Escribe: Sandro Westphalen
Viernes, 29 de Diciembre del 2017
Las marchas contra el indulto a Alberto Fujimori se han convertido, de manera natural, en un desafío al sistema político, su actual gobernante, sus partidos corruptos y su Constitución vencida.

I
Una densa y larga marcha, que rebasó los límites impuestos por la censura policial, recorrió y remeció el país este 28D. Por un lado, zigzageó en nuestra capital de hoy, Lima; y por otro, con el mayor simbolismo, circuló por las venas capilares de la capital de nuestro antiguo Perú, el Cuzco.

Presidida por la exigencia de la No impunidad y de Rechazo al indulto, la marcha se distribuyó en brazos hirvientes y multitudinarios en Arequipa, Trujillo, Huancayo y todo el país. Pero se extendió también en sus consignas, en sus expectativas y esperanzas, para dejar en claro que el momento para reconstruir el país, sobre bases distintas, ha llegado.

Un joven intelectual, que marchaba en el contingente de la Universidad de San Marcos, nos dijo mientras bajábamos hacia el túnel de Arequipa-28 de julio:
― Aquí se decide el futuro del Perú por los próximos 20 años. Y se definen también sus liderazgos.

II
Un hecho político en apariencia circunscrito a ‘lo humanitario’, ‘lo médico'; un gesto de apariencia ‘magnánima’, del ‘don de perdonar’, etc., etc., no fue sino el ladrillo, inadvertidamente extraído, que viene precipitando la descarga de reclamos e indignación hacia el sistema político y sus fautores. Y que amenaza con traérselos abajo.

Kuczynski pisoteó la honra de los deudos de crímenes horrendos por el régimen de Fujimori y profanó la memoria de muertos y desaparecidos, dejándolo libre. La pradera empezó a arder.

El despertar general que vivimos, luego de muchas batallas, está permitiendo detectar, de un solo golpe, sobre todo en los jóvenes, las intenciones reales, más allá de los gestos de la política. O, mejor, los gestos de la vieja política a la que cabe escribirle desde ahora su c’est fini, se acabó, o su sepulcral RIP.

La vieja política y sus politólogos, sus bufetes de asesores, de consultores externos, las lumbreras de los gabinetes de crisis que entran delgados y salen con las barrigas crecidas, suelen aconsejar a todos los presidentes, que la política no es sino «una suma de gestos». Que hay que proveer al vulgo de contentamientos, que hay que abrir la billetera y listo.

Un indulto para taparse crímenes y robos, para encanallar aun más la vida nacional. No, pasamos. Pero no es sólo un fruto nuevo, digno, más despierto, más atento y ágil el que se expresa en la calle. Es también la magnitud que este despertar encarna. Porque no ha sido una marcha masiva más.

III
A las 5.30, la Plaza San Martín ya no podía albergar a la multitud, aun cuando esta no terminaba de llegar y concentrarse. No era fácil desplazarse en esa densidad humana y entre la variedad de colectivos y organizaciones. Tan distintos en su forma de indignarse, pero tan unidos en un solo torrente y luego dos.

Una parte había venido desde la Plaza 2 de Mayo. La consigna que más se agitaba era:
― ¡En Costa, Sierra y Selva, el indulto es una m...!

Quienes marchaban con una pancarta pintada rústicamente y con actores provistos de antifaces grotescos, agitaban:
― ¡Su 'reconciliación' me sabe a corrupción!, ¡Un pueblo consciente, no indulta delincuentes!
La pancarta tenía pintado este lema: ¡RECONCILIACIÓN CON JUSTICIA!

El contingente que sigue a Ágora (de los polemistas de la Plaza San Martín), agitaba:
―¡Insurgencia popular!, ¡Desobediencia civil!

Tardó un poco a que la marcha general empezara. El colectivo que denuncia las esterilizaciones forzadas, capturaba la atención de los transeúntes, cuando la marcha empezó a discurrir por Nicolás de Piérola. Se oía su clásico grito de protesta:
―¡Somos las hijas de las nativas, que no pudiste esterilizar!

Había dentro de la marcha o en las aceras, algunas personalidades como el cantante Daniel F, o el ex guerrillero Hector Béjar. Quienes los reconocían se acercaban a saludarlos y a tomarse selfies.

No faltaron las batucadas, redoblaron los tambores de guerra.

IV
Una parte de la marcha enrumbó por la avenida Arequipa a hacerle una visita inopinada el veterano lobista. La otra marchó hacia el Palacio de Justicia, la madriguera de jueces y fiscales de rostros verdes, que condenan por décadas a gente inocente o a un ladrón insignificante. Pero que exculpa a asesinos comprobados, a violadores impunes y a gente de apellidos sonoros que nos han robado millones.

Ha sido tan grande la marcha que quienes intentábamos encontrarnos, mutuo acuerdo, debíamos desistir de la empresa. Alguien que esperaba en algún cine de la Plaza San Martín, podía pensar que la gente no se había movido de ahí, a pesar de que la marcha estaba llegando a la Av. Grau, a través de la Av. Abancay. Cientos de escuelas de pensamiento y de acción política marcharon. Las fuerzas retrógradas, desde luego, juegan a la dispersión. A la división. Ironizan y coquetean con quienes aún ahora se marketean como izquierda ‘ultra’, en la medida que disparan a diestra y siniestra, sin distingo alguno, como una escopeta vieja.

Ha habido una concurrencia general. Estuvieron todos o casi todos. El establishment quiere atribuir las protestas solo a los jóvenes, para desacreditarlos como si se tratase de una pataleta de gente inmadura y emocional. Cruzando la pista en auto o desde la acera alguien repetía este leimotiv:
―Uds, «pulpines» no saben nada de cómo ha sido. De cómo estaba el país en esos tiempos. Vayan a su clases c...

Hemos observado acciones deliberadas de provocación, de elementos que intentaban ponerle un cabe a alguien que marchaba, esperando una respuesta violenta, para la fotografía. La juventud configura, sin duda, el elemento primordial y como siempre, el más combativo. Destaca su ubicuidad, su estar por todos lados, pero también la espontaneidad de sus consignas, y el nivel de intensidad de sus respuestas, que poco a poco empiezan a ser más contundentes.

V
Esa sonoridad posible, esa amplificación deseable tiene ya un referente: el túnel de la Arequipa-28 de julio, rumbo a Miraflores. Sin duda hace notar a quien marche, su propia potencia, su fuerza para estremecer la urbe y empujar los procesos hacia adelante.

―Una marcha quieta, así, no resuelve nada―, nos confiaba un joven, que de pronto extrajo de su mochila un spray y escribió sobre los muros subterráneos: «PPK, viejo HDP».

―Nos falta experiencia―, nos dice otro joven universitario― en cómo organizarnos, cómo luchar, porque toda esa experiencia de lucha en el Perú se ha perdido. Ahora, casi hay que empezar todo de nuevo.

La experiencia la van adquiriendo. Pero ella está presente también en las organizaciones antiguas, que a ellos no les atrae ni simpatiza. Patria Roja, por ejemplo (de malhadada actuación en la huelga magisterial), hizo gala de un contingente no solo nutrido sino organizado, con propia propaganda, consignas y emblemas.

La CGTP marchó con banderas blancas (sic), pero eso sí, con la imagen de Mariátegui.

Nuevo Perú, que estos últimos meses ha mostrado el crecimiento de su militancia, no tanto de jóvenes, expresa todavía una debilidad de temperamento y de fuerza en sus agitaciones.

VI
El objetivo inmediato de estas masivas marchas es sin duda, derribar el indulto. Tumbárselo. Es el objetivo común plenamente razonable y factible. Pero asimismo ya es masiva la posición de que Kuckzynski debe dejar el cargo. La vacancia se ha vuelto a activar. Y junto a ese vox populi, esta instalándose con más fuerza, la exigencia de nuevas elecciones y la necesidad de una Nueva Constitución.

Esta elevación política de la lucha, totalmente justa, es lo que preocupa ahora al sistema. (por ahora no hablaremos de los que, deshonrados y aconchabados, reclaman también por su indulto).

No veamos la respuesta represiva con gases, perdigones y motorizados en las avenidas Arequipa, Arenales, Petit Thouars, como un hecho más. No ha sido casual que la prensa concentrada titule, en unos de sus tentáculos, a la mañana siguiente: «Estudiante atacó a policía». Fueron los motorizados quienes atacaron por sorpresa a una marcha pacífica. Se observaba fiereza y odio en sus miradas.

Kuczynski debe caer y caerá. Pero va a defenderse porque se juega también la cárcel y están de por medio cuestiones geopolíticas. No existen ahora ni las Rosamarías ni los Boreas que lo amparen y defiendan a morir.

Tiene, no obstante, a dos asesores de peso. Por un lado la Embajada Norteamericana (su asesor y mando) y por otro a Alberto Fujimori y su tenebroso aparato de desinformación, enlodamiento y represión. Su gabinete común de «Reconciliación Nacional», en gestación, ya asomó su bota represiva con el Ministro del Interior fujimorista, operador en tiempos de la dictadura.

Pero nada podrá impedir el cambio que las masas reclaman con tanta fuerza. Porque ya llevan la semilla de ese cambio dentro de sí: en su consciencia, en su voluntad, en sus sentimientos.

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