Escribe: Paula Lugones
Domingo, 18 de Marzo del 2018
Hay quienes dicen que Donald Trump varió, sustancialmente, la política exterior yanqui. En todo caso, desde la larga lista de varones a la cabeza de la Agencia de Inteligencia (CIA) para desestabilizar, torturar y matar fuera de sus fronteras, el gran cambio tiene rostro de mujer.(vt)

No se sabe donde nació, dónde estudió, dónde vive, si está casada, si tiene hijos o nietos. Top Secret. Como buena espía que ha pasado décadas encubierta, no resulta raro que no haya trascendido información personal sobre ella. Apenas que tiene 61 años.

Algunos colegas de Gina Haspel, elegida por el presidente estadounidense Donald Trump para ser jefa de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), señalan que es una persona de más de 30 años de experiencia en el mundo del espionaje y vaticinan que conducirá la agencia con integridad. Pero otros agentes recuerdan con alarma su apodo ganado en los tiempos de la oscura lucha contra el terrorismo: “Bloody Gina”. Gina, la sanguinaria.

En caso de ser ratificada en su cargo por el Senado, Haspel se convertirá en la primera mujer al frente de la CIA. Si bien es un dato para celebrar en una administración colmada de hombres y cuyo líder tiene denuncias públicas de acoso sexual, la nominada ya enfrenta fuertes embates porque dirigió una cárcel clandestina en Tailandia donde se torturaba a prisioneros acusados de terrorismo.

Trump anunció el martes en un tuit que eligió a Haspel para el puesto de Mike Pompeo, quien reemplazará a Rex Tillerson como secretario de Estado. Haspel se integró a la CIA en 1985 y fue subdirectora de la agencia desde febrero de 2017. Entre 2003 y 2005 supervisó una prisión secreta de la CIA en Tailandia, donde se les practicó “el submarino”, golpes y privación de sueño a los sospechosos de terrorismo Abu Zubayadah y Abd al Rahim al-Nashiri, dijeron funcionarios y ex funcionarios de inteligencia de EE.UU. en un informe del Senado.

El submarino es una técnica de interrogatorio en la que se simula el ahogamiento del interrogado y se considera un modo de tortura. Según The New York Times y otros medios, Haspel también ayudó a ejecutar la orden de que se destruyeran los videos de dichas prácticas, lo que propició una prolongada investigación del Departamento de Justicia que concluyó sin cargos.

Haspel fue jefa de diversos puestos de avanzada en el exterior. En Washington ha sido subdirectora del Servicio Nacional Clandestino y del Servicio Nacional Clandestino para Inteligencia Extranjera y Acciones Encubiertas.

Cuando se la designó subdirectora de la CIA, varios funcionarios veteranos y el ex director James Clapper la elogiaron, pero la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU, por sus siglas en inglés) y otros defensores de los derechos criticaron la elección de una persona que participó del programa de interrogatorios con la técnica del submarino.

Los agentes de la CIA podían usar métodos de tortura de forma legal en aquellos años, pero el ex presidente Barack Obama puso fin al programa en 2009, al poco tiempo de llegar a la Casa Blanca. Durante la campaña electoral, Trump dijo que creía que la tortura como método de interrogatorio “funcionaba”. Si bien alguna vez dijo que desea reanudar el submarino y cosas “mucho peores”, el presidente podría afrontar obstáculos legales y legislativos si lo intenta.

Consultado por Clarín, José Miguel Vivanco, director para las Américas de Human Rigths Watch, lanzó una voz de alerta. “Haspel fue partícipe directa del programa de la CIA donde se detuvo y torturó a los detenidos, incluyendo casos donde eran llevados a otros países con menor protección de derechos para poder hacerlo. También estuvo implicada en la orden de destruir los videos donde agentes de la CIA torturaban detenidos. El gobierno de EE.UU. debe investigar a Haspel por los abusos cometidos, en vez de considerarla para este puesto. ¿Cómo podemos confiar en que no reiniciará los programas de tortura de detenidos?”, señaló.

Detrás de esa mujer de tez blanquísima, labios finos, ojos azules y trajecito celeste (así se la ve en la foto oficial de la agencia y prácticamente no existen otras imágenes públicas de ella) hay un océano turbulento. John Kiriakou, un ex agente de la CIA experto en contraterrorismo que renunció a la agencia porque se opuso a la política de torturas, escribió esta semana un artículo en The Washington Post: “Muchos agentes que la conocemos y trabajamos con ella en la CIA la llamamos ‘Gina, la sanguinaria’”. Y contó que a uno de los detenidos en la prisión secreta de Tailandia que ella dirigía lo sometieron al submarino 83 veces, le impedían dormir, lo encerraban en una jaula para perros y lo metían en un ataúd lleno de bichos porque sabían de su fobia a los insectos.

Para Kiriakou, “colocar a Haspel a dirigir la CIA borrará todos los intentos de la agencia -y la nación- de repudiar la tortura. El mensaje que se da a los agentes es: involúcrense en crímenes de guerra, en crímenes contra la humanidad y serás ascendido”.

Nina Tannenwald, directora del programa de Relaciones Internacionales de la Brown University, coincide. Dijo a Clarín que “ascender a alguien que estuvo involucrado en torturas para dirigir la CIA envía una señal problemática sobre el compromiso de los Estados Unidos con sus propios valores y leyes. Irónicamente, mientras que Estados Unidos apoya la rendición de cuentas ante casos de violaciones de los derechos humanos en otros países, ningún alto funcionario estadounidense ha sido hallado responsable por haber aplicado tortura bajo la administración Bush. Al contrario, parecería que son ascendidos. La audiencia de confirmación será una oportunidad para que los senadores aclaren el rol de Haspel en los interrogatorios y la presionen para que confirme si la administración de Trump reinstaurará la tortura”.

Gordon Adams, profesor de Política Exterior estadounidense de la American University, señaló a Clarín que no cree que la nominación de Haspel haya sido muy analizada por el presidente. Para Trump fue “una opción mucho más fácil que hacer una búsqueda de un candidato. Ella estaba disponible como la número dos de la CIA. No creo que Trump tuviera un perfil determinado en mente”.

No se sabe donde nació, dónde estudió, dónde vive, si está casada, si tiene hijos o nietos. Top Secret. Como buena espía que ha pasado décadas encubierta, no resulta raro que no haya trascendido información personal sobre ella. Apenas que tiene 61 años. Algunos colegas de Gina Haspel, elegida por el presidente estadounidense Donald Trump para ser jefa de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), señalan que es una persona de más de 30 años de experiencia en el mundo del espionaje y vaticinan que conducirá la agencia con integridad. Pero otros agentes recuerdan con alarma su apodo ganado en los tiempos de la oscura lucha contra el terrorismo: “Bloody Gina”. Gina, la sanguinaria.

En caso de ser ratificada en su cargo por el Senado, Haspel se convertirá en la primera mujer al frente de la CIA. Si bien es un dato para celebrar en una administración colmada de hombres y cuyo líder tiene denuncias públicas de acoso sexual, la nominada ya enfrenta fuertes embates porque dirigió una cárcel clandestina en Tailandia donde se torturaba a prisioneros acusados de terrorismo.

Trump anunció el martes en un tuit que eligió a Haspel para el puesto de Mike Pompeo, quien reemplazará a Rex Tillerson como secretario de Estado. Haspel se integró a la CIA en 1985 y fue subdirectora de la agencia desde febrero de 2017. Entre 2003 y 2005 supervisó una prisión secreta de la CIA en Tailandia, donde se les practicó “el submarino”, golpes y privación de sueño a los sospechosos de terrorismo Abu Zubayadah y Abd al Rahim al-Nashiri, dijeron funcionarios y ex funcionarios de inteligencia de EE.UU. en un informe del Senado.

El submarino es una técnica de interrogatorio en la que se simula el ahogamiento del interrogado y se considera un modo de tortura. Según The New York Times y otros medios, Haspel también ayudó a ejecutar la orden de que se destruyeran los videos de dichas prácticas, lo que propició una prolongada investigación del Departamento de Justicia que concluyó sin cargos.

Haspel fue jefa de diversos puestos de avanzada en el exterior. En Washington ha sido subdirectora del Servicio Nacional Clandestino y del Servicio Nacional Clandestino para Inteligencia Extranjera y Acciones Encubiertas.

Cuando se la designó subdirectora de la CIA, varios funcionarios veteranos y el ex director James Clapper la elogiaron, pero la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU, por sus siglas en inglés) y otros defensores de los derechos criticaron la elección de una persona que participó del programa de interrogatorios con la técnica del submarino.

Los agentes de la CIA podían usar métodos de tortura de forma legal en aquellos años, pero el ex presidente Barack Obama puso fin al programa en 2009, al poco tiempo de llegar a la Casa Blanca. Durante la campaña electoral, Trump dijo que creía que la tortura como método de interrogatorio “funcionaba”. Si bien alguna vez dijo que desea reanudar el submarino y cosas “mucho peores”, el presidente podría afrontar obstáculos legales y legislativos si lo intenta.

Consultado por Clarín, José Miguel Vivanco, director para las Américas de Human Rigths Watch, lanzó una voz de alerta. “Haspel fue partícipe directa del programa de la CIA donde se detuvo y torturó a los detenidos, incluyendo casos donde eran llevados a otros países con menor protección de derechos para poder hacerlo. También estuvo implicada en la orden de destruir los videos donde agentes de la CIA torturaban detenidos. El gobierno de EE.UU. debe investigar a Haspel por los abusos cometidos, en vez de considerarla para este puesto. ¿Cómo podemos confiar en que no reiniciará los programas de tortura de detenidos?”, señaló.

Detrás de esa mujer de tez blanquísima, labios finos, ojos azules y trajecito celeste (así se la ve en la foto oficial de la agencia y prácticamente no existen otras imágenes públicas de ella) hay un océano turbulento. John Kiriakou, un ex agente de la CIA experto en contraterrorismo que renunció a la agencia porque se opuso a la política de torturas, escribió esta semana un artículo en The Washington Post: “Muchos agentes que la conocemos y trabajamos con ella en la CIA la llamamos ‘Gina, la sanguinaria’”. Y contó que a uno de los detenidos en la prisión secreta de Tailandia que ella dirigía lo sometieron al submarino 83 veces, le impedían dormir, lo encerraban en una jaula para perros y lo metían en un ataúd lleno de bichos porque sabían de su fobia a los insectos.

Para Kiriakou, “colocar a Haspel a dirigir la CIA borrará todos los intentos de la agencia -y la nación- de repudiar la tortura. El mensaje que se da a los agentes es: involúcrense en crímenes de guerra, en crímenes contra la humanidad y serás ascendido”.

Nina Tannenwald, directora del programa de Relaciones Internacionales de la Brown University, coincide. Dijo a Clarín que “ascender a alguien que estuvo involucrado en torturas para dirigir la CIA envía una señal problemática sobre el compromiso de los Estados Unidos con sus propios valores y leyes. Irónicamente, mientras que Estados Unidos apoya la rendición de cuentas ante casos de violaciones de los derechos humanos en otros países, ningún alto funcionario estadounidense ha sido hallado responsable por haber aplicado tortura bajo la administración Bush. Al contrario, parecería que son ascendidos. La audiencia de confirmación será una oportunidad para que los senadores aclaren el rol de Haspel en los interrogatorios y la presionen para que confirme si la administración de Trump reinstaurará la tortura”.

Gordon Adams, profesor de Política Exterior estadounidense de la American University, señaló a Clarín que no cree que la nominación de Haspel haya sido muy analizada por el presidente. Para Trump fue “una opción mucho más fácil que hacer una búsqueda de un candidato. Ella estaba disponible como la número dos de la CIA. No creo que Trump tuviera un perfil determinado en mente”.

Adams duda de que el Congreso, de mayoría republicana, frene la nominación. “Salvo que el senador Jonh McCain arme un escándalo, el liderazgo republicano en el parlamento no enfrenta a Trump, le habilitan todo”. El legislador republicano, él mismo un torturado durante la guerra de Vietnam, exigió a la nominada que explique en qué medida estuvo implicada en el programa de interrogatorios. Según el senador, Haspel debe garantizar al pueblo estadounidense que como directora de la CIA respetará la ley sin fisuras.No se sabe donde nació, dónde estudió, dónde vive, si está casada, si tiene hijos o nietos. Top Secret. Como buena espía que ha pasado décadas encubierta, no resulta raro que no haya trascendido información personal sobre ella. Apenas que tiene 61 años. Algunos colegas de Gina Haspel, elegida por el presidente estadounidense Donald Trump para ser jefa de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), señalan que es una persona de más de 30 años de experiencia en el mundo del espionaje y vaticinan que conducirá la agencia con integridad. Pero otros agentes recuerdan con alarma su apodo ganado en los tiempos de la oscura lucha contra el terrorismo: “Bloody Gina”. Gina, la sanguinaria.

En caso de ser ratificada en su cargo por el Senado, Haspel se convertirá en la primera mujer al frente de la CIA. Si bien es un dato para celebrar en una administración colmada de hombres y cuyo líder tiene denuncias públicas de acoso sexual, la nominada ya enfrenta fuertes embates porque dirigió una cárcel clandestina en Tailandia donde se torturaba a prisioneros acusados de terrorismo.

Trump anunció el martes en un tuit que eligió a Haspel para el puesto de Mike Pompeo, quien reemplazará a Rex Tillerson como secretario de Estado. Haspel se integró a la CIA en 1985 y fue subdirectora de la agencia desde febrero de 2017. Entre 2003 y 2005 supervisó una prisión secreta de la CIA en Tailandia, donde se les practicó “el submarino”, golpes y privación de sueño a los sospechosos de terrorismo Abu Zubayadah y Abd al Rahim al-Nashiri, dijeron funcionarios y ex funcionarios de inteligencia de EE.UU. en un informe del Senado.

El submarino es una técnica de interrogatorio en la que se simula el ahogamiento del interrogado y se considera un modo de tortura. Según The New York Times y otros medios, Haspel también ayudó a ejecutar la orden de que se destruyeran los videos de dichas prácticas, lo que propició una prolongada investigación del Departamento de Justicia que concluyó sin cargos.

Haspel fue jefa de diversos puestos de avanzada en el exterior. En Washington ha sido subdirectora del Servicio Nacional Clandestino y del Servicio Nacional Clandestino para Inteligencia Extranjera y Acciones Encubiertas.

Cuando se la designó subdirectora de la CIA, varios funcionarios veteranos y el ex director James Clapper la elogiaron, pero la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU, por sus siglas en inglés) y otros defensores de los derechos criticaron la elección de una persona que participó del programa de interrogatorios con la técnica del submarino.

Los agentes de la CIA podían usar métodos de tortura de forma legal en aquellos años, pero el ex presidente Barack Obama puso fin al programa en 2009, al poco tiempo de llegar a la Casa Blanca. Durante la campaña electoral, Trump dijo que creía que la tortura como método de interrogatorio “funcionaba”. Si bien alguna vez dijo que desea reanudar el submarino y cosas “mucho peores”, el presidente podría afrontar obstáculos legales y legislativos si lo intenta.

Consultado por Clarín, José Miguel Vivanco, director para las Américas de Human Rigths Watch, lanzó una voz de alerta. “Haspel fue partícipe directa del programa de la CIA donde se detuvo y torturó a los detenidos, incluyendo casos donde eran llevados a otros países con menor protección de derechos para poder hacerlo. También estuvo implicada en la orden de destruir los videos donde agentes de la CIA torturaban detenidos. El gobierno de EE.UU. debe investigar a Haspel por los abusos cometidos, en vez de considerarla para este puesto. ¿Cómo podemos confiar en que no reiniciará los programas de tortura de detenidos?”, señaló.

Detrás de esa mujer de tez blanquísima, labios finos, ojos azules y trajecito celeste (así se la ve en la foto oficial de la agencia y prácticamente no existen otras imágenes públicas de ella) hay un océano turbulento. John Kiriakou, un ex agente de la CIA experto en contraterrorismo que renunció a la agencia porque se opuso a la política de torturas, escribió esta semana un artículo en The Washington Post: “Muchos agentes que la conocemos y trabajamos con ella en la CIA la llamamos ‘Gina, la sanguinaria’”. Y contó que a uno de los detenidos en la prisión secreta de Tailandia que ella dirigía lo sometieron al submarino 83 veces, le impedían dormir, lo encerraban en una jaula para perros y lo metían en un ataúd lleno de bichos porque sabían de su fobia a los insectos.

Para Kiriakou, “colocar a Haspel a dirigir la CIA borrará todos los intentos de la agencia -y la nación- de repudiar la tortura. El mensaje que se da a los agentes es: involúcrense en crímenes de guerra, en crímenes contra la humanidad y serás ascendido”.

Nina Tannenwald, directora del programa de Relaciones Internacionales de la Brown University, coincide. Dijo a Clarín que “ascender a alguien que estuvo involucrado en torturas para dirigir la CIA envía una señal problemática sobre el compromiso de los Estados Unidos con sus propios valores y leyes. Irónicamente, mientras que Estados Unidos apoya la rendición de cuentas ante casos de violaciones de los derechos humanos en otros países, ningún alto funcionario estadounidense ha sido hallado responsable por haber aplicado tortura bajo la administración Bush. Al contrario, parecería que son ascendidos. La audiencia de confirmación será una oportunidad para que los senadores aclaren el rol de Haspel en los interrogatorios y la presionen para que confirme si la administración de Trump reinstaurará la tortura”.

Gordon Adams, profesor de Política Exterior estadounidense de la American University, señaló a Clarín que no cree que la nominación de Haspel haya sido muy analizada por el presidente. Para Trump fue “una opción mucho más fácil que hacer una búsqueda de un candidato. Ella estaba disponible como la número dos de la CIA. No creo que Trump tuviera un perfil determinado en mente”.

Adams duda de que el Congreso, de mayoría republicana, frene la nominación. “Salvo que el senador Jonh McCain arme un escándalo, el liderazgo republicano en el parlamento no enfrenta a Trump, le habilitan todo”. El legislador republicano, él mismo un torturado durante la guerra de Vietnam, exigió a la nominada que explique en qué medida estuvo implicada en el programa de interrogatorios. Según el senador, Haspel debe garantizar al pueblo estadounidense que como directora de la CIA respetará la ley sin fisuras.

Adams duda de que el Congreso, de mayoría republicana, frene la nominación. “Salvo que el senador Jonh McCain arme un escándalo, el liderazgo republicano en el parlamento no enfrenta a Trump, le habilitan todo”. El legislador republicano, él mismo un torturado durante la guerra de Vietnam, exigió a la nominada que explique en qué medida estuvo implicada en el programa de interrogatorios. Según el senador, Haspel debe garantizar al pueblo estadounidense que como directora de la CIA respetará la ley sin fisuras.

Extraído de Clarín. 17/03/18

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