Escribe: Alberto Manzanares
Domingo, 04 de Noviembre del 2018
«Ahora sí, en el Perú ha pasado a instaurarse la justicia», clama la gran prensa al unísono (metida hasta el cuello en la corrupción), mientras acababa de recibir, otra vez, jugosos contratos con el Estado.

UNO
Un fiscal y un juez, cuyas trayectorias aparecen como probas e incorruptibles, han terminado por enviar a Santa Mónica a Keiko Fujimori. Para lo que entendemos como sentido común: aquel lugar colectivo de razones y proporciones aun combatiéndose, aun disintiendo agudamente, la medida de 36 meses o tres años nos parece desproporcionada.

Pero no culpemos a Richard Concepción Carhuancho ni a José Domingo Pérez, que hacen su trabajo. Están empoderados, al parecer en exceso, por leyes recientes. Estas leyes estaban concebidas para bandas de sicarios, narcotraficantes, o sea, organizaciones criminales. Pero empezaron a aplicárselas a Movadef, Cesar Álvarez, Gregorio Santos. Ahora les sirve de faca a las facciones en el poder para sus ajustes de cuentas. Por otra parte, ante el reino de la impunidad, autoridades probas tienden a ser drásticas. Y ante la pretensión de meterles miedo, responden dando de frente la estocada.

Eso no quita señalar que hay un ambiente de crispación, y a la vez una promoción artificiosa del enfrentamiento social y del cargamontón. Los problemas de fondo de este país, pretenden desaguarlos en una supuesta lucha contra la corrupción, que no viene siendo sino un enfrentamiento de banderías facciosas. Y como todos están en la salsa, la parte fuerte ahora busca que alguien cargue con las culpas para que el resto pase piola. La disputa por los poderes del Estado es encarnizada. Y los que tienen la sartén por el mango, vienen implementando un tinglado distractor con todos los decorados de un reality. Se habla de judicialización de la política. Lo cierto, también, es que la política se ha lumpenizado.

El papel de la concentración mediática ―El Comercio, La República, IDL-Reporteros, RPP―, consiste en obnubilar ese sentido común, esa razonabilidad. Apunta, tendenciosamente, a desatar pasiones de venganza. Promueve la invención maniquea de héroes y villanos. Lo hace del mismo modo con que la televisión basura ―que está en manos casi de los mismos medios―, crea a los famosos de los esteroides y las celebridades de glúteos postizos. De la misma manera que inventa romances y promueve el intercambio de parejas («mi ex» es la frase preferida), para embrutecer y desviar la atención de los problemas verdaderos de este país.

DOS
Abundantes hechos, es cierto, delinean los contornos de un affaire fujimorista con la receptación de recursos de Odebrecht y su «pitufeo» para la campaña electoral. Son hechos más que suficientes para entablar juicio, para el caso de lavado de activos. Que sea ahí donde se pruebe los alcances de este tipo jurídico y la pertinencia de una sanción penal.

En las grandes marchas ante los destapes de Odebrecht, que compromete a todos quienes nos gobernaron, disentíamos de colectivos que ponían como bandera la prisión preventiva. Por la magnitud de los saqueos y desmadres, los responsables principales merecen cadena perpetua. En una Nueva Constitución, crímenes de ese tipo debieran ser catalogados como Alta Traición. Sabíamos, también, que la justicia tal como estaba y está, en verdad, no juzgaría parejo a las múltiples bandas (porque las hay). El riesgo y el camino era el del entrampamiento.

Por eso, si bien la lucha por llevarlos a prisión debía librarse, había que considerar una salida política. Ella no podía ser la de la impunidad general (tesis central de Movadef y acólitos, bajo la consigna de «Reconciliación hacia el Biecentenario»), sino Nuevas Elecciones para una Asamblea Constituyente. Las prisiones preventivas, más allá de las indignaciones y los deseos, son espadas de doble filo. Suenan muy radicales, pero se prestan a los abusos del poder. Lo controvertido, entonces, ha sido y es la detención preliminar (desechada) y luego la detención preventiva que se ha sancionado, obviando la advertencia de una instancia superior. La decisión de prisión preventiva contra K.F está tomada. No la objetaremos globalmente pues seria debilitar lo avanzado. Pero debemos tomar precauciones. Pues a primera vista dos cosas la ensombrecen.

La primera, que el juez Richard Concepción Carhuancho haya desechado con la frase, «no me convence», el sustento de arraigo de la investigada. Si la magnitud de la pena, arraigo y no obstrucción de la justicia, son un todo que debe considerarse, el de arraigo, no pudo ser desvirtuado. Permanencia en el tiempo, actividad laboral, entorno familiar, amical, relaciones sociales, asistencia a citaciones, etc., lo certificaban. En este punto, el juez no tuvo cómo sostener la tesis del fiscal Pérez. Y, lo que es también serio, que determinara la prisión preventiva de una interrogada, cuando parte de los investigados, aun no habían dado su versión. Esto plantea interrogantes. Por ejemplo: ¿Carhuancho temía una recusación (que lo saquen del caso), luego de que le objetaran su detención preliminar por diez días contra Keiko? ¿Era eso?

En segundo lugar, ensombrece el asunto la opinión del fiscal José Domingo Pérez, quien al salir de la sala penal, dijo respecto al fiscal Chávarry, que debiera reflexionarse sobre su continuidad. ¿A que iba? Asimismo, si bien no es conveniente ventilar sobre el cargo de confianza otorgado a su esposa, en una instancia estatal, debe quedar registrado. Quizá su reacción triunfal, obedeciera a un tema personal (lo ha comentado el abogado Nakasaki). Un fiscal, debe tener el temple debido para soportar los ataques del adversario. En todo caso, fue un desliz.

No perdamos de vista que la pieza de Caza Mayor que busca el establishment, con Vizcarra a la cabeza, es Pedro Chávarry. Le han inventado de todo. Los artículos, periodicazos y psicosociales con que buscan sacarlo del camino, a nuestro modo de ver, son cantinflescos. Y en estas cantinfladas están Gustavo Gorriti , Alvarez Rodrich (Ypys, plata de Odebrecht), América TV (Plata de Graña-Miro Quesada), Rosa María Palacios, entre otros. Un cargamontón desvergonzado y manchero.

TRES
Es cierto que el fujimorismo ha hecho grandes méritos, para cosechar el repudio de un amplio sector político, social y cultural. Su abuso de la palabra «terrorista» contra medio mundo, ha sido proverbial. Ha hostigado con el mote de «caviar», al tenaz adversario descafeinado. Algunos de sus asesores externos, agitados y sudorosos (que con sus consejos han ayudado a hundir al fujimorismo), sin extraer la menor lección, han exhumado los de «rojo», «comunista» y «marxista», como epítetos zahirientes, a toda postura que exija un cambio social en este Perú mancillado y robado.

Que el rechazo al fujimorismo de Keiko haya crecido merced a su arrogante reacción primaria ante una derrota electoral (dudosa), está claro. Que había convertido el parlamento, en un despliegue de caballazos, nadie lo duda. Blindar a Hinostroza, cuyos audios lo comprometen con cubrir y aliviar la pena para un violador, ha sido perverso y miserable (pero no metamos en el mismo saco a Chavarry).

Acerca del antifujimorismo, sobre todo juvenil, que ha hecho de su acción un sistema de vida, un sentimiento (o mejor, un re-sentimiento), no obstante, hay que decir un par de cosas. En algunos casos ha hecho gala de una escenificación, del mismo tono de Perualmundial36años. Alguien en modo-primate, saltaba en un pie ante un supuesto cadáver del fujimorismo.

La deshumanización del capitalismo ante el cual se prosternan, la degradación al estilo de la risotada de Mil maneras de morir, ha invadido también a estos señoritos, kamikazes del face. La pervivencia del fujimorismo en sectores populares, les ha preocupado sobremanera, como nos ha preocupado a todos. Pero no se enfrenta algo tan enraizado, que se considera nocivo, con similares insultos, ni cortando cabezas, ni blandiendo el hacha del patíbulo y la horca. No se pueden replicar sus métodos.

Corren el riesgo, además, de caer en un juego mayor. ¿No les parece extraño que, los mismos que desde los mass media propulsaron hasta hace poco a Keiko Fujimori, sean sus principales jueces y los operadores de la guillotina? ¿No les suena el apellido Graña-Miro Quesada, dueño de El Comercio, América Televisión, vinculado a Odebrecht, vinculado a todos los que fueron gobierno?, ¿No les dice algo que Graña haya sido socio de Martín Vizcarra, hoy fungiendo de Robespierre?

¿No les perece raro que Vizcarra no solo no mencione a PPK (porque se reúne con él ciertas tardes en San Isidro), sino que no mencione a Toledo? ¿No les indigna que Chinchero, donde concurrieron por lo menos dos gobiernos, siga en buena medida la ruta chilena (Graña-Miro Quesada, es socio de aquellos) y que apuntan con todo hacia el Cuzco? ¿No les parece raro que la palabra xenófobo haya empezado a sonar con más fuerza (para bloquear toda crítica desde el punto de vista nacional)? Si vuestro espíritu es cambiar a fondo este estado de cosas, ¿no están empezando a alternar, tal vez sin darse cuenta, con quienes buscan que la cosa cambie para que nada cambie?

CUATRO
Con todos sus puntos flacos, arriba reseñados, la decisión de Concepción Carhuancho está tomada. Veremos hasta donde llegan las siguientes instancias, la apelación, etc. Y cuales serán las razones de orden jurídico que la ratifiquen o desautoricen.

Pero debemos decirles a los nuevos(vas) jueces virtuales de lo políticamente correcto, lo siguiente: no nos agrada ver a una mujer ―por más adversaria que fuera―, en esas condiciones de humillación pública, como Keiko Fujimori. Ni a nadie. Pero siendo mujer y madre ¿se imaginan al feminismo de la nueva hora, negador de la feminidad y la maternidad, poniendo en entredicho la prisión de una madre/mujer? Ahí está, pues, la respuesta acerca de su silencio sepulcral. Y no se trata aquí de seguir el juego de la victimización.

La única detenida en toda esta gigantesca trama de corrupción es mujer. Que, además, no nos ha gobernado. Mientras todos los presidentes y empresarios ―varones todos―, que fueron los del gran negocio, siguen libres. Unos en España, otros en EEUU, por cierto transportados vía Latam (Chile). Las tesis sobre las raíces del patriarcalismo, aquí no han sido ventiladas.

El affaire de Odebrecht o Lava Jato, esto es, el de las adendas, sobrevaluación y coimas, debió haber empezado por los ex presidentes, los jefes de las grandes firmas como Graña y Montero, el cogollo de El Comercio, RPP, el Club de la Construcción, etc. A continuación debieran desfilar Castañeda y Villarán. Porque desde ahí se planificó, condujo, encubrió y luego orquestó (con frejoladas y carnaval) el Gran Robo del Siglo, el Gran Asalto a la Diligencia.

Solo así podríamos hablar, en serio, de la proclamada lucha contra la corrupción.

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