Escribe: Alberto Manzanares
Sabado, 27 de Abril del 2019
Mientras se aclara lo de la muerte de Alan García, publicamos este artículo que había sido escrito poco antes del evento citado.

UNO
Iniciado el año, anticipábamos la carencia de fundamentos para augurarle a Martín Vizcarra un gobierno promisorio. Revistamos la utilería fujimorista de la que este echó mano (Parlamento, prensa, encuestadoras, Poder Judicial, referéndum); lo que representaba, además, una mala comedia, puesto que el neoliberalismo que Vizcarra pretende refrescar tocó fondo y han madurado las condiciones para el cambio aquí y ahora.

Denunciábamos la impostura de su supuesto liderazgo de la «lucha contra la corrupción». Poníamos énfasis en los vínculos de Vizcarra con Odebrecht y Graña y Montero. Señalábamos el corolario del Acuerdo de colaboración, donde el Ejecutivo ha tenido incumbencia, que deja a Odebrecht indemne, etc.

Destacábamos que, más bien, tal lucha aparecía como perfecta coartada para proseguir o reiniciar la agenda neoliberal. Que Vizcarra no solo no tenía credenciales, sino que se había aupado a aquella secundado por el mainstream de las izquierdas promiscuas que junto a la encuestadora estrella del fujimorismo―Ipsos―, lo habían catapultado a altitudes canónicas.

DOS
Los fundamentos en que pretendía sustentarse la canonización y «liderazgo» se desmoronaban desde enero. Vizcarra aparecía a los ojos de todos quienes querían ver, como cercano al entorno empresarial y político puesto en la picota, aunque a él, a Vizcarra, no le temblara ni una ceja.

Pretendía que las multitudes no fruncieran el entrecejo y esbozaran hipótesis ante la contundencia de los hechos y sus respuestas burdas (apañado, por cierto, por las izquierdas legales, del mismo modo en que ayer apañaron al capitán Carlos y hoy le cubren las espaldas).

En torno a esos hechos que se le descubren a Vizcarra, empezó su debacle (que hoy aparece difuminada por la muerte de García Pérez y otros eventos).

Nicolás Lynch, ex embajador de Humala, llamó en enero a plegarse al liderazgo de Vizcarra, mientras matizaba, como un elemento accesorio, temas como el de los derechos laborales. Y, aunque tiene claro la necesidad de una Nueva Constitución, terminaba por lanzarla hacia el futuro.

En esa misma plantilla está, por ejemplo, Pedro Francke. Reiterando, entre líneas, la alianza con Vizcarra sostiene la tesis de que el presidente está muy bien en la lucha contra la corrupción. Tan solo carece de una buena política económica de modo que, buenos augurios de por medio, le da chance para remontar el bajón de las encuestas.

TRES
Y es que ocurre que para este mainstream intelectual, la "lucha contra la corrupción" es la piedra de toque de los asuntos del Perú y Vizcarra el tótem al cual hay que escudar poniendo el pecho ante los dardos fuji-apristas.

Nicolas Lynch, en efecto, había afirmado lo siguiente

«Ahora queda claro que la lucha anticorrupción sintetiza el conjunto de las demandas populares» (diario UNO, 13 de enero 2019).

Y llama, primero, a ponerse a las ordenes de Martín Vizcarra, para limpiar la casa antes de enfrentar los otros problemas nacionales.

De estos análisis, supuestamente serios, ha salido la idea peregrina, de que el hoy es la lucha contra la corrupción. La lucha por una Nuevas Constitución, debe esperar.

De ahí, la desorientación (y desbarres) de estas izquierdas que, habituadas a prebendas (becas, viajes, consultorías, embajadas, etc.), posponen y negocian, abierta o tácitamente, las necesidades del movimiento de masas.

CUATRO
En el Perú popular, que estas izquierdas no conocen ni quieren conocer, los vínculos de Vizcarra con Odebrecht despertaron la desconfianza («También está metido en la cochinada»). Caían, pues, las vendas de los ojos.

El viaje que Vizcarra realizó a España, mientras el Sur padecía y el Norte esperaba la Reconstrucción con cambios, hizo recordar a la pareja de aventureros políticos (condecorados por arreglar bajo la mesa).

El tema de Las Bambas, volvió mostrar que Vizcarra es uno más del establishment, que ha sabido utilizar bien su perfil bajo para pasar como un anónimo, sin biografía política ni flancos que ofrecer.

En suma: Vínculos con Conirsa y Odebrecht, viaje a España, actitud frente a los desastres naturales y los conflictos sociales, serian los momentos que señalan la caída y podrían anunciar su deterioro sin vuelta.

A lo que se suman, los tarifazos de los combustibles, la política migratoria que sigue a pie juntillas la línea yanqui, que da pie a que un criminal como Mike Pompeo, condecore a Vizcarra por los servicios prestados. Y por último, la explosión en su propia cara del eufemismo del «enfoque de género», que ha dejado al descubierto no un error ocasional sino los reales propósitos de quienes impulsan esa orientación educativa.

Consciente de que hoy gobierna con flancos de todo tipo, y de que no tiene ni Partido ni nada, y de que el fujimorismo se recompone, Vizcarra teme que pueda ocurrirle lo mismo que a PPK. Entonces ha decidido hacer las paces con el monstruo peludo vía Salvador del Solar, ex miembro del equipo de Fernando Zavala.

CINCO
A nuestro entender, el establishment del cual es parte Vizcarra, en la hora nona, ha puesto en agenda esta «lucha contra la corrupción», sobre todo como un mecanismo psicosocial para aparentar la limpieza de su seudo-democracia y seguir la aplicación del plan neoliberal. Y, asimismo, en su caso, para seguir en la cima de las encuestas de cara al 2021.

Un mecanismo, por lo demás, como continuación del Referéndum, que ha sido orquestado para desaguar el creciente descontento y explosividad que busca cambiar a fondo este estado de cosas (salida mínima Nueva Constitución).

Las izquierdas populares, que siempre lucharon contra esta corrupción como parte de la lucha contra el sistema en su conjunto, deben combatir esta lacra, pero con el objetivo político de desmontar el modelo neoliberal que ha enraizado y expandido esa corrupción a todos los niveles de la sociedad.

Son, pues, dos posiciones diametralmente opuestas. «Luchar contra la corrupción» para que nada cambie (salida gatopardesca); o luchar en serio contra ella para cambiar de verdad las cosas.

SEIS
Desde la perspectiva de los de abajo, ello significa, además, colocar el tema corrupción en su justo lugar.

En primer plano está la lucha por derechos al trabajo, alimentación, educación, salud. En segundo, la lucha por la defensa de la patria, pues nos la han arrebatado (no es solo tema de recursos naturales). En tercero, la lucha contra la corrupción.

De modo que, si la gente le da la espalda a Vizcarra es porque va entendiendo que está usando este artefacto de la LCC con estilo circense y para fines turbios y subalternos. Y, sobre todo, para escamotear los otros y más decisivos problemas del Perú.

Si pudiéramos seleccionar tres notas saltantes del sistema o andamiaje que hoy combatimos estas podrían ser: sobreexplotador, vendepatria y corrupto. No solamente corrupto, como sostienen las vacuas izquierdas parlamentarias y sus «intelectuales orgánicos». Ni solamente explotador y corrupto, como sostiene la cúpula de Unidad.

De manera que lejos de seguirle a pie juntillas, las izquierdas, a partir de la elaboración de una agenda íntegra, deben marcar distancia con el presidente accidental. El mismo que, además, profundiza el “destrabe” y entrega de todo hacia los de arriba y los de afuera. Eso es lo que cabe realizar y no hacerse los desentendidos ―o dorando la píldora― acerca de la alianza que Vizcarra cocina con el fujimorismo.

Menos aún, protegiendo su accionar antinacional con el argumento de que se debe a su carácter de“gobierno débil”. Cuando, precisamente, busca consolidarse en el poder haciendo méritos con sus mentores.

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