Escribe: Alberto Manzanares
Domingo, 23 de Setiembre del 2018
Este 7 de octubre, VOTEMOS VICIADO. Que sea expresión de rechazo y hartazgo ante tanta mugre. Que sea expresión inicial de la desobediencia civil. Estamos en plena lucha por una Nueva Constitución, en pro de una nueva legitimidad.

UNO
Un gran filósofo chino enseñó: cuando el adversario se divide, hay que avanzar audazmente. En el Perú, sostuvimos, previo al Mensaje Presidencial del 28, han madurado las condiciones para luchar por y conquistar una Nueva Constitución. El adversario se ha dividido y las masas piden cambios a gritos. Hay que avanzar audazmente en pos de este objetivo político. No hay que dejarse distraer ni mecer.

La crisis general del neoliberalismo, el espectáculo cotidiano de sus autoridades e instituciones, y el hartazgo de la gente de a pie, hacen patente ese escenario favorable. Falta la conducción política, que explique a las masas esa necesidad. Y que extraiga de ellas las energías, y los elementos vivos de su problemática, para movilizarnos, politizarnos, organizarnos y concretar. Esa salida política no puede ser, pues, la de los parches constitucionales.

Es falso que las masas hayan pedido referéndum. O que el referéndum sea la más viva expresión de la democracia y para decidir sobre su destino. Sobre todo en provincias es notorio el creciente rechazo a la salida de las modificaciones cosméticas a la Constitución de 1993. Lo que exige el hombre de a pie son cambios de fondo, profundos, determinantes. La parte avanzada, con un nivel de comprensión política, que somos aún la minoría, sabemos que esos cambios profundos pueden iniciarse ―si hablamos del marco demoburgués― con un cambio de Constitución.

Pero una Nueva Constitución, no puede ser ni será fruto de un «nuevo pacto de damas y caballeros» que se reúnen en una mesa a departir con té y galletas. Viene siendo y será fruto de una gran lucha. Y será así porque el sistema y sus representantes políticos, empresariales, mediáticos, se opondrán. Lo hecho por Vizcarra, va en esa dirección.

No en vano J.C Tafur acaba de escribir: «Todos los que viven aterrados con la eventual aparición de un outsider radical y antisistema, debieran felicitarse por el reenganche político del presidente Vizcarra con la ciudadanía y por el hecho de que probablemente a fines de este año se convoque a un referéndum que sirva de válvula de escape a la sensación de hartazgo ciudadano respecto de nuestra clase política» («Las waripoleras del antisistema». La República, 23/09/18).

DOS
Desde las grandes movilizaciones de diciembre y enero (2017-2018) contra el Indulto a favor de Alberto Fujimori, sonó en las calles con inmensa fuerza la necesidad de una Nueva Constitución. Avanzó en las siguientes jornadas, exigiendo 1] el cierre del Congreso y 2] la convocatoria a Nuevas Elecciones (y Asamblea Constituyente). Aquellas exigencias se atizaron sobre todo por destape de los «Cuellos Blancos» y demás. Aun en esas circunstancias, desde la perspectiva del movimiento popular, el mandato de Martín Vizcarra, tenía que circunscribirse a esas dos precisas exigencias. Al de un gobierno de transición. No más.

Nadie de quienes luchamos contra el indulto y por la vacancia de Kuczynski, podíamos aceptar que Vizcarra se atornillara hasta el 2021. Era obvio que su debilidad política y organizativa le llevarían a someterse o al fujimorismo o a los restos del partido de Pedro Pablo Kuczynski. De hecho Martín Vizcarra se ha definido por esta última opción. Por eso los escuderos Violeta y Sheput, y aun Mercedes Araoz, tienen tanto protagonismo. Pero ha sumado a su proyecto a la prensa concentrada que protesta por la Ley Mulder. Ha subido a bordo a Ollanta Humala, al Club de la Construcción, Giuffra, Bruce, podría sumarse pronto AG… y la lista sigue.

Vizcarra, entonces, ha galvanizado el proyecto neoliberal, intentando retomar la iniciativa. Y apunta a cumplir el papel de poner a cubierta estos actores señalados, autores de tantísimos desmadres. Pero, al mismo tiempo, ha decidido jugar su partido personal y acumular fuerzas apuntando a reelegirse en el 2021.

Si ese es su juego, y cada día está más claro ―en modo alguno como sugiere un semanario, se le apareció una luz en su camino de Damasco y entonces desenvainó su justiciera espada anticorrupción―, si ese es el escenario, las izquierdas no pueden acrecentar el poder de su futuro verdugo.

TRES
Martín Vizcarra, aquí lo reiteraremos, ha puesto el señuelo de los parches constitucionales para bloquear en las masas el creciente clamor de una Nueva constitución. Ese es el tema de fondo. Pero al mismo tiempo, busca empoderarse a costa del desprestigio del Parlamentol (lo que significa instrumentalizar los frutos de un clamor por cerrar una institución que carece de legitimidad). Y, del mismo modo, se sirve del estado del Poder Judicial, para desbancar a una facción y volver a encumbrar a la otra.

Y lo que es grave, busca poner a cubierta en medio de tanto alboroto y turbamulta, el impulso de los planes neoliberales. Ante acciones, tan a la luz del día, las izquierdas parlamentarias se han quedado mudas. O han adoptado el tono del ruego, o le echan la culpa solo al fujimorismo. La Ley de Hidrocarburos viene desde Kuczynski, el ministro del ramo la apoya, y quien dirige actualmente el Ejecutivo claro que está de acuerdo. Nada ganamos dorando la píldora.

Pero, además de que Vizcarra ha enrolado a su combi a tanta gente con los prontuarios esbozados, tiene en el movimiento popular, a quienes lo secundan. Unos por ingenuidad, ceguera, endeblez o incapacidad política. Otros por su consuetudinaria acción de quintacolumnas.

Una prueba irrefutable está en quienes convocaron a la última movilización. Estuvo centrada en sacar al fiscal Chávarry. ¿Y dónde apunta Chávarry? A la otra olla de corruptos y vendepatrias: PPK, Humala-Heredia, Club de la Construcción, el Señor de la Nuez, etc. Esa es pues la razón del cargamontón. Pues bien, al hacer público cómo proseguirá la lucha y la movilización, tanto el actual secretario de la CGTP, como alguien de los sectores juveniles vinculados al colectivo No a Keiko, han concluido que la cuestión hoy es el Referéndum.

Estos mismos que, a voz en cuello, gritaban a más no poder que, en efecto, el asunto no es solo cambios menores sino cambiar la Constitución del 93, ya van mutando. Afirman que la lucha por una Nueva Constitución es para el «mediano plazo». Que puede esperar para «después del referéndum» (Véanse sus declaraciones para el diario UNO 21/09/18). Esta argucia significa jugar el plan de Martín Vizcarra y la facción política y de intereses económicos del sistema y pro de su defensa y mantenimiento.

Y la cosa no queda ahí. El diario UNO, ya abiertamente quintacolumna del sistema, se ha vuelto escudero de la otra facción, la que sustenta a Vizcarra, colocando a Mercedes Araoz, Bruce, Thorne, Giuffra, etc., como víctimas de una artera venganza.

CUATRO
El escenario de división se hace patente entre los de arriba y cabe avanzar audazmente. Pero en el movimiento popular, la ceguera de unos y el quintacolumnismo de otros, ya empezó a socavar ese objetivo político.

Dejemos aquí planteado un primer punto. Solo es posible ver y aquilatar en su real dimensión, esa contienda de posiciones y de intereses que se vive entre los poderosos, si se está claramente posicionado en el campo de los de abajo. Si se carece de un claro posicionamiento, fácilmente ha de caerse en los amagues del adversario y se jugará dentro de su juego y sus planes. Y se irá como furgones de cola de sus contiendas, renunciando así a la independencia que las organizaciones ―que afirman representar al pueblo―, deben ejercer.

Esto por cierto plantea varias cuestiones de análisis. Por ejemplo, la composición social de las organizaciones de izquierdas, las ideas en las que se han formado, el tipo de experiencia política y nivel de relación con el movimiento de masas. Cuáles son sus vínculos sociales, intelectuales y sus tendencias.

CINCO
A riesgo de la extensión, empecemos a aclarar un segundo punto. Es el de la llamada Lucha contra la corrupción. El adversario había puesto en marcha esa campaña internacional desde hace algunos años. Quien estudie esto seriamente y no se deje llevar de las narices, deberá ver que se desencadenó en Latinoamérica apuntando primero a modificar la situación de Brasil. Desde ahí, buscarían a expandirla hacia los otros gobiernos de izquierdas, particularmente a Argentina (tiempos de Cristina Fernández), Venezuela, Ecuador, Nicaragua, etc.

Por eso IDL-Reporteros ―vinculados a los demócratas neoliberales made in USA―, es aliado con La Nación, O' Globo. La orientación de derecha de estos últimos, a nadie escapa. Y juntos, todos ellos, configuran la red en Latinoamérica que instrumentalizan con fines oscuros el problema de la corrupción ―como se utilizó y se sigue utilizando el de los Derechos Humanos―, obviando que este cáncer se genera en las entrañas de su propio sistema. Se lo utiliza y direcciona, para derribar adversarios políticos y adversarios económicos. Es evidente que en IDL-Reporteros, hay periodistas jóvenes y honestos. Pero Gorriti juega otro juego. Un juego grande y turbio.

Obviamente, la campaña no navega en el aire. EEUU no da puntada sin hilo. Las izquierdas que se han dejado corromper por el capitalismo, le han dado en la yema. De uno u otro modo, en uno u otro grado. Y EE.UU, que controla todos los mecanismos de espionaje y tiene el control de los servidores y de la información que circula por la red, sabe muy bien cómo se ha operado casos como Petrobras u Odebrecht o Lava Jato. Han sabido de los problemas en Brasil hace mucho. Mientras gobernaban sus aliados, no había problema. Chitón. Pero, en la medida que Brasil se involucró en un proyecto continental que afectó el dominio de EE.UU, la cosa cambió.

Rechazamos los mecanismos corruptores, instalados sobre todo con la vista gorda de Lula y el PT. Es un tema no aclarado en cuando al tipo de responsabilidad del ex mandatario. En todo caso, mantenemos la exigencia de que Odebrech, OAS (y su aliada Graña&Montero) indemnicen al Perú y sean sancionadas por sus robos, adendas y demás. Pero es evidente que, sobre todo, en el caso de Brasil, apuntaron a involucrar sin pruebas fehacientes, primero a Dilma a quien derribaron. Y luego fueron por Lula, quien está preso sin pruebas contundentes ni fehacientes. El caso brasileño es solo uno. No nos extenderemos al caso de Venezuela, Ecuador, Argentina. Cada uno con sus propias peculiaridades.

(Continuara)

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