Escribe: Isaac Bigio
Jueves, 04 de Enero del 2018
Abimael Guzmán y Elena Yparraguirre, casi desde que fueron detenidos (o quizá antes), canjearon el cese de la acción armada a cambio de sus libertades vía 'amnistía general'. Como les jugaron mal (los usaron) y el plan naufraga (y su militancia los emplaza), se han colgado del indulto a Fujimori. Bigio señala aquí el rumbo que está siguiendo el PCP-SL. Su reflexión puede ayudar al despertar de quienes aún se creen los cuentos de Guzmán y consorte. (VT).

Extraído de el diario UNO. 03/01/2017

La premier Mercedes Aráoz acaba de declarar: “¿Estamos esperando que la gente se muera en la cárcel? Yo prefiero que las personas que hubieran cometido delitos y estén delicados mueran en su casa, con su familia. Esto no es venganza.” Consecuentemente con ese planteo ella debería liberar a muchos otros presos, incluyendo a Abimael Guzmán y Víctor Polay, quienes ya llevan más de un cuarto de siglo en la cárcel.

CASO GUZMÁN

En comparación a Alberto Fujimori, Guzmán es 4 ½ años mayor (ya cumplió 83 años), le duplica en el tiempo que lleva bajo rejas (supera los 25 años) y vive en condiciones carcelarias mucho peores (confinamiento con limitadas visitas, mientras que Fujimori tenía comodidades y visitas diarias).

Kuczynski dijo que no quería ver morir en la prisión a un ex presidente. “Gonzalo” nunca fue electo como tal, pero sí fue proclamado por decenas de miles de sus militantes como el “Presidente” de la “República Popular del Perú”, la cual reclamaba tener “zonas liberadas” desde la frontera norte a la del sur.

El problema con Guzmán es que él simboliza al “terrorismo” y desde que en 1990 Fujimori implantó el actual modelo económico monetarista él se ha convertido en el “cuco” que sirve de pretexto para desarrollar toda una serie de medidas sociales.

La premier Aráoz dijo que se debería tomar como modelo a lo sucedido en Colombia y Sudáfrica donde se liberaron a líderes sentenciados o detenidos como “terroristas”. En estos casos los subversivos pasaron a ser administradores del sistema ya sea como presidentes, ministros o parlamentarios.

¿DEJAR QUE SE MUERA ENTRE REJAS?

La cuestión está en qué se debe hacer con Guzmán. La gran mayoría de los partidos y medios peruanos estaría dispuestos a celebrar una eventual muerte suya en la prisión como una lección contra el “terrorismo”.

El temor a ser tildados de cómplices del terrorismo ha hecho que muchos, incluso antiguos militantes de la “izquierda revolucionaria” que en su momento rechazaron el derecho del “Estado capitalista” a tener presos “anti-imperialistas”, no quieran saber nada de pedir cualquier clase de amnistía a presos acusados como subversivos, incluyendo también a los del MRTA o del etno-nacionalismo.

El problema que muchos deben pensar es el siguiente. Un Guzmán fallecido en una cárcel peor que la de Fujimori y con más edad y enfermedades que éste le daría una imagen de mártir. Su icono podría devenir con el paso de los años como el que algunos presentan al Che Guevara o Luis De la Puente Uceda. Un eventual martirologio suyo podría servir como inspiración para futuras insurgencias, incluyendo sectores salidos fuera de la periferia senderista o incluso en torno a ésta, incluyendo a las maoístas que pudiesen querer renegar del camino legalizante que representa el Movadef para preparar futuras acciones violentas.

Guzmán desde hace más de dos décadas ha ido logrando desarmar a la propia insurgencia que él inició. Él hoy maneja monolíticamente al senderismo habiéndolo conducido de ser un movimiento armado anti-sistema a ser uno que abiertamente demanda la reconciliación nacional y amnistiar a Fujimori, a Montesinos y a todos quienes les reprimieron duramente.

Cuando el senderismo era un partido tira-bombas predije que éste iba a devenir en un movimiento caza-votos. Esa ha sido la dinámica de muchas guerrillas. El actual vicepresidente boliviano Álvaro García Linera (Movimiento Túpac Katari) se llegó a levantar en armas en el Titicaca inspirado en el senderismo, y Brasil y Uruguay acaban de tener excondenados por terrorismo en la presidencia.

Cuando hace un cuarto de siglo yo escribía ello no recibía mucha recepción, pues el senderismo impulsaba violentamente los boicot armados. Hoy seguramente muchos me cuestionarán por plantear que el antiguo maoísmo ultra ayacuchano pueda terminar integrando o apuntalando varios gobiernos peruanos, incluyendo algunos que puedan ser clasificados de derecha, pero esa posibilidad existe.

El senderismo hoy carece de armas y bases sociales. A diferencia de las guerrillas de Irlanda, el País Vasco, Mesoamérica o Colombia, quienes negociaron su legalización teniendo por un lado grupos armados y por otra parte fuertes movimientos electorales o aliados sociales, el senderismo, cuando tuvo presencia militar significativa, rechazó impulsar o apoyar cualquier fuerza electoral o frente con otras fuerzas similares. Entonces, cuando su jefatura fue apresada se quedó sin mayor margen de negociación y con mucho rechazo de posibles aliados en la izquierda o en los sindicatos.

De allí que el senderismo ha pasado de un extremo al otro. De haberse proclamado como el centro de una revolución mundial que incluso iba a derrocar a los gobiernos de China, Vietnam y Cuba (y hasta bombardeaba embajadas “socialistas”) ha terminado convirtiéndose en la única guerrilla “marxista” importante del planeta que se auto-desarma y pide la libertad de todos aquellos que les persiguieron tan ferozmente y que ellos llegaron a tildar de “genocidas”, y, encima, todo ello sin haber logrado liberar a sus principales dirigentes.

EL CASO BOLIVIANO

Poco antes que en el mismo 1992 fuese detenido el jefe del “Ejército Popular de Liberación” del Perú (Guzmán), al sur de la frontera con Puno fue capturado el líder del “Ejército Guerrillero Túpac Katari” de Bolivia. Si bien ambos movimientos tuvieron un similar origen rural radical éstos evolucionaron de manera diferente. Mientras Abimael Guzmán viene sacrificando sus bases ideológicas y militares a fin de mejorar sus condiciones carcelarias, Álvaro García Linera terminó libre y luego como el eterno vicepresidente de Evo Morales y el ideólogo del llamado nuevo capitalismo social andino-amazónico.

Otro espejo del sendero que puede recorrer Guzmán o sus seguidores es ver con lo que pasó con la primera “guerra popular” maoísta ortodoxa andina, la cual se dio una década antes de la que en 1980 se iniciase la del Partido Comunista del Perú (Sendero Luminoso). Al sur del Titicaca se lanzó en 1970 la insurgencia maoísta del Partido Comunista de Bolivia (Marxista-Leninista) basada en la Unión de Campesinos Pobres (UCAPO) de Santa Cruz, la cual integraba a antiguos combatientes del Ejército de Liberación Nacional que 3 años atrás había visto fusilar a su comandante Che Guevara.

Oscar “Motete” Zamora se autoproclamó como el “comandante Rolando” de la primera guerra popular originada en un territorio del antiguo Tawantisuyo, la misma que, al igual que el senderismo, no se dio irrumpiendo contra una dictadura gorila, sino contra un gobierno populista post-dictatorial.

Dicho levantamiento fue sofocado y Zamora acabó preso y deportado. Poco tiempo después creó su propio movimiento electoral y el mismo llegó a ser parlamentario en 1979, 1982, 1989 y 1997, llegando a ser presidente del senado en 1986 gracias a los votos de Paz Estenssoro, quien entonces impuso el shock monetarista más radical de la historia sudamericana. También gracias al apoyo de la derecha boliviana fue 3 veces electo alcalde de su natal Tarija.

Mientras Guzmán por ahora solo plantea amnistiar a Fujimori y a Montesinos, Zamora terminó aliado de quien fue el Pinochet boliviano: el general Hugo Bánzer quien en 1971-77 impuso una brutal dictadura que persiguió a las izquierdas y a los sindicatos y fue parte del Plan Cóndor junto con las demás juntas militares del Cono Sur. En 1989-93 Zamora integró el gobierno de unidad entre Bánzer y el MIR, siendo el ministro de trabajo, y en las elecciones de 1993 fue el vicepresidente de la plancha presidencial de Bánzer.

EL FUTURO DEL SENDERISMO

Cuando se liberaba a Fujimori, la fiscalía pedía 25 años de cárcel a los abogados de Guzmán y a la cúpula del Movadef, movimiento al que sucesivamente se le ha negado siempre todo derecho a ser legalizado.

Si bien Movadef puede seguir reivindicando a Stalin, Mao y Gonzalo su accionar se ha distanciado de los bombazos, atentados y ejecuciones del senderismo pre-1993. Incluso si se probase que el Movadef recibió dinero de la guerrilla de Artemio esto no le haría tan diferente a muchos otros partidos, incluyendo el Sinn Féin, quien es hoy el principal partido de Irlanda, y quien estuvo liderado por comandantes del IRA y financiado por muchos de sus fondos obtenidos militarmente.

El Movadef no participa como tal en las multitudinarias marchas contra el actual gobierno, el indulto a Fujimori o contra los presidentes corruptos, pues ellos piden la amnistía para todos los presos. Lejos de buscar aparecer como un campeón de dichas luchas sociales, Movadef tiene como eje usar presiones sociales para mejorar las condiciones carcelarias o liberara a presos senderistas.

Por el momento la gran mayoría de los partidos y los medios no están interesados en legalizar al Movadef o indultar a presos senderistas, tupacamaristas o etno-caceristas, por el simple hecho que éstos carecen de mayor base social o electoral.

En el 2011 el Movadef integró una lista legal llamando a votar por Walter Humala, un conocido músico. Pese a que él es primo de Ollanta Humala, quien entonces ganó las presidenciales, el candidato del senderismo solo obtuvo 6,383 votos a nivel nacional postulando para el Parlamento Andino. Esta es una exigua cantidad de votos que no llega ni a la mitad del 0.01% de los 16,7 millones de sufragios depositados entonces.

A fin de romper su aislamiento Guzmán podría tratar de revisar su actual política. Por un lado podría dejar de pedir la amnistía para Montesinos, Humala y Toledo a fin de ligarse al masivo movimiento popular anti-corrupción y fortalecer su propia inserción social, aunque ello implicaría tirar por la borda su actual consigna central (“Amnistía General”).

De otra parte, Guzmán podría querer negociar una rendición aún mayor y ofrecer sus servicios como un eventual apoyo al actual gobierno tan debilitado o a un eventual cogobierno entre éste y el fujimorismo. Si Zamora, el líder de la guerra popular alto-peruana, terminó como vice del ex dictador Bánzer, no podría extrañarnos que varios senderistas acaben en esa línea.

El propio Kuczynski ha llegado a plantear varias veces el derecho de presos muy mayores a acabar sus días en casa, aunque sea en prisiones domiciliarias. Moverse en esa dirección o en la de indultar a Guzmán le podría brindar la imagen de ser ese “abuelo bonachón” que su abogado Alberto Borea le ha querido pintar, el mismo que sabe perdonar a sus enemigos, puede dar paso a un clima contra quienes quieren poner bajo rejas a varios ex gobernantes por delitos de corrupción e incluso podría ayudarle a que Guzmán, tal como hoy lo hace Fujimori, llame a sus militantes a darle cierto apoyo.

El problema, sin embargo, está en que ello, por el momento, le puede generar más rechazos que réditos. A quienes quieren impulsar una agenda neo-liberal y un contubernio entre Kuczynski y Fujimori les es más útil seguir estigmatizando al “terrorismo”.

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