Escribe: Antonio Rengifo Balarezo
Domingo, 22 de Abril del 2018
Cuando uno visita la Facultad de Letras y Ciencias Humanas en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos descubre las imágenes, en una vitrina, de algunos insignes personajes de dicha alma máter. Entre ellos destaca Alfredo Torero Fernández de Córdova (Huacho/Perú 1930 – Valencia/España 2004), el entrañable docente, considerado el fundador de la Lingüística Andina en el Perú. El auditorio principal de dicha facultad también lleva su nombre. Sin embargo, como César Vallejo, Alfredo Torero se vio obligado a dejar el país y morir en el exilio, sin dejar de amar y pensar en el Perú. (Braulio Morante)

Desde Febrero-Marzo de 1990 Alfredo había dejado de ser Vice-Rector Administrativo de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos; situación propicia para su captura. El operativo policial se realizó el 19 de Setiembre. En los oscuros y pestilentes calabozos de la Dirección Nacional contra el Terrorismo (DIRCOTE) permaneció los 15 días reglamentarios sometido a un interrogatorio “científico”. Luego de los 15 días en DIRCOTE estuvo internado en la Clínica Maisón de Santé en calidad de detenido y con vigilancia policial.

Los amigos leales, que no son muchos, más aún en estos casos, nos apersonamos a la Av. España para averiguar sobre su situación y prestarle nuestros servicios. Así como también cuando estuvo hospitalizado.

El renombrado historiador de la Universidad de San Marcos, Pablo Macera logró –a través de una persona que él conocía- una entrevista con el juez que seguía el caso de Alfredo. Por haber acompañado a Pablo Macera fui testigo presencial y doy fe del diálogo que se suscitó entre ellos. Luego de que el juez escuchara a Macera abogar por su amigo le respondió: yo no he encontrado ninguna prueba contra el Doctor Torero, yo voy a decretar su libertad. Pero no puedo garantizar lo que ocurra en el futuro en otra judicatura, otro Juez puede decidir algo totalmente opuesto.

Para nosotros fue una grata sorpresa haber conocido a un juez con amplia cultura y sensibilidad humana. Pusimos en conocimiento de Alfredo lo que había dicho el juez. Al recobrar su libertad recurre al exilio para preservar su vida. El pronóstico del juez se cumplió. Mediante resolución de fecha 5 de julio de 1991, el Juzgado Especial de Terrorismo de Lima, abrió instrucción contra varias personas –entre ellas, Alfredo torero- por delito contra la Tranquilidad Pública, terrorismo en agravio del Estado. Felizmente, ya Alfredo estaba exiliado, se salvó de ser asesinado.

Los capturados junto con Alfredo y sindicados como dirigentes del PCP-SL fueron exterminados en la Tercera Masacre de los Penales ocurrida entre el 6 y 9 de mayo de 1992 en el Penal de Castro Castro, el Operativo “Mudanza I”

Poco antes de partir al exilio para eludir la persecución política y salvar su vida, nos contó que cuando rescató su carro de la DIRCOTE intentaron asesinarlo, pues le dispararon desde un puente peatonal de la vía expresa y a su auto le habían sacado algunas tuercas del aro de las llantas delanteras.

Cuando Alfredo partió al exilio tenía un reconocimiento académico internacional. Por tal motivo, y ya en el exilio, fue acogido como docente e investigador invitado de las universidades de Valladolid, Valencia y Salamanca, del Instituto Cervantes, Alcalá de Henares-Madrid, España. Netherlands Institute for Advanced Study (NIAS), Wassemaar. Holanda. Universidad de Bonn, Alemania, Universidad de Leiden, Holanda. Centro Nacional de Investigación Científica (CNRS), Francia. Universidad de Paris V (René Descartes). Y otras...

Sobrevivió exilado en Amsterdam

Yo pensé que Alfredo iba a morirse rápidamente en el exilio, consumido por la nostalgia debido a su profundo arraigo al Perú y especialmente al Perú quechuahablante. Si se hubiera quedado en nuestra patria habría muerto masacrado en la prisión como les sucedió a tantos otros compatriotas bajo la dictadura de Alberto Fujimori. Felizmente, para el pueblo quechua, no ha ocurrido ni lo uno ni lo otro. Alfredo sobrevivió. No he dicho felizmente para él; porque Alfredo, hombre de principios, sabía arriesgar su vida por un ideal.

Lo ayudó a sobrevivir la esperanza de retornar a la patria y su instinto de investigador. Una de las glorias del profesorado sanmarquino a quien Arguedas consideraba con autoridad para corregirle sus traducciones del quechua, continuó investigando en el exilio.

Anidé nueve años el deseo de visitar a Alfredo. Hasta que un suceso inusitado me condujo a Lovaina y aproveché para ir a su encuentro en Ámsterdam. Me recibió en la estación del tren con su sonrisa de siempre, entre dulce y tímida con la permanente esperanza de retornar al país y la satisfacción de haber concluido de redactar un libro. Lo observé con un ligero aumento de peso (lo cual era positivo en él).

Se había resistido a aprender el idioma holandés –y con ello obtener algunos beneficios- porque eso le hubiera significado, según sus palabras, enraizarse en Holanda y perder las esperanzas de retornar a su querido Perú. Sin embargo, a nuestro eminente lingüista que ostentó los más altos grados académicos y que dictó cátedra e investigó en las principales universidades europeas, le esperaba una lóbrega prisión si hubiera retornado a su patria. Y esa espada de Damocles se mantuvo afilada aunque el régimen sanguinario y corrupto de Fujimori hubiera sido cambiado por el del presidente Toledo. ¡Qué tal paradoja! Por decir lo menos.

El gobierno holandés, prevenidamente, le había proporcionado un bastón de ciego porque su visión estaba limitada. A pesar de ello Alfredo me esperó en la estación del tren de Amsterdam sin el bastón. Y, ya en su casa, noté que usaba computadora. (¡Ese Alfredo, no se rezagaba!) Me dijo que la limitación de la visión era una secuela de la presión ocular y del tiempo que estuvo vendado en la Dirección contra el terrorismo en Lima (DIRCOTE).

Aun en condiciones adversas permanecía inquebrantable, enhiesto a sus 71 años. Se mantenía actualizado con lo que sucedía en nuestra patria. Todo un día con su noche conversamos, sinópticamente, de todo; hasta de asuntos personales, íntimos. (Sus amigos sabemos que era un insomne consumado). Dispuse únicamente de un día para visitarlo por razones ajenas a mi voluntad. Al despedirse me dijo en broma que le avisara como estaba la situación en el Perú; porque si no era favorable a su retorno le haría “ojitos” a su vecina, una simpática holandesa que vivía sola. También me encargó que viera la situación del juicio que le había abierto el Estado.

Como dijo Mariátegui: los afines se juntan. Esto ocurrió entre Alfredo y el exilado uruguayo Roberto Cedrés. Surgió una amistad entrañable. Ambos eran idealistas y generosos; además, se admiraban mutuamente. Cedrés contribuyó a que Alfredo se instalara sin mayores problemas. Tuvo la feliz iniciativa de realizar una larga entrevista filmada a Alfredo poco antes de su fallecimiento, pues Alfredo sabía que su muerte era inminente. De esta manera Alfredo tuvo la oportunidad de relatar su prodigiosa vida y obra urdida con la historia de nuestro país y despedirse de manera esperanzada. Permaneció 12 años en el exilio. Falleció el 19 de junio de 2004.

Poco antes que partiera de Ámsterdam hacia Valencia donde eligió morir y tenía una hermana y amigos, sostuvimos una conversación telefónica de cerca de una hora, habló de muchas cosas, pero menos de su enfermedad; no expresó ningún asomo de queja. Al final, me dijo: me siento algo fatigado, me despido un abrazo Antonito. Hasta para morir supo tener dignidad.


Alfredo Torero y Roberto Cedrés (de pie) en la casa de Alfredo. Amsterdam (Foto: Yolanda Sala)

A Alfredo le presenté epistolarmente a mi amiga Yolanda Sala Baez. Ella había estudiado antropología en la Universidad de San Marcos y vivía en Bélgica en donde oficiaba de traductora. Cultivaron rápidamente una gran amistad y lo visitó numerosas veces. Según relata Yolanda, Alfredo pidió que sus libros se donaran a nuestra universidad. Hasta el final su mente estuvo en San Marcos.

Continúa Yolanda: Recogimos las cajas con sus libros de Ámsterdam y las entregamos a la embajada peruana en Bruselas para que se enviaran a Lima. El apoyo del embajador Urrutia fue invalorable en estas gestiones. Sin embargo, por decisión de los herederos legales de Alfredo, esos libros están en el hogar de sus hijos.

También Yolanda ha relatado que Roberto Cedrés quería venir a Lima a presentar su video en San Marcos y cumplir así con la voluntad de su mejor amigo. La organización Solidaridad Latino en Bélgica reunió los fondos para ese viaje pero el rector de San Marcos, entonces Manuel Burga, no autorizó el homenaje que se le estaba organizando a Alfredo Torero.

El viaje de Cedrés se canceló y la película quedó en Holanda desde el año 2005. Roberto preparó entonces un inolvidable programa radial de homenaje en el primer aniversario del fallecimiento de Alfredo Torero y, con el fondo de quenas y zampoñas, difundió la despedida de Alfredo. En ese programa Roberto lamentó ver tanta envidia y tanto miedo en nuestro país; no comprendía cómo un hombre de la inmensa talla moral y académica de Torero podía ser maltratado en una universidad de trayectoria contestataria y valiente.

Yo regresé a mi país en el 2010 y en mayo de 2011 me llegó un correo de Uruguay. El sobrino de Roberto, Gustavo Cedrés Abella, me informaba que su tío me quería hacer llegar la filmación. Retomé el contacto con Roberto y fue así que me enteré de que se hallaba enfermo de cáncer.

Roberto me encargó entonces que hiciera lo posible porque su película no fuera también exiliada y al recibirla me dirigí a los que podían convertir esta muestra de amistad en un documental: Federico García y Pilar Roca; quienes, rompiendo records de tiempo, y economía de costos, convirtieron el testimonio fílmico en una obra de arte. Este documental alterna la difusión científica de la trascendental obra de Torero con la trayectoria política que Torero mismo nos narra, en un contrapunto siempre ágil que constituye un ejemplo de profesionalismo y ternura.


El documental, de una duración de 63 minutos, se estrenó en Huacho el jueves 25 de agosto del 2011 en el XVII Congreso Peruano del Hombre y la Cultura Andina y Amazónica, que llevó el nombre de Alfredo Torero Fernández de Córdoba.

Cabe destacar el empeño especial del presidente de la comisión organizadora, doctor Filomeno Zubieta Núñez, que además asumió la tarea de publicar un compendio de artículos de Alfredo Torero para proteger y difundir su legado lingüístico.

Pocos días después, el 31 de agosto, cuando Yola Sala estaba por enviarle la película a Roberto Cedrés, su sobrino le comunicó la triste noticia que su tío Roberto había fallecido en Ámsterdam.

El viernes 9 de setiembre del 2011 se presentó en la Casona de la Universidad de San Marcos la versión editada del documental con la asistencia de más de 100 personas, entre ellas varios de los entrevistados en el film y otros distinguidos concurrentes. La película está en Youtube: http://www.youtube.com/watch?v=WsQO2vhJNv8

Un ejemplo de resiliencia

Alfredo era un ejemplo paradigmático de resiliencia. Tenía un gran poder de recuperación y superaba las limitaciones. El ejemplo a la mano: los nueve años en el exilio que ya llevaba en el 2005 cuando nos reunimos por última vez. No se arredraba ante las empresas difíciles. Todo lo que logró le costó un gran esfuerzo.

Cuando los jóvenes con aspiraciones profesionales postergaban la edad para el matrimonio, él se casó, tan igual como lo hacía entonces un obrero o un joven de mi barrio populoso, la Unidad Vecinal Nº3. Estudiando Derecho en San Marcos enamoró a Anita Navarro y se casaron. Asistían a la universidad llevando a su hijo (En la universidad no había guardería infantil, como tampoco la hay ahora.).

Luego de concluir sus estudios en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (1950-1956) partió a París sin beca, con su esposa, Anita Navarro, y dos hijos pequeños. Trabajó en la Agencia France-Press de 1961 a 1965. Antes lo había hecho en Lima. En Paris tuvo como compañero de labores a nuestro máximo cuentista: Julio Ramón Ribeyro. Simultáneamente estudió una Licenciatura de Letras en la Universidad de París (Sorbona) de 1960 a 1963 y el Doctorado en Lingüística, en la misma universidad de 1963 a 1965. El enorme esfuerzo desplegado le produjo un surmenage. Sin embargo, obtuvo el título de Doctor en Lingüística en 1965, con la tesis: Le puquina, la troisième langue générale du Pérou bajo la dirección de André Martinet (grado convalidado en el Perú por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos).

En 1964 aparece su primer artículo "Los dialectos quechuas", en la revista Anales Científicos de la Universidad Agraria. Como lo ha dicho el mismo Alfredo: condensaba ya en él unos veinte años de investigación. Ahí aparece el primer mapa lingüístico del Perú. Ese artículo, realmente, sorprendió. Es un artículo subversivo. Dejemos que el mismo autor nos lo diga: Como en la época se tenía al quechua como el idioma extendido por los incas desde el Cuzco y al habla cuzqueña como la única 'pura'; y, en las conclusiones de mi artículo se sostenía, en cambio, que el quechua se había originado en la costa central, en torno a Lima, y que el habla cuzqueña era un dialecto tan 'puro' como el ancashino o el huanca, o cualquier otro.

(Algunas veces los grandes descubrimientos o los aportes al conocimiento no aparecen bajo el formato de un libro. Basta un artículo, como lo hizo Alfredo. O un simple folleto, como el del médico rural inglés Edward Jenner con el que trasmitió su trascendental descubrimiento, hace ya más de doscientos cincuenta años: la vacuna contra la viruela).

Docente carismático

Concluidos sus estudios en París, retorna a Lima y se incorpora a la actividad docente en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos 1965-1992. Y en la Universidad Nacional Agraria La Molina, 1965-1972. Fue un profesor carismático, con influencia en el alumnado. Frecuentemente estaba rodeado de alumnos, que luego devenían en amigos y frecuentaban su casa. Recuerdo a Angélica Aranguren e Isabel Gálvez de San Marcos; de la universidad nacional agraria La Molina a Francisco Bazo, Nelson Manrique, Fano, Susana Uzátegui, Darío Alejandro Benavides Loayza y Alberto Gálvez Olaechea. Pancho Bazo estuvo requisitoriado un tiempo y se exiló, Susana partió a Santiago de Chile al asumir el gobierno Salvador Allende, luego del sangriento golpe militar del general Pinochet se enrumbó hacia Nicaragua; Darío fue a Buenos Aires para integrarse a la guerrilla urbana que luchaba contra la sangrienta dictadura de Videla y murió en acción de armas; Beto Gálvez se integró muy joven al MRTA y –cuando fue escrito el presente artículo- llevaba 23 años en prisión. Nelson Manrique es un destacado sociólogo. Otra joven a quien Alfredo le tenía mucho cariño y le dispensaba un trato paternal fue Cecilia Oviedo, quien fue empleada del Ministerio de Comercio y Secretaria General de la Confederación Intersectorial de Trabajadores Estatales (CITE) por los años 1982-1983; poco después, tuvo que verse forzada a exilarse en México.

Una vez le dije en broma a Alfredo: ya sé la clave explicativa de tu gusto por la universidad y de que aún no te retires, pues he observado que cuando te encuentras rodeado de alumnas, el azul de tus ojos se intensifica.

Alfredo era un maestro de estilo peripatético, caminando o paseando, irradiaba conocimientos a sus alumnos y amigos. De esta manera, lo hemos disfrutado. Al respecto, recuerdo que una vez invitó únicamente a Cecilia, mi conviviente en ese entonces, y a mí, a pasar la noche de Año Nuevo en la casa de la arqueóloga sanmarquina Ruth Shady, que en esa época era su pareja. Luego de los abrazos y del brindis con un licor de jengibre (kion) que elaboraba su hermano Domingo, y cuando Ruth y Cecilia se recostaron en los muebles para dormir, salimos los dos a caminar al parque del frente de la casa y amanecimos “conversando”; mejor dicho, yo solamente escuchaba y de vez en cuando lanzaba una pregunta.

Recuerdo que cuando cinco hijos estaban pequeños, Alfredo frecuentaba mi casa y - medio en broma y medio en serio- decía que la sala de mi casa se parecía al Arca de Noé y a las clases en San Marcos porque mis pequeños hijos estaban presentes alterando el orden e interrumpiendo las conversaciones y no solo eso sino también hasta opinaban de manera diversa sin ningún reparo y sin el control de Lourdes, en ese tiempo mi esposa.


Pasados los años, mi amistad con Alfredo se hizo extensiva a mis hijos. Fabiola encinta, en su casa de París; a su lado Alfredo, “chino” de risa. Octubre del 2003

Cuando pasó el tiempo la amistad con Alfredo se hizo extensiva a mis hijos. Tal es así que Fabiola, una de mis hijas, fue a visitarlo en Ámsterdam cuando hizo una gira en un elenco de baile. Después de algunos años se casó y estableció en Paris. Cada vez que Alfredo, ya en el exilio, pasaba por París se alojaba en casa de Fabiola.

El lingüista

Haciendo uso de su conocimiento de lenguas extintas de la Costa Norte se divertía haciendo algunas tretas como si fuera un geniecillo travieso del bosque. Así develó el origen nativo de determinados personajes cuyos apellidos: Llontop, Kapsoli, etc.; no eran del pretendido ancestro europeo. Además, sus conocimientos de los idiomas de los Andes le permitían “adivinar” de qué pueblo de la Sierra eran originarios los migrantes en Lima cuando los escuchaba hablar en quechua. Por tal razón, lo creían “brujo”.

No sólo conocía idiomas extintos precolombinos sino la historia del quechua y del español. En ese sentido, era una autoridad para opinar sobre la correcta escritura de la palabra “Cuzco” que suscita encendidos debates, como también ocurre con la escritura de “Méjico”. Para Alfredo, la capital del Tahuantinsuyo se debe escribir con z, según me lo manifestó en una conversación coloquial. Si su opinión la hubiera hecho pública, habría ocasionado escozor en los cuzqueños antihispanistas a ultranza.

Alfredo ameritaba, por sus contribuciones en Congresos y publicaciones* en nuestro país y en Europa, un sillón en la Academia Peruana de la Lengua; aunque yo creo que a él no le interesaba tal cosa. De sus publicaciones referentes al quechua destaco el libro que apareció en primera edición en 1974 en Lima y la segunda en 1980 en La Habana y que, además, desde hace años es edición agotada: El Quechua y la Historia Social Andina. El libro se divide en dos partes. La primera es para lingüistas y en ella emplea la jerga y la simbología propia de especialistas (por lo tanto, yo quedé fuera de juego). Y la segunda es una sabrosa crónica explicativa de los procesos sociales en donde se combina la etnohistoria, la arqueología y la geografía. Está accesible a cualquier profano. (Debemos aprender el método de exposición alfrediano). Para la referida obra se valió de su conocimiento multidisciplinario, unificado por el enfoque marxista. (A esta modalidad epistemológica, Alfredo la llamaba pensamiento sanmarquino). En los conocimientos de arqueología lo inició su padre; quien había sido un gran aficionado a la arqueología y había caminado desde Barranca hasta Huaral haciendo exploraciones. Caral era conocido como Chupacigarro. (Alfredo supone que en ese asentamiento hacían ofrendas, de ahí su nombre).

Con la publicación de El quechua y la Historia Social Andina se prestigió la Universidad Particular Ricardo Palma (UPRP). En su nota de agradecimiento, Alfredo expresó:

Los trabajos presentados aquí al juicio del lector son producto de investigaciones que hemos realizado desde noviembre de 1972 gracias al auspicio pleno y generoso de la Universidad Particular Ricardo Palma.

Expresamos nuestra gratitud a todos los integrantes de la UPRP –comisión de Gobierno, profesores, alumnos, trabajadores no docentes- por el respaldo y la comprensión que nos han brindado. Agradecemos a los doctores Edmundo Guillén, Mario villarán y Wilfredo Kapsoli por su particular estímulo a nuestra labor. Con la UPRP quedamos en deuda en adelante….

Su actitud de investigador afloraba en cualquier momento. Así ocurrió cuando le dije que viajaba a Chulucanas debido al fallecimiento del papá de mi amigo y extraordinario ceramista José Luis Yamunaqué, me encargó que anotara todos los nombres nativos que figuraban en el cementerio de Chulucanas para entregarle la lista al retornar a Lima.

Con la autoridad que le brindaban sus conocimientos, fue crítico del Instituto Lingüístico de Verano (ILV), entidad evangelizadora yanqui, asentada en la selva y expulsada por el Gobierno de las FF.AA. presidido por el General Velasco. A Alfredo le entregué el informe del Servicio de Inteligencia de las FF.AA. en torno al ILV. (Con el cambio de gobierno, fue restablecida dicho instituto). También el ILV se interesó por el quechua. Es que la lengua puede convertirse en vehículo de penetración ideológica, de desintegración social, si poderes externos, como el imperialismo yanqui, la vuelven contra el propio pueblo que la habla. Sin embargo, el quechua también tiene otra finalidad, como la tuvo para Alfredo:

Mi interés por el estudio del quechua estuvo enteramente ligado a la preocupación por el cambio social y político en mi país. Para participar en tal cambio, tenía que empezar por comprender al Perú en su diversidad y complejidad; y hacia allí estuvieron dirigidos mis empeños desde mi primera juventud. Por ello, no me limité a hurgar en las lecturas y la realidad solamente lo relativo al quechua y a otras lenguas nativas, sino a tratar de entender la tan varia geografía, la historia de milenios, el hervor de culturas y las agudas tensiones sociales que hacen del Perú países mil.

A diferencia de Alfredo, otro lingüista también de la universidad de San Marcos; pero ex becario de Instituciones norteamericanos fue complaciente con sus patrocinadores, ante el Instituto Lingüista de Verano. Cuando Alfredo estuvo en una situación delicada, vulnerable, escribió un artículo en la revista Andina del Cuzco criticando a Alfredo. En cambio, Henrique Urbano, director de la revista hizo un balance del contenido de las publicaciones en ciencias sociales y, con gruesos calificativos, no dejó títere con cabeza. Sin embargo, Alfredo recibió un merecido reconocimiento.

Sensibilidad social

La participación de Alfredo en los movimientos sociales data desde su época de alumno secundario. Cuando estudiaba becado e interno en el colegio Nacional Nuestra Señora de Guadalupe participó en una huelga estudiantil que se transformó en una protesta política. Ya de profesor en la Universidad Agraria La Molina se adscribió a una protesta estudiantil por reformar la universidad y mejorar las condiciones de vida de los obreros de la universidad. Estos trabajadores vivían en condiciones antisociales y las vacas, toros y chanchos estaban confortables e higiénicamente instalados, bien alimentados.. La movilización fue reprimida violentamente; la policía violó la autonomía universitaria y, consecuentemente, Alfredo pasó un corto período en prisión.

En la cárcel era uno de los presos más respetados por los delincuentes. Y no lo era por ser catedrático universitario, pues lo ignoraban; sino porque en el verano los presos permanecían con el torso desnudo y Alfredo en la barriga ostentaba las cicatrices de numerosos cortes. No hacía mucho tiempo que lo habían operado de urgencia y le habían reducido el estómago por una peritonitis que se le presentó. Los presos creían que era un delincuente “ranqueado”. La universidad Agraria perdió su contenido humanista; suprimieron la escuela de sociología y quedó suprimido el curso Movimientos campesinos en el Perú que yo dictaba.


La amistad y el paisanaje trascienden fronteras ideológicas. A. Torero y P. Macera

Cuando fue Vicerrector administrativo de la Universidad de San Marcos (1985-1990)). Alfredo formó una comisión para que asistiera a los alumnos sanmarquinos en prisión con alimentos, medicinas y defensa jurídica.

El sabio distraído

A pesar que Alfredo respondía al estereotipo del sabio distraído, su relación con las mujeres ha ocupado un lugar importante en su vida. Si bien, algunas mujeres le han causado desasosiego, en cambio, otras han sido sus ocasionales hadas madrinas, lo han salvado de situaciones difíciles o le han dado apoyo emocional para sobrellevar los sinsabores de la vida. Alfredo consideraba la amistad como un valor supremo y ha dado muestras de ello.

Cuando anteriormente he dicho que era distraído me refería específicamente a la dificultad que tenía para ubicarse en el espacio urbano. Perdía la noción del lugar en donde se encontraba abstraído en los planteamientos que continuamente proyectaba. Una vez al salir de un supermercado, luego de hacer compras, no recordaba donde había dejado estacionado su auto, creyó que se lo habían robado. “Apareció” el auto luego de medio día de búsqueda. Sin embargo, para otras cosas era “mosca”, como dicen ahora los muchachos.

Homenaje en la Casona de San Marcos

Recuerdo que cuando fueron traídas sus cenizas a Lima de paso hacia el cementerio de Huacho se le rindió un homenaje en la universidad de San Marcos por gestión del historiador Pablo Macera, amigo y paisano. Asistieron las dos Anitas, es decir, su esposa y su hija.

El historiador Manuel Burga, ex rector de San Marcos hizo uso de la palabra para recordar “orgullosamente” la creación de la cátedra de quechua en la universidad de San Marcos en la época colonial. No se daba cuenta que el objetivo era extirpar las llamadas “idolatrías” y suplantarlas por el catolicismo; es decir, colonizar la mente para consolidad la victoria militar del conquistador. En esa época los sacerdotes que sabían quechua recibían mayores estímulos económicos.

Finalizada la ceremonia invité a su hermano Domingo a la cafetería de la Casona. Estaba emocionado y quería hacer mi catarsis, Domingo era la persona más adecuada para tal fin. Le solté las aguas represadas de mis recuerdos con plena franqueza. En uno de los pasajes acotó: Alfredo se enamoraba hasta de la mariposita que pasaba delante de él. Este acotamiento cariñoso y elegante de su hermano no vaya a conducir a equívocos puesto que el amor de su vida fue un Perú integral con pendón socialista.


Antonio en el cementerio de Huacho…

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