Escribe: Alberto Manzanares
Domingo, 30 de Setiembre del 2018
Este 7 de octubre, VOTEMOS VICIADO. Que sea expresión de rechazo y hartazgo ante tanta descomposición, explotación y saqueo. Que sea expresión inicial de la desobediencia civil. Estamos en la lucha por una Nueva Constitución.

UNO
De manera que, con la llamada «lucha anticorrupción» el sistema ha abierto las compuertas de las alcantarillas (o desagües), de ciertas regiones, con objetivos políticos precisos. A prisión sus adversarios; sus corruptos afines, libres. Pero tiene también esta campaña, un propósito de más largo alcance. El resetearse, el aparentar una autolimpieza de sus instituciones. Pretenden vendernos la impresión de que ahí, en la corrupción, están los asuntos de fondo y que de su solución depende la solución de todo lo demás.

Lo graficamos de este modo para desnudar este embrollo. A Toledo, García y Kukzynski, por coima de la Interoceánica, les habrían dado unos 30 millones de dólares (veintitantos a Toledo, a PPK casi un millón, y a García el resto aunque falta precisar). Compárese esta cifra con que el proyecto en su conjunto haya subido de su presupuesto de 1,000 millones de dólares a 4,000 millones. Hay una diferencia de 3,000 millones: ese es el gran robo. Los juicios apuntan, sin embargo, contra la corrupción de la coima, pero callan en la sobrevaluación. ¿De qué hablamos entonces?

Es que la seudodemocracia peruana ―porque, de qué democracia por recuperar nos hablan―, en este caso, ha carecido de legislación para frenar el saqueo de nuestros recursos. Eso mismo, es decir, ese asalto de nuestras riquezas, ocurre con la minería (libre acceso al recurso y no hay control). Se da en la pesca (dicen haber pescado un volumen de toneladas, y depredan criminalmente mucho más). ¿El problema es entonces la coima y la aceitada, o el problema de fondo es el asalto, el saqueo y la expoliación? Están ligados uno y otro, pero ocultan el asunto más grave, centrándose solo en los que reciben coimas.

DOS
Y si vamos más allá. ¿De dónde han extraído sus energías económicas las AFP si no es succionando de ese dinero depositado, porcentajes leoninos contra el aportante? ¿En qué rubro de la lucha contra la corrupción colocamos tal robo? Eso no es robo, al contrario, es legal y legitimo. La «lucha contra la corrupción», entonces no alcanza para el encarar frontalmente los problemas de este país. Es útil, importante, luchar, bregar por llevar a prisión a los corruptos. Que en esa lucha las masas vean donde está el quid de la cuestión, comprendan sus causas profundas. Es mentirles, decirles que sacando a los corruptos (cuyo sinónimo resultaba ser casi solo el fujimorismo), asunto resuelto. Que el señor Vizcarra venda ese humo, es comprensible. ¿Pero las izquierdas parlamentarias?

En regiones como Latinoamérica, en una centenaria situación de dominación, no se han establecido instituciones democráticas verdaderas, que combatieran esta lacra. Ellas mismas son la corrupción materializada. El papel que han cumplido, precisamente, ha sido el de servir al robo y el saqueo. Detonada desde el sistema, la llamada lucha contra la corrupción, pretende destruir el engendro que ha creado y que siguen y seguirán reproduciendo. Lo cual significa poner a cubierta que la madre la corrupción, el origen, está en las condiciones de dominación y en las condiciones de explotación (robo de plusvalía en los obreros y trabajadores en general).

Pero si habláramos solo de este terreno circunscrito. ¿Cuáles son los resultados de su tan cacareada «lucha contra la corrupción» que, en el caso del megaescandalo Lava Jato, estallara en el Perú hace dos años? ¿Qué pez gordo está en prisión? Humala salió, y silencio. Evidente componenda. Pero, por otro lado, se ha convertido en el Perú en un asunto de contiendas. Quién saca al fresco a quien. Quién hunde al rival para copar las instituciones y lavarse la cara.

TRES
Por eso el caso de Odebrecht ―Lava Jato o Petrobras en Brasil―, ha tenido los vaivenes que conocemos. Cuando la fiscalía y el Poder Judicial estuvieron en manos de la facción cuyas cabeza visibles fueron Sánchez-Hamilton Castro, la única señalada fue Keiko Fujimori. Empapelaron a Toledo (que ya estaba a buen recaudo), en tiempos de Alan García, y bajo presión del fujimorismo.

Luego, en sus viajes a Brasil en pos de información, Sánchez-Hamilton ya tenían la coartada de que no cabían preguntas ni por Alan García ni por PPK. Y, diversas fuerzas, incluso de las izquierdas parlamentarias, sostenían que Hamilton era el Juez Valiente, solo porque apuntó contra Keiko Fujimori (como ocurre ahora bajo el mandato de Vizcarra), mientras callaban sobre los guantes de seda hacia las otras bandas. ¿Qué lucha contra la corrupción es esa, que se inclina contra mi adversario y limpia a mis aliados o amigotes?

A estas alturas ya está claro, que el asunto no era solo pedir la salida de Chavarry. Las últimas marchas ―desde su convocatoria oficial― se han movido y se han jugado a fondo, sobre todo, con ese objetivo. Pero, planteado así, eso significa jugar a favor de la impunidad de Lava Jato. El propio Gustavo Gorriti, ha tenido que adoptar una actitud más prudente a este respecto. Ha entendido que si este fiscal activa este caso (que puso en la picota al sistema en su conjunto, y luego fue desaguado), podría prestigiarse. Es evidente que Chavarry es parte de una red que puede apuntar a limpiar a Keiko. Pero no esta claro que sea del jaez de Hinostroza.

En todo caso, lo correcto no es centrarse en este fiscal, sino exigir que se forme una Comisión –aunque eso suena a casi imposible- que extraiga la costra hoy imperante y que nombre a nuevas autoridades. Es un paliativo, claro. Nada garantiza que quienes entren –y es lo más probable-, vuelvan a enterrar Lava Jato y demás. Y hay que decirlo, por lo menos permitirá ver que se requieren soluciones de fondo.

CUATRO
Muy bien, tenemos dos cosas, que están en el sustrato de las izquierdas parlamentarias, por las cuales creemos, han terminado yendo a la cola de Martín Vizcarra: 1) Falta de posicionamiento respecto a los de abajo (tiene que ver con sus posiciones post modernas que niegan las clases sociales y la lucha de clases) 2) Falta de ubicar adecuadamente el problema de la corrupción. De ahí que se dejen ganar la iniciativa y pierdan independencia, jugando al juego del adversario.

No se trata, entonces, de que Martín Vizcarra haya decidido escuchar al pueblo soberano, dando la espalda a Keiko Fujimori. Vizcarra ha decidido dar la espalda a Keiko, porque las cosas se volvieron en contra de esta (sobre todo luego de su operación contra la prensa y la Ley Mulder, y la brecha que, como respuesta, le abrieron con los repelentes cuellos blancos). Vizcarra decidió tomar distancia de Fuerza Popular, cuando se dio cuenta que en las esferas del poder, se gestaba y se necesitaba otra correlación ( lo explicamos en la parte II de esta serie). El fujimorismo, en el parlamento, desestabilizaba su sistema.

Alineado con el sector de la prensa afectado desde el Parlamento, luego con el grueso de los involucrados en Lava Jato y sobre todo con PPK, ha visto conveniente instrumentalizar la indignación popular, ganándole en iniciativa a una izquierda parlamentaria carente de olfato político, de posicionamiento y de voluntad de lucha.

Vizcarra, asimismo, dio por hecho que contaría con el apoyo del quintacolumnismo (al cual, por ejemplo, bastó con moverle el tema de la Derrama Magisterial para arrodillarlo). Y esto, con el objetivo de direccionar la indignación popular hacia otra situación. No a un desenlace de cambio de Constitución, sino para desaguarlo.

CINCO
Empezamos esta serie hablando del Referéndum y sus cuatro proyectos. Es un avance que se entienda que eso ha ido conduciendo a un entrampamiento. Pero falta que se entienda que, como ese entrampamiento no tenía solución claramente favorable, ni para el fujimorismo ni para Vizcarra, necesitaban terminar transando. La transacción habría ya ocurrido, pero a oscuras o en los sótanos.

Un sector de la prensa –Palacios, La República- había estado haciendo porras porque Martín Vizcarra cierre el parlamento si no aprobaba la cuestión de confianza. Se planteó la cuestión de confianza, el fujimorismo tomó el guante. Manejaron el asunto. Quedaron desdibujados, apabullados ante la opinión pública, pero sabían a qué jugaban. Y decidieron un texto y lo votaron donde, efectivamente, no había nada. Hablaba de las dos políticas de Estado que ya habían sido aprobadas en otra legislatura. RMP se quejaba que ahí no se decía que se aprobaban los proyectos. ¿A esta señora le había dado fiebre?

Estos demócratas burgueses de pacotilla no saben ni de su propio ordenamiento constitucional, a pesar de que tienen el cartón de abogados. 1] Están poniendo en cuestión el estatus del parlamento. Si están operando a la sombra de esta Constitución del 93, que defienden a morir, respeten pues sus propias reglas. No es casual que una nota de La República, de una ignorancia mayúscula, se burlara de que el fujimorismo haya afirmado que el parlamento era el primer poder del Estado. Es posible, como lo ha deslizado Enrique Bernales (discrepamos de su actual posicionamiento político), que tampoco Vizcarra lo sepa. No están enterados.

2] Siendo así, el Ejecutivo no puede imponer al parlamento leyes de reforma de la Constitución como lo ha pretendido (también Bernales lo ha aclarado). Y menos con una cuestión de confianza (que Víctor García Belaunde, lo había remarcado, ante la sordera de medio mundo. También lo había objetado García Toma). Por tanto, Martín Vizcarra había dado un paso en falso. No solo obviaba que la cuestión de confianza, rige para asuntos determinados (encima con un reglamento modificado y en disputa en el TC). Pero que, sobre todo, no puede imponer modificaciones constitucionales. Sí puede proponer iniciativas de reforma. Pero es el Congreso quien las aprueba. Y el ejecutivo no puede observar la ley (se entiende, la Ley ya aprobada por el Congreso). O sea, el Ejecutivo no puede pedir leyes a su medida bajo la cobertura de que «el pueblo lo pide».

3] Mucho menos el Ejecutivo podía poner plazos. No se puede argüir―como lo han hecho personalidades de las izquierdas― situación de excepción por el estado de cosas, de pérdida de legitimidad, etc. La situación de excepción, que efectivamente vivimos, demanda exigir, con el movimiento de masas, una Nueva Constitución. Y eso significa construir el escenario para una nueva legitimidad, porque la legitimidad del statu quo, está en cuestión.

4) Y mucho menos podía exigirse que el Congreso aprobara con la cuestión de confianza, el compromiso de que los 4 proyectos («no dos sino cuatro»), habrían que ser aprobados. Peor aun cuando eso significaba hacer tabla rasa del fuero parlamentario que debía, por lo menos, haberlos discutido. Y mucho menos cuando se enarbolaba como gran bandera, que fueran aprobados sin «distorsionarlos», cuando se va viendo que eran unos auténticos mamarrachos (la frase de Rosa Bartra, era exacta).

Bernales ha hecho una pregunta de profesor universitario, cuando va desaprobar a un alumno ¿Quiénes los han asesorado? ¿Quién los ha escrito? Y dice más: nadie de la comunidad de constitucionalistas fue convocado. Eso es grave. Todo lo visto confirma que se ha tratado de una operación política y psicosocial con fines turbios.

SEIS

¿Cómo podía darse por satisfecho Martín Vizcarra si en el texto que voto la «confianza» no había nada? Todo apunta en un acuerdo bajo la mesa. Un acuerdo provisional. ¿Las izquierdas parlamentarias no lo quieren ver? ¿Qué está pasando? Unos hablan de ingenuidad de Martín Vizcarra ¿Ingenuidad?

El pacto está implícito. El referéndum está encaminado aunque no necesariamente asegurado. Pero con la venia de Martín Vizcarra –y lavándose las manos-, Fuerza Popular decidirá el texto final. Y en esos textos, cuyo plazo para finalizarlos es cerrado y riesgoso, podrían estar ya los indicios de ese pacto para manejar la situación a un punto adecuado al sistema.

Vizcarra cumplió el compromiso asumido ―pensando en su legitimación y las encuestas de rigor― de enfrentarse al Congreso y arrancarle un Referéndum. El fujimorismo, que sintió la embestida, no obstante, con la venia de Vizcarra, dará el toque final a los proyectos y en el plazo que ha quedado sobre la mesa y rebotando. Y ese toque final ya empezó a vislumbrarse. Por de pronto, los parlamentarios no tendrán por qué declarar sobre sus bienes. Johnny Lescano ya protestó. Reacción tardía.

Hay una lección central para las izquierdas. Deben desarrollar su propia estrategia. Que Vizcarra invoque al pueblo, no significa que este con él. Las izquierdas deben desarrollar en serio la lucha por una Nueva Constitución. Sobre ese eje, ver los movimientos tácticos. Cabe reconocer si hay situaciones ya dadas y manejarlas en función de sus propios objetivos y metas (no espejismos). No al revés: que cada nuevo evento coyuntural, distraiga y haga perder de vista lo principal .

Si no se enarbola firmemente la lucha por una nueva constitución, si no se la convierte en el centro de toda su acción política, volverán a caer en el juego del adversario. Y si no toman de una vez por todas y firmemente en sus manos esta importante lucha, es porque no están convencidos de su justeza.

Las autoridades e instituciones, hoy por hoy, carecen de legitimidad. Debemos luchar por constituir una legitimidad nueva. No nos dejemos arrastrar por los parches, aun cuando tengamos muy buenas intenciones, porque es prolongar el sufrimiento del pueblo.

Reiteramos la postura ya planteada. Este 7 de octubre, llamamos a un voto de rechazo, hartazgo e indignación. Voto Viciado. Habrá casos excepcionales. Por ejemplo, que el pueblo de Puno habrá de votar por Walter Aduviri.

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