Escribe: John Angeles Cotillo
Miercoles, 15 de Agosto del 2018
Las heladas y el friaje matan a cientos de peruanos cada año. Los pedidos de ayuda solidaria para las poblaciones afectadas se ha vuelto una rutina. Políticos y medios de comunicación que enarbolan el reino del libre mercado, juegan a normalizar esta tragedia humana.


Según noticias las bajas temperaturas traen nuevas muertes este año, las cifras oficiales se remontan a fines de junio, días en que recién iniciaba el invierno, hasta ese momento sumaban más de 600 personas muertas, las principales víctimas seguían siendo al igual que en años anteriores, los ancianos y los niños, según el Ministerio de Salud (Minsa), hasta esos días se reportaban 604 personas fallecidas, producto de las bajas temperaturas que se registran en el país. De estas muertes, más de 400 correspondían a adultos mayores y 72 a niños.

El hecho se ha vuelto tan recurrente que ya esta problemática que implican la perdida de vidas se presenta como algo normal, el pedido de ayudas de solidaridad cada año para las poblaciones afectadas por el frío se ha vuelto una rutina, no merece la indignación de políticos, ni de los medios de comunicación que enarbolan el reino del libre mercado, todos juegan a normalizar esta tragedia humana.

Es de esa manera indolente e indiferente como se narra tan dramática noticia, por lo mismo la exigencia para dar una solución real al fenómeno es casi inexistente. Pero yendo al fondo, a las verdaderas causas que provocan estas muertes lo encontramos en la declaración que realiza el reconocido doctor Elmer Huerta:


“Lo doloroso de este asunto es que –a no ser por hipotermia accidental– la baja temperatura no mata al ser humano, y eso simplemente porque hemos aprendido a protegernos a través del tiempo”. “Pero si este mal no está en la lista de enfermedades causadas por el frío, ¿cómo es entonces que esa infección pulmonar sea la causa número uno de muerte por el frío en los menores del país?” “La razón no es la baja temperatura, sino la pobreza y la desnutrición.

La secuencia de hechos ocurre entonces de la siguiente manera: miles de peruanos olvidados viven por décadas en situación de aislamiento y pobreza permanente en las alturas de los Andes. Ellos son parte del 44,4% de pobres de zonas rurales identificado por el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) en el 2017. De ese grupo, el 25,3% de niños menores de 5 años tiene desnutrición crónica y el 53,3% padece de anemia crónica.”

Esos pequeños, anémicos y desnutridos, son incapaces de formar una adecuada cantidad de células de defensa (linfocitos) y de anticuerpos (proteínas) para luchar contra infecciones virales comunes en el invierno. Al no poder defenderse, la infección por el virus de la gripe o el resfrío causa una severa infección bacteriana pulmonar (neumonía), que es la que finalmente ocasiona la muerte. De acuerdo con esa secuencia, las muertes por neumonía constituyen entonces un indicador de la pobreza de una región.”

Finalmente concluye:

“El invierno viene todos los años, y con él, las heladas en las zonas altoandinas. Ante ese hecho, todos los años también, la sociedad se esfuerza en recolectar ropa y abrigos para los niños afectados. Pero, según el modo en que la ciencia describe el desarrollo de la neumonía y la muerte de los niños andinos, el asunto no es el frío ni la ropa ni el abrigo. El asunto es el desarrollo social y económico de esas comunidades, las cuales necesitan carreteras, trabajos bien remunerados, educación nutricional, servicios médicos innovadores, variedad de alimentos y casas equipadas con calefacción. En otras palabras, esas comunidades deberían tener políticas de Estado con planes de desarrollo a largo plazo bien elaborados para salir de la pobreza”.

El planteamiento y el análisis a la luz de las ciencias médicas es muy claro, el problema fundamental en la que se generan las muertes es la situación de pobreza, es en esa realidad donde el frío se vuelve mortal, atribuir los decesos exclusivamente al fenómeno de las heladas o el friaje, solo tiene el propósito de ocultar las verdaderas causas, entonces tendríamos que preguntarnos ¿cuáles son las razones de la pobreza en nuestro país?, ¿por qué la desigualdad de personas que ostentan una economía y una vida de lujo y otros que en el mismo país mueren de pobreza? ¿Y por qué las zonas afectadas son las andinas o amazónicas?

La respuesta irrumpe sin duda alguna a cuestionar la existencia de un sistema injusto, que, a pesar de los discursos de respeto a la diversidad, margina y posterga a poblaciones en el interior del país, si bien esto es acertado, es una cuestión bastante general que demanda una solución a largo plazo y que, de quedarse en tal afirmación, llevaría a diluir soluciones concretas, pasos concretos.

Entonces si hurgamos en los aspectos más específicos podemos encontrar que el neoliberalismo es un sustento para la acentuación de esas desigualdades y este neoliberalismo es institucionalizado con la constitución del año 93 (periodo de la dictadura fujimontesinista).

Por otro lado, hay que referirnos a un factor importante, hoy el Perú tiene como una de sus grandes riquezas al gas natural, la reserva es inmensa, al punto que el estado se dedica a exportar en grandes cantidades y a bajísimo costo. Si consideramos que el gas puede servir a la calefacción en los hogares de las zonas altoandinas entonces es fácil concluir que al menos podría servir para amenguar el problema, ya que la buena alimentación y el abrigo son solo parte de un requerimiento y que no debe de desligarse de trabajos bien remunerado y de dignas condiciones de vida en general.

Mas aun no hay que perder de vista que las zonas más afectadas por las heladas son las que están al sur del Perú, la misma región donde se encuentran las reservas de gas natural, pero hasta la fecha estas zonas carecen de las instalaciones necesarias para el uso de este recurso, todo ello en perjuicio de los intereses de la nación, si entendemos que la nación lo conforman fundamentalmente la población peruana. Es decir, las muertes se suman año a año y se seguirán sumando cuando el gas podría ser una buena ayuda al menos para que haya calefacción en los hogares de nuestros hermanos del sur. El enriquecimiento, la corrupción como expresión de la decadencia extrema del sistema imperante en nuestro país nos da una explicación de los bolsillos que se llenan a costa de la muerte de los pobres del Perú, a estas alturas hablar de las inclemencias de los fenómenos climáticos como algo imprevisible es una burla a la inteligencia, solo evidencia lo que significan los peruanos para las clases en el poder. Ya son casi dos meses desde el ultimo comunicado oficial del Ministerio de Salud y el invierno sigue - hasta el 20 de setiembre en que esta estación llega a su fin - con sus bajas temperaturas. Creer que las muertes se han detenido producto de la ayuda, es caer en la falacia y en el engaño que nos tratan de generar, para mantener sosegada la conciencia de la población. El problema simplemente se ha silenciado descaradamente.

Es la manera de buscar preservar el neoliberalismo, es la pretensión de hacer creer que vivimos bajo un buen sistema, ese sistema que año a año mata compatriotas nuestros y de ellos los mas vulnerables los niños y ancianos.

Es pues un deber elevar nuestra conciencia, debemos indagar y analizar para entender las verdaderas razones que hay tras los hechos y así luchar por verdaderos cambios.

Hoy están en primera plana los audios de la corrupción y el tema del referéndum es pan de todos los días, las muertes se han engavetado como si fueran problemas que ya deben esperar al próximo invierno para así promover las campañas de ayuda para las nuevas muertes que llegarán el 2019. No ven vidas humanas de peruanos como cada uno de nosotros.

Frente a esta realidad compleja hay muchas razones para indignarse y para luchar por verdaderos cambios. Una nueva constitución que esté al servicio de la población y que se haga bajo reglas claras es una necesidad urgente, esto debería ser un punto trascendental en este referéndum.

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