la extrema derecha en la reciente investidura del gabinete.

100 días después, y sólo capeando este tramo lleno de peligros desde fuera y desde dentro, Castillo ha avanzado en posicionarse. Es cierto que el asedio caviar está a todo tren: Provee de insumos a la extrema derecha para que ataque a Castillo, y busca capitalizarlos para su objetivo de copar todo el Ejecutivo. Pero, de todos modos, Castillo tiene un buen margen de manejo, apoyándose en el ala magisterial (contra la que apuntan, con odiosidad macartista, La República y H13, a pesar del esclarecimiento que han hecho Sinesio López y otros).

Es cierto que el movimiento popular que apoyó a Castillo hoy está dividido. En parte por la acción socavadora del cerronismo. Pero también por las pésimas señales que ha venido dando Castillo; sus dudas y vacilaciones. Está entre sus errores la selección de gente de dudosa reputación. Gente con falsas acreditaciones y falsas experiencias de servir al pueblo que se ha colado en la segunda vuelta (muchas masas del interior señalan el respaldo a ese ventajismo como "más de lo mismo”). Castillo, corrigiendo esos gruesos errores, conserva aún el poder de volver a unir al vasto sector que lo llevó al gobierno. Incluido a Perú Libre. Para ello debe actuar rápido y bien.

Pero ha ocurrido algo grave en el último tramo, luego del problema del ministro de Defensa, aún por esclarecer. A través de la Cancillería, Pedro Castillo acaba de adherirse a la postura yanqui de desconocer las elecciones en Nicaragua. ¿El presidente ha estudiado el tema? De hecho, esa posición es la misma de la izquierda burguesa o caviar; una parte de ella, bien sabemos, es lacaya de EE. UU (Léase el editorial de La República, 9/11/2021). Por lo menos, en política internacional, Pedro Castillo, ―a pesar que fue a la Celac― se ha puesto a la derecha de la Hoja de Ruta de Ollanta Humala. Y con este error no hace sino profundizar la división y aumentar el rechazo en importantes sectores del movimiento popular. Cuanto menos, debió de mantener una postura de suspenso y reflexión, en tanto él mismo se esclarecía de qué ocurre en Nicaragua. Este ha sido el peor error de su gestión; producto de una supina ignorancia y una falta de respeto a la historia de lucha de Latinoamérica. Debe corregirlo en el acto.

De momento, hasta antes de esta nefasta decisión, tres avances concretos se destacaban como resultados o acciones favorables hacia las masas. Primero, la campaña de vacunación. La tasa de infectados y de mortalidad ha bajado sustancialmente. Debemos estar alertas a acciones como la del siniestro operador de las grandes farmacéuticas, Elmer Huertas. Éste anuncia, otra vez, en clave Anthony Fauci, que vendrán tiempos peores (para seguir inoculando miedo); y para que sigamos pensando que la única manera de vivir es esperando la nueva cepa asesina y la nueva vacuna.

En segundo lugar, aunque de más relativa importancia y eficacia, están los bonos. No somos muy afectos a los bonos (ni a la retórica barata, oenegera, de la “inclusión digital”). Es preferible, como lo han sostenido algunos economistas, el reparto de canastas de alimentos a los sectores más golpeados y empobrecidos. Eso ayudará a dinamizar la economía, comprando a los medianos y pequeños productores y demás.

En tercer lugar, está la Segunda Reforma Agraria. Es aún germinal, pero es lo que tiene, hasta ahora, mayor perspectiva para la producción nacional y la generación de fuentes de trabajo. Este debe ser un movimiento ascensional para beneficiar con semillas, tecnología, caminos, canales, a los millones de productores agrarios. Pedro Francke debería separar los recursos para el agro; y dejar de pensar en quedar bien con el FMI.

No tenemos muy claro el asunto de mayores impuestos que afectarán desde los medianos empresarios hacia arriba. ¿Impuestos como pieza de recambio a la gran bandera de la Nueva Constitución? ¿Para más bonos? Las masas no quieren bonos, quieren trabajo. Aquí no vale el argumento de que EE. UU lo ha hecho así; o el FMI nos sopló la pluma. Algo similar ocurrió en la Nicaragua de Ortega. Y Daniel Ortega se vio enfrentado a un vasto sector que hasta entonces era favorable o neutro. El gran tema que Castillo debe relanzar es el de la renegociación de los contratos. Esta insistencia de Perú Libre, es correcta. Y es más válido insistir en ella, ahora. Será además un puente para retomar el trato con PL en un escenario más horizontal y de respeto mutuo.

Castillo tiene además dos tareas para cumplir su función de Estadista en ciernes. La primera es empezar a dar conferencias de prensa, de menos a más. Estamos seguros de que va a aprender a manejarlas. Que no se preocupe de los errores gramaticales o de dicción. Sus asesores deben cumplir un papel en preparar tales conferencias. Debe aprender a desprenderse de las formas elusivas, difusas, que van denotando una falta de franqueza (esos ceses de funciones o despidos por wasap, o por El Peruano, son expresión de ello). La honradez va de la mano con la franqueza y la lealtad, compañero Castillo. El trato respetuoso y diplomático es expresión de alta política, no de debilidad.

Asimismo, como segunda cuestión, debe modificar su estilo reactivo. Debe dar mensajes a la población, de manera propositiva. Para ello, consideramos, Castillo debería contar con data en tiempo real ―unos monitores donde el territorio peruano y las áreas del gobierno se muestren―, que le haga visualizar cómo van las obras y acciones de su gobierno. Con ese apoyo de datos concretos, podrá matizar sus comentarios, que vayan moldeando y transmitiendo la visión o la imagen totalizadora del Perú que pretende; y cuyos asuntos los tiene muy claros (Educación, Salud, Trabajo, Agricultura, Vivienda, Cultura, Lucha contra la corrupción). En ellos debería incluirse las cuestiones del cambio climático, empoderamiento femenino, discapacitados, etc.

Pero hay un tema de fondo que ya está maduro para sacarlo a flote. El de Nueva Constitución. Pedro Castillo no sólo debe ser un defensor pugnaz y desafiante de la renegociación de los contratos. Sino y sobre todo debe convertirse en el propugnador principal de una Asamblea Constituyente y de una Nueva Constitución. El pueblo viene cumpliendo su papel, pero el líder debe ponerse a la cabeza. No por eludir la cuestión y por esconder el bulto, abandonará el sistema y su mayoría parlamentaria, su complot golpista. Es al revés. En la medida que levanta esta gran bandera y recupera apoyo de las amplias masas, es posible conservar el poder y desarrollarlo.

Sólo un cambio constitucional hará realidad el poderoso lema: No más pobres en un país tan rico. Fue tal mensaje lo que movió a la mayoría de esos casi 9 millones que lo apoyaron en segunda vuelta ¿Volver a elevar esta bandera provocará olas y turbulencias; acusaciones e histeria? ¿Julio Velarde se jalará los últimos pelos? ¿Nelson Shack despertará de su hibernación? ¿El Defensor del Pueblo, saldrá de su escondrijo para armar alborotos? Claro. Pero con apoyo de las masas movilizadas por el grito de batalla de ¡Nueva Constitución, ahora!, se podrá llegar a buen puerto. ¿Y si el Congreso se atreviera a vacarlo? Pues, bien simple. Cerraremos el Congreso y revertimos el golpe parlamentario.

Han sido 100 días difíciles para poder zarpar hacia buen puerto. De logros concretos ―y errores garrafales―, y sobre todo de aprendizaje para dominar, sobre la marcha, la cuestión del poder en el Estado. O, si se desea, en clave campesina: Fueron los días de los primeros surcos roturados y las primeras semillas.

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